(Sólo para espíritus aguerridos) 2/2

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Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos
Jorge Luis Borges

« …viene del artículo anterior

Los Estados, y sus Administraciones, no se van a autoimponer una norma que les obligue a apoyar cualquier iniciativa deportiva que surja por pequeña que ella sea. Estos burócratas son expertos en explotar el símil de la pescadilla que se muerde la cola. Mientras la iniciativa sea “minoritaria entre los deportes minoritarios” no tendrá derechos. Pero como para dejar de ser minoritarios se requiere acceso a las instalaciones municipales y dotación federativa en los presupuestos regionales, verán una y otra vez denegadas sus solicitudes de ser atendidos.

Quien haya llegado hasta este párrafo sabrá perfectamente a qué deportes nos estamos refiriendo. Los futboleros, a buen seguro, no habrán superado el quinto párrafo de este artículo. Se dice que en España todo lo que no sea fútbol es un deporte minoritario. Es cierto a medias; después vienen los deportes minoritarios entre los minoritarios y los deportes desheredados.

Eso sí, existen disciplinas entre los deportes minoritarios que concitan cierto interés para las clases dirigentes. Curiosamente aquellas a las que las clases obreras no tienen un acceso directo.

“Las prácticas deportivas de la burguesía han sufrido después de la autarquía una depreciación social correlativa a su progresiva divulgación a otros grupos sociales.”
Deporte y Municipio,
de Ortega, Camps y Lagardera
Publicaciones de Juventud y Sociedad, S.A. (1985)

Hablamos de golf, vela, hípica, aeronáutica, motonáutica… El tenis y la natación están inmersos en ese proceso que retrata el párrafo citado. Y no es que el hijo de un obrero no pueda ser un gran jinete o un excelente piloto de motonáutica. Pero verá limitado económicamente su acceso a estos deportes, y si lo logra será un caso aislado; un bicho raro fuera de su hábitat social natural.

¡Qué diferencia de nivel cultural y poder adquisitivo entre un yóquey y un jinete de doma olímpica! Para lo segundo hay que tener apellidos que incluyan preposiciones y conjunciones. Mientras el yóquey está asalariado, el jinete o la amazona olímpicos son propietarios.

Ahora nuestro Estado fomenta grandes competiciones de vela: en Vigo y en Valencia. La vela, como deporte minoritario que es, ¿debe ser protegido por el Estado? ¿Ese manto patrocinador estatal y ese esfuerzo económico será el mismo para otros deportes minoritarios, modalidades desheredadas y pruebas populares?

El movimiento deportivo, en su conjunto y desde una perspectiva general, debe ser AMECENADO por las Instituciones Públicas, sí, pero no dirigido.

Ahí tenemos la actual carrera de los Gobiernos por estar representados en los medalleros internacionales; y nos lo venden como si eso fuera importante para el movimiento deportivo, cuando los medalleros no son más que una consecuencia de la existencia del propio movimiento deportivo. La carrera de los Gobiernos está llevando, como ya hemos reflejado aquí en más de una ocasión, a la compra de deportistas allende las fronteras del país. Un esperpento al más puro estilo valleinclanesco.

Hemos dejado muestra en varias ocasiones de nuestra disconformidad con el autorreconocimiento internacional que se arroga el COI. Pero tal vez perseverando en esa línea, el organismo internacional adquiera fuerza moral como para señalar a los Gobiernos las políticas deportivas a seguir.

El riesgo es que en el camino, tras coquetear con los Estados y probar las mieles del poder, el propio COI sucumba a los encantos terrenales y se olvide de su lema más cacareado: ser estandartes del movimiento deportivo internacional.

Mientras tanto los de la FIRS (amenazados por un futuro incierto en caso de no ser dóciles) han hecho lo que se esperaba de ellos: reconocer la autoridad deportiva de los Estados.

Pero la cuestión sigue aguardando respuestas: ¿por qué en Deporte hay que conjuntar equipos nacionales, basados en la distribución política del mundo, como única fórmula válida? ¿Por qué no se acepta, por ejemplo, que tras un Campeonato de España autonómico el equipo vencedor represente al conjunto de la nación, si es que hay necesidad de representación? ¿Por qué algo tan dinámico y evolutivo como el deporte tiene que seguir anclado a parámetros decimonónicos? ¿Nos estaremos perdiendo otra realidad tal vez más interesante que la que conocemos?

Dejamos unos enlaces sobre la noticia que ha originado este artículo:
• El Mundo:
La FIRS rechaza por segunda vez una selección catalana de patinaje
• El Mundo - Deportes:
La FIRS rechaza otra vez la admisión de la Federación Catalana
• Telecinco - Informativos:
La Federación Internacional de Patinaje decide no aceptar a Cataluña como selección

29 de noviembre de 2005

Actualización a las 03:10 h. del 1.12.2005

Un problema con un plugin ha imposibilitado el envío de comentarios hasta ahora. Creemos que ya está solucionado. Lo lamentamos.

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 (Sólo para espíritus aguerridos) 1/2

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Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos
Jorge Luis Borges

La reciente decisión de la International Roller Sports Federation (FIRS) de no admitir a la Federación Catalana de Patinaje (FCP) como miembro de pleno derecho, ha hecho un flaco favor al movimiento deportivo.

No busquen en ningún medio especializado (prensa, radio, televisión, sitios web o ciberbitácoras), valoraciones sobre este hecho. Todos callan para no salirse del guión y verse fuera del sistema. Salvo en los medios políticos, donde evidentemente se darán valoraciones políticas, nadie opina. Los periodistas deportivos, tan dados a exponer su opinión personal sobre la última alineación o el juego carente de imaginación del equipo de turno, guardan silencio ante algo que, quizá algunos, no entiendan muy bien de qué va.

Con la decisión de la FIRS se ha perdido una oportunidad para comenzar a disociar entre deporte y Estado. No existe una fecha meridiana a partir de la cual establecer el momento en el que los Estados absorben el movimiento deportivo haciéndolo propio. El Deporte (con mayúscula inicial) buscó desde sus comienzos el respaldo institucional para crecer al abrigo de presupuestos, himnos y reconocimientos patrios. La consecuencia es, y ha sido, la politización del deporte.

Tal vez la FCP no deba ser miembro de pleno derecho de la FIRS porque se encuadra dentro de un organismo de ámbito geográfico más amplio que ya está integrado en la federación internacional de la modalidad (aunque este argumento abre otro debate interesante).

Y tal vez España, con su singularidad plurinacional, o como quiera que se tenga que decir, hubiera podido abanderar internacionalmente la separación entre Estado y movimiento deportivo. En el Congreso de los Diputados se abordó la cuestión del reconocimiento internacional (pdf) de las federaciones autonómicas. Pero triunfaron razones y argumentos políticos, que no jurídicos.

Últimamente tenemos a nuestro Secretario de Estado para el Deporte, señor Lissavetzky Díez, muy ocupado en enfatizar el buen papel que la selección española de fútbol hará en el mundial. Sinceramente, no creemos que sea misión del Estado velar por el deporte espectáculo, por el deporte profesional. El Estado ya ha absorbido las competencias sobre el deporte de elite o de alto nivel, como ellos lo llaman, sin ceder a sus verdaderos protagonistas, las federaciones deportivas, la decisión sobre los planes deportivos a seguir. Les otorgan una subvención, sí, pero no son libres para decidir cómo, cuándo y dónde gastarla.

Los pioneros de la práctica deportiva estuvieron en contra de la profesionalización del deporte. Casi un siglo después va a resultar que tenían razón. Los males que arrastra el deporte profesional y el de elite o de alta competición son consecuencia de los intereses económicos que les envuelven. El sector deportivo mueve un porcentaje cada vez más importante de la Economía, y ya no hay vuelta atrás. El deporte profesional está aquí para quedarse. Incluso el COI y sus Juegos Olímpicos, Samaranch mediante, han sucumbido a sus encantos para no ver morir el sueño olímpico.

El debate ya es viejo. Si los Estados dirigen el movimiento deportivo, es de prever que todas las Administraciones dependientes jerárquicamente de ellos vayan asumiendo esas labores directivas.

Cierto que sin las Administraciones la evolución del deporte sería más lenta. Pero con el poder que poco a poco van adquiriendo, y que resoluciones como la de la FIRS respaldan, acabarán siendo los Estados-Administraciones y no los Pueblos quienes decidan qué deportes desarrollar y cuáles deben ser relegados al olvido.

De hecho esto ya es así. No existe modalidad deportiva si no existe la federación deportiva de la modalidad. Y quien reconoce esa federación deportiva es el Estado, para lo cual hay que acatar el sistema. Y esta sumisión, y la consiguiente pérdida de identidad, sólo para hacerse merecedor a una subvención del Consejo Superior de Deportes y obtener la autorización para representar a tu país.

Son las Administraciones quienes te permiten crear una federación, y te dan unos estatutos para que los cumplas. Pero no se conforman con ser los garantes de unos principios democráticos que deben regir toda asociación privada en un Estado de Derecho. La influencia de la Administración es tal que no es posible salirse del guión marcado sin entrar en la ilegalidad. Por no hablar de la caída en el juego de las exigencias deportivas, porque como no consigas la medalla que te han puesto como objetivo vas a ver recortada la subvención de la que voluntaria e inadvertidamente has empezado a depender.

Así las cosas, nos preguntamos para qué queremos dirigentes federativos. Sería más honesto, y quizá sea un futuro más próximo de lo que a muchos les gustaría, que el propio Estado interviniera las federaciones deportivas, colocando al frente a un funcionario habilitado convenientemente para el cargo, con su título universitario y sus oposiciones superadas.

Los Estados podrán, de hecho pueden, ahogar iniciativas deportivas en sus orígenes, siguiendo criterios tan políticos como la capacidad de manipulación que puedan tener sobre la iniciativa deportiva en cuestión.

Y no mencionemos si quien representa la iniciativa deportiva es díscolo, o se prevé que el colectivo sea problemático. En ese caso serán apartados y solamente les quedará la esperanza de subsistir hasta la siguiente generación, aguardando a ver si ingresa en sus filas algún futuro concejal, o futuro director general, o el hijo de algún gerifalte.

Un ayuntamiento minúsculo, de menos de 15.000 habitantes, por poner una cifra, a través de su incompetente concejal de deportes (o concejala de deportes, que el lenguaje no sexista también hay que aplicarlo en lo negativo) también tiene el poder de ahogar una actividad deportiva en su municipio, por muy educativa y formativa que ésta pueda ser. Simplemente negándole el acceso a sus instalaciones deportivas en base a criterios trasnochados e irreales. Lo mismo puede hacer el CSD, que para eso dispone de instalaciones de alto rendimiento y tecnificación deportiva. Eso sí, instalaciones municipales o regionales construidas con el dinero de los impuestos de todos; impuestos que pagamos cada vez que tomamos un café o repostamos combustible.

continúa en el próximo artículo… »

28 de noviembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Retazos, a vuela pluma

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Hoy vamos a dedicar unas pocas líneas a comentar 3 noticias que hemos visto por ahí. Las hemos escogido por ser curiosas en sí mismas y por haberse producido en un contexto deportivo.

La primera la encontramos en la magnífica bitácora Minuto 91.

Un árbitro bosnio agrede duramente a un jugador con una patada

El árbitro bosnio, Dusko Pekija, podría ser sancionado por un año al propinar una patada a un jugador, que le supuso la inconsciencia durante varios minutos, en un partido de máxima rivalidad en Sarajevo.

El colegiado arbitraba el derbi entre el Sarajevo y el Zeljeznicar, cuando algunos jugadores del Sarajevo fueron a protestar por la no señalización, a su juicio, de un penalti. En dichas recriminaciones, uno de los jugadores dio una patada al árbitro y éste respondió a su vez con otra, dejando al jugador en cuestión, Samir Saric, tendido durante algunos minutos.

Tanto el jugador como el árbitro podrían ser sancionados durante un año, según ha asegurado Slavica Pecikoza, portavoz de la federación bosnia de fútbol.

El partido de copa fue suspendido automáticamente y, mientras tanto, el Zeljeznicar ganaba por 1-0.

Pensamos que si en la vía pública una persona que es agredida y se defiende utilizando medios proporcionales al ataque sufrido no puede ser condenada, y lo mismo ocurre en el ámbito laboral, no vemos qué pena se le puede hacer pagar al árbitro.

Que no escarben mucho, no vaya a ser que las federaciones tengan la obligación de garantizar la seguridad de sus afiliados. Y que a una denuncia del árbitro bosnio ante la Unión Europea se vean obligados a poner escoltas o guardaespaldas a los colegiados.

Ya ha ocurrido antes que ante la denuncia de un particular la Unión Europea ha trastocado todo el entramado deportivo. Ya, ya; para eso Bosnia y Herzegovina tendría que pertenecer a la Unión Europea… Pero cualquier día esta noticia se da dentro de nuestras fronteras, no vayamos a pensar que se trata de una noticia exótica.

Hombre, no está bien que un árbitro noquee de un middlekick a un jugador, pero ¿está bien que un jugador deje cojo a un árbitro y éste no pueda hacer nada más que dejarse golpear? Aquí algo falla.

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La segunda noticia tiene tanto de pintoresca como de dramática, y la hemos encontrado en Periodista Digital. En el enlace se proporcionan un par de documentos gráficos.

BERNABÉU / El británico Mark Roberts dice que le robaron todo

¿Dónde está mi cartera?
Por Adrián Ramos | Periodista Digital
Lunes, 21 de noviembre 2005

Le está bien por caradura. El británico Mark Roberts, que ha convertido la gracia de ponerse en cueros y darse una carrerita ante los fotógrafos, en los espectáculos públicos, se quedó sin cartera, sin reloj y sin ropa. Su operación streaker en el Benabéu ha sido la más larga de su vida. Desde las 9 de la noche, cuando se tiró al campo, hasta las 2 de la madrugada, cuando lo soltó la polícia y se metió en un Holiday Inn, estuvo en pelotas. Llegó al hotel tapándose las vergüenzas con una banderita. Y no por gusto.

Cuenta que antes de slatar al cesped, ya con el cuerpo decorado con la pintada ‘Galactic assh’, que traducido al castellano quiere decir algo así como “culo galáctico”, dejó todas su pertenencias bien apiladas en un montoncito.

Hizo el número, fue detenido y a la hora de recoger sus ropas, no había nada. Ni siquiera cartera o pasaporte.

Lo llevaron a comisaria, estuvo allí un buen rato y cuando lo soltaron -igual que había entrado- tuvo que demabular desnudo por la calle, hasta que un viandante le dio unos euros para que se pagase un taxi.

Antes de abordar el avión rumbo a su Liverpol natal, en la comisaria de Barajas, puso una denucnia por robo.

Dice que está muy disgustado pero, afortunadamente para él, no se acatarró.

El periodista trata la noticia con un deje de frivolidad que creemos poco apropiado. Ya comienza la crónica con una opinión personal. Pero en fin, sobre esto de las modas periodísticas y las informaciones rosáceo-amarillentas no vamos a decir más, que entre los periodistas existe el corporativismo y este año se han sumado (bienvenidos sean) a esto de las bitácoras deportivas un ramillete selecto de profesionales de la pluma y la opinión.

Lo cierto es que el súbdito de Su Graciosa Majestad ha comprobado en carnes propias que “Spain is different”. Alguien se lo llevó todo, incluso la ropa interior, lo cual nos hace suponer que el móvil no fue el robo (únicamente) y que el gracioso decidió tomarse la justicia por su mano.

Mal uno y mal el otro. Por cierto, que los gayumbos deberán aparecer tirados por alguna esquina del Bernabéu. Tal vez los veamos subastados algún día de estos en e-Bay.

Los comentarios más sesudos que se hacen en la web de la noticia versan sobre la responsabilidad policial de devolver a la rúe en cueros a una persona. Un punto sí añadiremos; es diferente que uno salga por propia voluntad así a la calle (cual ha sido este caso) a que a uno lo desvalijen en contra de su voluntad. Como acertadamente apunta uno de los comentaristas, la nueva legislación ha despenalizado el desnudo.

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La tercera noticia es también un tanto simpática. Nos hablan en 20 Minutos de la vestimenta utilizada por un patinador para conseguir un título mundial (foto en la noticia).

Patinador de otra galaxia

Redacción. 22.11.2005 - 02:03h
Vestido como si de un astronauta se tratara, el canadiense Jeremy Wotherspoon compitió en la prueba de los 1.000 metros de patinaje de velocidad, en los mundiales.

Nos viene a la memoria la expectación que levantaron en su día aquellos cascos ciclistas diseñados aerodinámicamente para las contrarreloj.

A buen seguro que en la extinta bitácora deportiva Moda y Deportes le hubieran dado el tratamiento técnico que se hubiera merecido el asunto. Una lástima que esa ciberbitácora haya quedado estancada. ¿Se extrañan por el término ciberbitácora? Perdón, pero es el término que recomienda el novísimo Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) en la entrada “bitácora”, aunque curiosamente no hace mención a él en su articulado. Cosas de la RAE.

Pero esto de que la tecnología nos sorprenda con indumentarias especialmente diseñadas para deportes concretos cada vez es menos sorpresivo. Recordamos también el mono exhibido por algunos corredores en pruebas de velocidad en atletismo, o el traje con “piel de tiburón” confeccionado ex profeso para las pruebas de natación.

Creemos que esta tendencia, lejos de ser una moda o/y un reclamo publicitario, es positiva para el deporte y para el espectáculo que brinda. En una realidad como a la que hemos llegado, donde una plusmarca mundial vale un dineral y se plasma en lo que dura un pestañeo, no es de extrañar que por muy extravagante que pueda resultar una prenda deportiva, ésta sea utilizada por los deportistas si con ella tal vez consigan arañar esa centésima al cronómetro.

Salvo para los carcamales dirigentes de la FIFA que se oponen por sistema a cualquier avance tecnológico. Eso sí, el chip en el balón ha sido aprobado de modo experimental después de que algún colectivo forzara la situación.

24 de noviembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Licencia por puntos

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Ha vuelto Bar Deportes, esa genial bitácora amiga que incluso nos propuso para un premio. Y como no podía ser de otra manera, lo ha hecho aportando una ingeniosa idea contra el dopaje. Hemos intercambiado un par de comentarios y ha surgido un hilo que esperamos ahora que él pueda complementar en esta su Aguja de Bitácora con sus siempre agudas disquisiciones.

Lo que propone Bar Deportes es que (para el caso del ciclismo, pero creemos que es trasladable a cualquier otro deporte) la Unión Ciclista Internacional (UCI) nombre un médico de su entera confianza para cada uno de sus equipos profesionales.

“[…] si el ciclista sólo toma lo que le permite el médico UCI no tiene por qué dar positivo. Si diera positivo es porque se lo receta alguien externo al médico UCI y entonces sí que me parecería bien la sanción para el ciclista por buscar alternativas más allá de lo permisible.”

Una vez que comprendimos el mensaje de Bar Deportes se nos ocurrió una idea pajarera que, evidentemente, no se pondrá en práctica (al menos en muchos años) por su radicalidad. Y quizá sea eso lo que está faltando en la lucha antidopaje: valor para imponer un cierto criterio de radicalidad.

Ahí va la idea.

Está claro que donde nos duele a todos es en el bolsillo. Tanto a las personas físicas como a las personas jurídicas. Las sanciones económicas, las multas, son algo aborrecible.

Pero esta medida es ineficaz si quien la hace no la paga directamente, si hay otros que ponen el dinero por él. En todo negocio se hace una previsión de fondos para imprevistos tales como sanciones económicas administrativas (multas). Y ya que el deporte profesional es un negocio, justo es pensar que se haga esa amortización previa.

Si ya tenemos apartada de la inversión inicial una cantidad para hacer frente a una posible sanción económica federativa, ¿por qué no tentar la suerte y jugar con el fuego del dopaje? Si somos descubiertos sólo estaremos pagando con algo con lo que ya no contábamos inicialmente.

Sí, ya sabemos que existen cláusulas en los contratos públicos eximiendo de responsabilidad al equipo. Pero mucho antes que los contratos públicos existían los contratos privados. Contratos que el damnificado no hará públicos si percibe el resarcimiento estipulado en ellos.

¿A dónde queremos ir a parar? Pues a que un médico deportivo no tiene nada que temer si la empresa que le ha contratado paga la multa con que se le pueda sancionar. Él hace su trabajo, se le exime de responsabilidad públicamente (resulta que siempre han dado vitamina C al deportista, y es el chaval el que se ha apartado del buen camino) y en la práctica no recae sobre él ninguna sanción.

Y ahora retomamos el razonamiento de Bar Deportes. Él buscaba veinte nuevas caras entre el colectivo médico para que fueran contratados por la UCI. Vemos que los equipos se negarían alegando que nadie garantiza el buen hacer del doctor que les haya caído en suerte. Nosotros proponemos, pues, que sean válidos los galenos que cada equipo tenga a bien contratar.

Ahora bien. Los médicos deben poner algo en juego. Algo que valoren de verdad. Y es que si no, siempre estarán jugando con ventaja en una partida que se juega a escondidas. ¿Y qué puede tener un médico que valore más que el dinero?

Pues su licencia profesional para ejercer la medicina. ¡Ya ha saltado el señor de la tercera fila! Y allí están pidiendo que se cierre la Aguja de Bitácora. ¡Sacrílego!, nos llaman aquí en primera fila.

Pues eso es síntoma de que hemos dado donde más duele.

Y aguarden, que no hemos concluído. No nos estamos refiriendo a la licencia para ser médico deportivo profesional, no. Nos estamos refieriendo a su licencia para ejercer la medicina. Ni como médico de familia. ¡Y mucho menos como médico de familia! No puede ser que un señor que experimenta con drogas en un ser humano (por mucho deportista profesional del que se trate) atienda a mis hijos pequeños.

¡Ya se ha montado el lío padre! Claro, si el ciclista “busca soluciones” a espaldas del médico, el pobre doctor dará con sus huesos en la calle y eso no es justo. No, no señor, no lo es.

Por eso deben endurecerse las medidas contra los deportistas. El tramposo deberá irse al dique seco por dos años (lo que ya se prevé en los reglamentos internacionales). Tras una reincidencia, el tramposo quedará fuera del ámbito deportivo. Pero ya apuntamos en una ocasión que deberá quedar inhabilitado para participar en cualquier competición federada de su disciplina y de cualquier otra. Vamos, que ni para jugar en el equipo del barrio.

¿Que qué hacemos con el médico? Pues algo similar a ese carné de conducir por puntos que nos van a imponer a todos. Quien quiera ser médico deportivo deberá aceptar el reto. De un carné con diez puntos, un positivo por EPO resta tres puntitos. Si tiene la mala suerte de que en sus equipos abundaran los tramposos, tendrá siempre la oportunidad de abandonar la medicina deportiva profesional antes de quedarse sin puntos y dedicar sus días muy dignamente al centro de salud del barrio.

Es posible que esta medida tal y como queda expuesta no sea aplicable. Pero nos parece una buena vía para ir definiendo actuaciones contra eso que los expertos han dado en llamar “el entorno del deportista”.

Como le adelantábamos a Bar Deportes en nuestro segundo comentario, esto acabará convirtiéndose en un asunto de conciencia. Apelemos pues a la conciencia de cada uno… y a poner en juego lo que cada uno más valora.

24 de noviembre de 2005

Actualización 24.11.2005 a las 14:15

Se nos ha ocurrido ahora una fórmula para que los galenos pudieran recuperar puntos de esa licencia médica deportiva: informando, y aportando pruebas, de proveedores de productos dopantes. Cada proveedor detenido suma cinco puntos.

Y es que estos de los laboratorios y sus “camellos” son otra lacra más. A los doctores alguien les tiene que suministrar las drogas deportivas, que ellos no tienen medios para sintetizarlas (¿se “sintetizan” este tipo de productos?). Por cierto, que estos días ha sido publicada en el BOE la Resolución de la Presidencia del Consejo Superior de Deportes por la que se aprueba la:
• Lista de sustancias y métodos prohibidos en el deporte (pdf).

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 R.Madrid—F.C.Barcelona

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No teníamos en mente dedicarle tiempo al debate nacional por excelencia, pero la insistencia de unos amigos para que expusiéramos nuestro particular (y seguro que incomprendido) punto de vista, ha hecho que la Aguja de Bitácora no se haya podido sustraer a opinar (metadeportivamente, eso sí) sobre este fenómeno de masas que es el partido más esperado de la temporada.

Finalizó el-partido-del-siglo-de-este-año con la victoria de unos y la derrota de los otros, como era de esperar. Si el encuentro hubiera finalizado en tablas, ya se hubieran encargado los medios de comunicación de adjudicar la “victoria a los puntos” a uno de ellos.

Un resultado sin paliativos como el obtenido siempre ayuda a que el colegiado pase desapercibido. Pero algún medio de información ya puso su piel a la venta en el mercado de la especulación. Y ofrecieron a toda página la estadística de victorias de cada equipo cuando eran arbitrados por el trencilla vasco.

Nunca se ha visto mayor falta de imaginación para rellenar periódicos. La prensa rosa del fútbol, hemos llamado en alguna ocasión a este arte. También hemos dejado constancia en más de una ocasión en esta Aguja de Bitácora de la frase antológica con la que nos regaló nuestro maestro: “Antes había verdades y mentiras; ahora hay verdades, mentiras y estadísticas”.

¿Qué esperaban conseguir los señores del diario deportivo con esa estadística? ¿Creen que ayudan en algo al juego y al ambiente que le rodea con ese tipo de crónicas?

Personalmente le hubiéramos encontrado mayor interés a conocer la marca de lencería masculina más utilizada por el colectivo arbitral cuando se pita uno de estos partidos cumbre. O la hora a la que se levantan los árbitros el “día D”. O la comida que ingieren avant match. O el tiempo que dedican a repasar el reglamento durante la semana previa y presentar una comparativa con las que dedican cuando se disponen a pitar un partido de “los del montón”. O si hay un apoyo especial por parte de la federación y el comité de árbitros en el plano emocional. Si se utiliza algún tipo de preparación mental/psicológica…

Quien nos esté ya criticando por nuestra estrambótica visión del evento, convendrá al menos con nosotros en que al tercer protagonista no se le ha dado la palabra en los medias. Cierto que ellos se han autoimpuesto la norma de no hablar de los partidos, pero sí hay elementos que rodean a estos encuentros que hacen que algunas acciones rutinarias adquieran un cariz especial. Este tipo de datos quizá hubieran acercado la figura del árbitro a las masas futbolero-borreguiles.

Pasemos página, porque sobre este asunto de los colegiados aún está caliente la crítica que les hicimos hace escasas fechas.

Hemos leído esta semana a colegas bitacoriles y a articulistas de prensa escrita argumentos sobre la supuesta pasión que hay que poner para disfrutar del fútbol. Lo triste es que mientras ellos ponen pasión, otros ponen el cazo y lo llenan con el dinero que rezuma de toda esa pasión. Corrección: eso no es lo triste; lo triste es que no se dan cuenta que entrando al trapo les llenan la bolsa. Si por lo menos esto ocurriera con plena consciencia, no tendríamos mucho que objetar. Cada cual que haga de su capa un sayo. Pero se ha llegado a un círculo vicioso que se retroalimenta a sí mismo.

Compartimos la visión americana del deporte (la de gringolandia, queremos decir). No, no somos pro-yanquis, pero toda esa gente algo bueno tendrán que tener (en realidad tratamos de no ser ni pro- ni anti- nada).

Un partido de máxima rivalidad en la NFL (liga que seguimos con cierta asiduidad) que resulte defraudante en cuanto al juego, en cuanto al espectáculo que se exhibe, será repudiado por todos, y el campo quedará vacío en su último cuarto. Ya hemos asistido en varias ocasiones a este ceremonial impensable en estas latitudes. Y la NFL se preocupa cada vez que ocurre esto. El por qué lo dejaremos para otra ocasión.

Una Superbowl que finalice por 3 a 0, con un único fieldgoal anotado, sería un fraude para quien permite, con su dinero, que exista la liga. Nos referimos al público, al respetable, evidentemente. (Trasladado al fútbol inglés —o europeo, como prefieran— un partido que finalizara con un único fieldgoal anotado vendría a ser como un partido que finaliza 1 a 0 con gol de penalti).

Ese negocio que ven algunos en exaltar las pasiones de los seguidores es en gran medida el responsable de que algunos instintos se desboquen en la grada y sus aledaños. Felizmente, no parece que esta semana haya sido éste el caso. Aunque no hay noticias de los retretes del campo. Esto siempre nos ha llamado la atención; que las letrinas sean el lugar donde se ensañan algunos indeseables. Quizá sea por la falta de vigilancia en estas dependencias.

Otra particularidad más de este clásico es la división en la que cae la nación. Todo el mundo futbolero entiende que eres de uno o estás con el otro. Pues no; a nosotros nos daba exactamente igual el resultado. Sólo nos atrae el fútbol como fenómeno de masas que es, aunque sí disfrutamos con un buen partido.

Hace ya tiempo que no nos dejamos caer por el “Botxo”. Alguno habrá por allí que con esto de la globalización estuviera pendiente de los lances del encuentro como si fueran madrileños o barceloneses. Pero estamos convencidos de que a la inmensa mayoría les traía sin cuidado.

En Bilbao no necesitan sentirse de un equipo llamado todos los años a ganar la liga para ser felices los lunes. Se acepta (este año con más pena que gloria) el papel que está autopredeterminado a jugar el Athletic. Como diría el de El Regato: “hay más mundo que el que alcanzamos a ver”.

BarçaMadrid y MadridBarça y pasión futbolera. Lo simpático del caso es que siempre aparece quien te dice que estos partidos hay que vivirlos con pasión para disfrutarlos, pero ellos son capaces de dar una visión imparcial de lo que acontece antes, durante y después. ¡Incongruencias!

Quede aquí nuestra particular versión sobre estos encuentros deportivos [a veces desencuentros deportivos] que duran dos semanas (la anterior y la posterior) y que los magnates de las grandes empresas mediáticas se han propuesto que alcancen la inaudita longevidad de tres semanas, avanzando durante quince días pseudoinformaciones como las veces que un equipo cae derrotado con el árbitro designado. Por cierto, que la estadística se ha confirmado; aunque mucho nos tememos que no ha influido en el resultado (por eso la hemos llamado pseudoinformación).

22 de noviembre de 2005

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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