Hace unos años, en una reunión de amigos, se nos ocurrió lanzar una nueva especialidad deportiva: las carreras de orientación a caballo.

La orientación es un deporte de origen nórdico en el que al “orientador” se le proporciona un mapa detallado del terreno, en el que aparecen señaladas la ubicación de unas balizas que debe encontrar en el menor tiempo posible.

Las balizas son un prisma blanco y naranja, en cada una de las cuales hay una pinza. Esta pinza dejará una marca especial en la carta de registro que lleva cada orientador. Así, cuando el corredor llegue a la meta, deberá presentar su tarjeta con las perforaciones adecuadas en las balizas correspondientes.

Los países nórdicos reglamentaron este deporte de corte militar que enfrenta a los participantes en una contrarreloj que se desarrolla en la Naturaleza.

La federación internacional de la modalidad reconoce cuatro especialidades: a pie, en BTT, en esquíes, y en silla de ruedas para disminuidos.

La especialidad sobre esquíes es, obviamente, la categoría reina en los países de origen de este deporte que surgió en los primeros años del siglo XX. (Para conocer más sobre este deporte, pueden acudir a la sede web de la Federación Española de Orientación).

Nosotros, como decía, organizamos varias carreras de orientación a caballo, lo que tal vez fuera un hito mundial, puesto que ni en la federación de orientación, ni en la federación de equitación, tenían conocimiento de semejante actividad. Y eso que hicimos las pertinentes consultas al objeto de conocer lo que otros pudieran haber hecho y aprender de sus experiencias.

Vivimos en una zona que presenta un marco incomparable para este tipo de carreras. La faja costera delimitada en el norte por el mar y al sur por una cadena montañosa.

Estuvimos unos años organizando dos carreras anuales, y supimos de alguna réplica en Cataluña. El esfuerzo fue realizado desde la iniciativa privada, y como las cosas que suceden en España, ninguna Administración nos apoyó. Estamos convencidos de que si la idea hubiera surgido en Francia, Italia o Inglaterra, por poner tan sólo unos pocos ejemplos, la iniciativa hubiera sido auspiciada por las autoridades deportivas.

Pero aquí, en la Piel de Toro, ya sabemos que esas autoridades deportivas se preocupan tan sólo de los deportistas triunfadores y de los eventos de relumbrón. Las iniciativas privadas, si no crecen a la sombra de un árbol de amigos de la Administración, se volverán estériles cuando los costes rebasen la paciencia y el bolsillo de los organizadores. Es cuestión de tiempo.

Dicho lo que antecede a modo de introducción, añadiré que nos encontrábamos una tarde de invierno alrededor de un café en estos pueblecitos costeros del Cantábrico en los que la actividad decrece como decrecen las horas de luz diurna, cuando alguien preguntó, por énesima vez, cómo se habían originado las carreras de orientación a caballo. Mientras uno de los amigos se aprestaba, por enésima vez, a comenzar el relato yo miré hacia el belén que había montado en el establecimiento y que había visto en innumerables ocasiones.

—Dile la verdad — oí que salía de mis labios.

Mi amigo me miró perplejo, pues la cosa era tan sencilla que solamente había una verdad, por mucho que lo aderezáramos.

—¿La verdad? Pues cuéntasela tú —dijo dedicándome una sonrisa llena de intriga.

Sin conocer todavía el final, comencé el relato que ese día se convertiría en la “verdad oficial” del origen de las carreras de orientación a caballo.

El origen de las carreras de
ORIENTACIÓN A CABALLO

   La orientación deportiva surgió a finales del siglo XIX en los países nórdicos, si bien el hombre lleva orientándose sobre este planeta desde mucho antes de ser hombre.

La orientación a caballo es una especialidad de la orientación deportiva, y por lo tanto justo sería ubicarla en el tiempo con posterioridad a la regulación del deporte de orientación.

Sin embargo, se han conservado ciertos documentos muy antiguos que dan fe de lo que hoy es considerada como la primera carrera de orientación a caballo de la Historia.

Estos manuscritos cuentan que en el territorio ahora conocido como Oriente Próximo, hace poco más de veinte siglos, tuvo lugar una singular prueba de orientación a caballo.

En esta primitiva competición se trataba de encontrar un único punto marcado en el mapa. Las monturas utilizadas fueron, ¡cómo no!, esbeltos y elegantes caballos árabes.

El concurso, que duró seis días, se desarrolló por terrenos secos y arenosos. Para evitar los rigores de un caluroso verano se decidió que la carrera tuviera lugar a principios del invierno. Como quiera que las brújulas no comenzaron a utilizarse hasta el año 1100 de nuestra era, los jinetes debían dormir por el día y cabalgar por la noche para así poder orientarse gracias a las estrellas que lucían sobre el despejado cielo del desierto.

Este motivo fue determinante para que se acordara unánimemente que la última campanada de la serie que marca el comienzo del nuevo año fuera utilizada para que estos primeros orientadores a caballo tomaran la salida.

Cronistas de la época registraron por escrito lo sucedido, por lo que hasta nuestros días se ha conservado de forma fehaciente la clasificación final de la terna de vencedores.

El primero en llegar fue un hindú, conocido como Melchor el brahmán; el segundo puesto fue para el griego Gaspar, el hijo de Cleantes; el tercero, egipcio de nacimiento, fue un tal Baltasar de Alejandría, aunque de este último se cuenta que llegó montando sobre un dromedario.

Tanto el cuarto clasificado —Artabán, un magnate persa— como el quinto en arribar —Alí-Hatar, un príncipe etíope— presentaron una reclamación por lo que consideraban que había sido una transgresión del reglamento. El egipcio alegó entonces una extraña ley de su país de origen que exigía una cuarentena de seis meses a las caballerías antes de poder tomar parte en una competición. El recurso presentado por el alejandrino prosperó ante el comité organizador.

El campeón obtuvo como premio un cofre cargado de oro; al segundo se le otorgó una urna colmada de incienso, y al tercero se le distinguió con un arca repleta de mirra.

Para conocer más (y ahora más en serio) sobre esta nueva especialidad de las Carreras de Orientación a Caballo pincha aquí.

3 de enero de 2006