Mayoría es tiranía

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Colaboración especial para Voz Editorial

Si quieres que algo se haga encomiéndaselo a una persona;
si quieres que algo no se haga encomiéndaselo a un comité

Napoleón Bonaparte

Vivimos en paz y en democracia. O tal vez debería decir en democracia y, por ende, en paz. Dentro de cualquier Estado democrático las asociaciones que en él se constituyan, al amparo de leyes democráticas, deben regirse por normas democráticas, y garantizar que no existirá en su seno discriminación alguna. Una persona, una voz, una opinión, un voto. Pero en deporte esto no siempre es así.

Es más, no puede ser así. En deporte la única forma de funcionar con operatividad es la dictadura. Note mi sufrido lector que hablo, por el momento, del deporte en su vertiente de práctica y competición.

No es concebible que un conjunto de personas, agrupadas en un equipo —observe mi atribulado lector que no digo club— funcionen cada una por separado. La misma concepción de equipo presupone que existe una persona, una única persona, que dirige y “dicta” las acciones a emprender en cada momento.

Y no puede ser de otra forma, pues de lo contrario el equipo no funciona como tal, aunque pueda hacerlo como una suma de individualidades. Evidentemente ese director, ese “dictador”, es el entrenador, quien no sólo hace valer su hegemonía y su “dictadura” en las competiciones, sino que extiende su reinado —su tiranía— a los entrenamientos.

No es concebible una reunión de los miembros del equipo para decidir si aceptan el número de repeticiones impuesto por el tirano/entrenador o si por el contrario deciden realizar la mitad.

Esto, que parece de Perogrullo, no es fácil de implementar en vestuarios cargados de egos y rebosantes de millonarios. Acatar las directrices en forma de órdenes y no de sugerencias de una tercera persona suele convertirse en una meta imposible de alcanzar para muchos “jefes de clan”.

Se vivieron similitudes con lo referido más arriba en la Guerra Fratricida Española de 1936. Según está documentado, en algunas fases de la contienda civil —¿para qué reflejar datos más explícitos?— ciertos sectores no militares de combatientes debían reunirse por la mañana para decidir en comité si aceptaban las órdenes que les llegaban.

En alguna ocasión la discusión llegó al punto de que para cuando quiso tomarse una determinación, el objetivo ya había sido ocupado por el enemigo. No, así no puede ganarse una guerra; ni un campeonato tampoco (perdón por la brutal comparación, pero ustedes me van entendiendo…).

Así pues, dentro de un país democrático, con leyes democráticas y con asociaciones que se regulan bajo principios democráticos, nos encontramos con que existen parcelas de autoritarismo sano.

Llegados a este punto parece que se me termina el discurso, pero aún he de justificar el título de hoy.

Manteniéndome en el ámbito deportivo diré que en ocasiones surgen desplazamientos del equipo más o menos largos que exigen cierta planificación logística. Encontramos aquí una vez más la rigidez de quien aplica su criterio personal. Tendremos a un directivo planificando el viaje y sus etapas, e incluso estimando una posible visita cultural o recreativa en el lugar de destino —o en uno intermedio, que tanto da.

No es factible que esa persona abra al conjunto del equipo las opiniones sobre la planificación del viaje. A buen seguro si cuenta con nueve participantes obtendrá doce o catorce pareceres diferentes. Se entablará posteriormente una discusión y cada cual terminará por apertrecharse defendiendo una postura en la que no confía mucho, pero que sostendrá solamente por ser la opinión propia y entender que debe mantenerla.

Finalmente la decisión deberá ser tomada por el directivo encargado del asunto. Lectura: para acabar tomando una determinación unilateral, ¿para qué abrir el debate? Pero supongamos que el debate queda abierto y únicamente existen dos posiciones, defendida una por los del “sí” y otra mantenida por los del “no”.

No faltará quien diga: votemos democráticamente. Feliz idea; pero, ¿por qué cuatro de ellos deben plegarse a los gustos de los otros cinco? ¿Por la mayoría tiránica de uno ganarán los del “sí quiero” frente a los del “no puedo”?

Los valores deportivos intrínsecos nos inculcan otra forma de resolverlo: la solidaridad. Si un miembro del equipo no puede, todos se abstendrán. O todos calvos, o todos melenudos, que reza el castizo refrán. Y es entonces cuando surge la gran frase: Somos un equipo.

La solidaridad es unidad, mientras la mayoría es tiranía.

28 de abril de 2006
¡Felicidades!

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Guardias y guardianes

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No daba crédito a lo que leía la semana pasada cuando me desayunaba en mi rincón favorito con la noticia del robo de una cubierta deportiva de 105.000 kilos de peso. Una cubierta pagada con dinero público y que se había almacenado en un solar.

Se trata de la cubierta comprada ex profeso para la final de la Copa Davis disputada en Sevilla el año pasado. Un desembolso de un millón doscientos mil euros realizado para una única utilización.

Así son los gestores españoles de las cosas públicas. Así de manirrotos con el dinero de otros. La noticia vino a poner de manifiesto la nula concienciación que tenemos en España del ahorro en el gasto público.

Nuestros políticos se ocupan de tirarse los trastos a la cabeza cuando sucede algo como lo ya expuesto. Pero labor de previsión, lo que se dice labor de previsión, no parece que sea una cualidad a tener en cuenta para acceder a la política española.

No acabo de entender cómo es posible que alguien pueda coger más de cien mil kilos de peso y marcharse con ellos. No acabo de entender cómo es posible que alguien pueda coger algo valorado en más de un millón de euros y salir andando con ello tan campante.

No sé cómo es posible que una equipación de ese precio pueda estar abandonada sin vigilancia alguna. No sé cómo es posible que una equipación de semejante volumen pueda desaparecer con “rapidez”, como nos dice el organismo rector del deporte sevillano. No sé cómo es posible que un bien público de un peso tan grande pueda ser escamoteado sin dejar rastro.

Eso sí, los cobardes, en lugar de asumir las responsabilidades, optan por exculparse, e inculpan a funcionarios saturados de trabajo mal administrado y peor distribuido a los que no se les permite defensa alguna. Aquí tienen la noticia en la que se informa entre otras cosas del cese de un funcionario, como si ello constituyese en sí una reparación del error cometido por omisión y dejadez municipal.

El IMD admite que la cubierta no tenía seguro ni vigilancia

Estos desembolsos faraónicos para eventos de un día son otra de las mal praxis de las Administraciones españolas. Se adquieren equipamientos que después duermen el sueño de los justos, como ha pasado con la pista de atletismo que el Ayuntamiento de Madrid adquirió para un único campeonato de este deporte en su versión de interior, como ya denunció Juan Puñetas en su magistral bitácora Por el Arco del Triunfo.

Ahora nos dicen los responsables sevillanos que la cubierta iba a ser reutilizada. Bravo. Pero yo me pregunto si ese segundo uso fue previamente meditado y planificado o si por el contrario la decisión del aprovechamiento posterior al desembolso realizado no la habrá motivado la necesidad de quitarse un muerto de encima.

Pues parece que el muerto lo han perdido… Pero hoy me he desayunado con la noticia del hallazgo de lo sustraído y dos detenciones. Ya me estaba temiendo que la cubierta no fuese a aparecer porque a estas horas fuera chatarra reciclada.

Y no iba yo muy desencaminado, pues oigo en la radio al tiempo de escribir estas líneas una contra-información en la que se nos dice que la cubierta no había sido robada sino vendida como chatarra. Presagio un culebrón épico en Sevilla, que a buen seguro será convenientemente mutilado, manipulado y desviado por los incompetentes públicos de turno.

En la siguiente noticia parece ahora que la cubierta no costó más que el pico que pasaba del millón de euros:

El Club Natación Sevilla vendió la cubierta de la Copa Davis a un chatarrero de Padre Pío

Pero si es de felicitar la acción de la policía —guardias funcionarios que han cumplido con su deber— no lo es la actitud de los guardianes, custodios y garantes del dinero público democráticamente elegidos y que detentan “de prestado” por cuatro años sus actuales cargos de responsabilidad.

Temo ser pesado en esta columna de opinión con mis admoniciones sobre la sacralidad del dinero público. Pero al menos espero haberme ganado la aprobación de los posibles lectores ante la necesidad de llamar la atención hacia este aspecto descuidado sobre manera en el ámbito deportivo.

Es como si todo fuera permitido en aras del deporte, fundiendo y confundiendo la salud y el bienestar que el deporte reporta con la popularidad que los medias otorgan a los ases del deporte y a los políticos que se retratan en los eventos organizados.

No sabemos exactamente lo que costó la cubierta; no sabemos si el desembolso está cubierto objetivamente —nos hablarán de beneficios intangibles e incuantificables, algo totalmente subjetivo—; no sabemos por qué alguien vende para chatarra un millón de euros que no son de su propiedad; no sabemos por qué la inversión de todo el pueblo español estaba descuidada y abandonada en un solar… Y digo de todo el pueblo español porque sostengo la teoría de que el dinero público no pertenece a una porción de la población, sino a su conjunto.

Oscuros pasillos son los que llevan a los gabinetes de finanzas de los ayuntamientos. Cuanto más representativo es el ayuntamiento en cuestión, menos claridad hay con los dineros públicos que alegremente se destinan al entorno deportivo en espera de que la población festeje las ocurrencias ya que el pueblo es el destinatario de los eventos deportivos. Y por el camino vamos dejando favores pagados y consiguiendo popularidad a costa del dinero de todos.

25 de abril de 2006

Actualizacion del 27 de abril de 2006 a las 03:42 h.

Se opina del mismo tema en Por el Arco del Triunfo.

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 Cría cuervos que te sacarán los ojos

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Leo hoy en la prensa deportiva una información en la que he podido apreciar una cierta contradicción que me ha impulsado a indagar un poco más en la noticia.

Un equipo de fútbol femenino que juega en la Superliga femenina —el DTI Estudiantes, de Cartaya (Huelva)— se ha plantado y se ha negado a jugar un partido porque el club les adeuda unas cantidades cuyo monto total asciende a 36.000 euros (seis millones de pesetas españolas).

La simpatía popular nos llevaría a ponernos de parte de las chicas, que como deportistas lo dejan todo en la cancha mientras los directivos se regalan con comidas pantagruélicas. Pero, reconozcamos, esto no deja de ser una imagen estereotipada, un cliché que como todas las generalizaciones es injusto.

Lo que me ha hecho dudar de que las cosas pueden no responder al típico despilfarro administrativo es que las jugadoras, en una parte del comunicado que hacen en la prensa denunciando su situación, reconocen que se trata de un equipo aficionado. A renglón seguido tienen la desfachatez de reclamar: “y comemos con el dinero que ganamos”.

Queridas chicas, eso se llama doble moral. Por un lado nos hacéis ver que no os guía el interés económico y por el otro nos queréis hacer ver que estáis en la indigencia más absoluta por un total de 20.000 euros a dividir entre 18 jugadoras. El resto se le adeuda al cuerpo técnico (12.500 euros) —que no ha dicho ni pío— y a seis jugadoras que ya no pertenecen a la disciplina del club (3.500 euros).

Ponerse del lado del débil es algo que practicamos a diario, sobre manera en el ámbito deportivo. Pero en este caso me da que el débil es la Junta Directiva que se ha visto chantajeada por unas jugadoras taimadas que han decidido no jugar in extremis un partido como medida de presión.

Resulta que con la disputa de ese partido ante un gran equipo de la Superliga femenina —el F.C. Barcelona— se preveía haber ingresado una buena cantidad con la que paliar la deuda. Además, el plante ha llevado a la directiva a renunciar a jugar la semifinal de la Copa de la Reina, partidos que hubieran servido para obtener nuevos ingresos para las arcas del club.

Lo que no habían dicho estas jugadoras, algunas de ellas estudiantes, es que el club les estaba proporcionando pisos en los que vivían, y que esa contraprestación sí estaba siendo mantenida por el club.

Estas chicas han pecado de egoístas al no reparar que un equipo que no tenía culpa alguna de la situación ha efectuado un desplazamiento desde Barcelona hasta Huelva para retornar sin haber podido jugar. Desplazamiento inútil del que, supongo, deberá hacerse cargo el DTI Estudiantes.

La ignorancia de estas jugadoras no les ha dejado ver que los presupuestos se cuadran a final de temporada, máxime en club modesto como el que nos ocupa.

Estas chicas han sobredimensionado su categoría y su situación, y han cometido un error que ha perjudicado al club frente a terceros. Tan sólo se les debía el mes de marzo —estamos en abril— y algún pico más. Pero no de un salario profesional, sino de una contraprestación económica muy generosa tratándose de deporte aficionado.

Han querido jugar a ser grandes, y la realidad les ha abofeteado en toda la cara: disolución del equipo y posiblemente del club.

A falta de más datos, en esta ocasión la Aguja de Bitácora apoya la posición de la Junta Directiva. Si quieren jugar como aficionadas y cobrar como profesionales, que sean ellas mismas las que gestionen su propia entidad deportiva.

Por toda España hay directivos que pierden de su tiempo y de su dinero, y que ponen todo lo mejor de su esfuerzo para satisfacer las necesidades organizativas de un grupo de deportistas que sólo desean jugar. Pero en ocasiones como ésta el egoísmo triunfa sobre el altruismo.

Conozco muy de cerca situaciones similares en las que los deportistas se comportan de manera ingrata; deportistas así no se merecen ni un ápice más del tiempo, del esfuerzo y del dinero ajeno.

Chicas, espero que el club desaparezca para que los directivos puedan dedicar a su familia el tiempo que os dedicaban a vosotras. Y así os busquéis otra escuadra en la que poder jugar, aunque supongo que con el antecedente con el que os habéis significado será algo complicado de conseguir. No lo lamentaré.

Para quien quiera formarse su propia opinión aquí tienen la postura de la Junta Directiva. Y, cómo no, aquí la postura del equipo, en la que parece que tras ver la que han armado quieren quedar bien. Y aquí una última noticia sobre la situación del equipo.

21 de abril de 2006

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 Politiqueando el deporte

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Vengo comprobando desde hace un tiempo que en el ámbito deportivo se dan en sus niveles directivos prácticas de politiqueo insidioso.

Este año 2006 se celebrarán elecciones en los deportes de invierno. Y una vez más ha saltado la noticia que muestra la reiteración de actuaciones deplorables en los dirigentes deportivos.

Deportes de invierno | Esquí

Piden la inhabilitación del Presidente Roldán
Le acusan de incompatibilidad de funciones

¿Cree el lector que los denunciantes no se habían dado cuenta hasta ahora? Pero han aguardado a este momento, pues presentando la demanda de forma artera, con las elecciones a la vuelta de la esquina, pueden conseguir un objetivo torticero.

La política nos envuelve nos guste o no, hasta el punto de que vivimos a diario inmersos en ella. Política es el modo en que se gobiernan los asuntos.

Y uno se ve dirigido y gobernado en diferentes ámbitos y materias; e incluso uno se ve abocado, nos guste o no, a gobernar también. Desde la dirección del propio hogar al gobierno municipal hay todo un maremágnum de gobiernos y políticas cercanos que nos atañen día a día.

La gestión de nuestro club precisa también de una dirección. Y con ello entramos en la política del deporte, que no en la política deportiva, pues este término corresponderá a las actuaciones que los diferentes gobiernos emprendan en relación con el deporte —gobierno municipal, gobierno autonómico…

En el ámbito deportivo es preciso una forma de organización y una fórmula para gobernarse. El club al cual pertenecemos es dirigido por una elite que así han decidido a hacerlo.

Si nuestro club es una entidad de base, a buen seguro que cualquier persona que quiera colaborar será bien recibida en la Junta Directiva. Por contra, si el club en el que se ha visto reflejado el lector es una de esas macro-entidades deportivas tal vez el acceso a la cúpula de gobierno sea algo más lento.

Pero los clubes no son la única forma de organización deportiva. En un estrato jerárquico superior a ellos están las federaciones —provinciales, autonómicas, nacionales—. Para su gobierno también existen fórmulas o políticas de dirección trazadas por el grupo dirigente, el Presidente y su Junta Directiva.

Las federaciones en España se encuentran gobernadas bajo regímenes presidencialistas. Toda vez que una persona es elegida Presidente por un espacio de cuatro años, “dicta” las líneas deportivas a seguir para la consecución de los objetivos que supuestamente ha debido presentar en su programa electoral.

Dejemos el tema de si es propicio o aconsejable este régimen presidencialista federativo para un artículo posterior. Centrémonos por hoy en la figura del Presidente.

Pongamos a una persona que ha dirigido los designios de una federación nacional durante ocho o tal vez doce años. Para no herir susceptibilidades utilizaré como ejemplo un deporte que únicamente ha existido en la ficción cinematográfica: el Rollerball.

Durante todo ese tiempo ha gobernado la federación según sus criterios, y ello porque los estatutos federativos se lo permiten. No sería extraño que en torno a esa figura se hubieran creado grupos de cabildeo. Y podemos imaginar también que ya hubiera grupos opositores.

Entramos, pues, en la vida de cualquier asociación humana en la que existen intereses por gobernarla. Dejemos aparte los loables beneficios deportivos que proporciona el Rollerball —en la ficción cinematográfica era un deporte bestial— y centrémonos en los movimientos de los subgrupos que conforman ese grupo humano con intereses —¿deportivos?— similares llamado Federación Española de Rollerball.

Ya que ni siquiera es posible oponerse a políticas deportivas si se es ajeno a los órganos de gobierno, los opositores diseñarán toda una serie de tácticas y estrategias conducentes a situar a su hombre en el sillón presidencial; cualquier cosa valdrá con tal de dejar fuera de juego a los rivales.

Una buena estrategia será unir en torno a un candidato a todos los grupos hostiles a la actual gestión. Obtenido este objetivo pudiera ser que aún no haya suficiente fuerza como para alcanzar la mayoría en las elecciones federativas.

La estrategia óptima para hacerse con la presidencia sería dejar fuera de la lucha por el cargo al otro candidato. Pero, ¿cómo hacerlo? Lamentablemente se ha hecho habitual una táctica para desalojar al Presidente.

Se hurga en las actuaciones pasadas hasta dar con algo que pueda ser sospechoso de irregularidad. No es necesario que exista la tal pretendida irregularidad. Es suficiente con que pueda llegar a existir.

A partir de ahí se medirán los tiempos para presentar oportunamente contra el candidato una solicitud de inhabilitación cautelar para ejercer cargo público amparándose en esas posibles irregularidades. Si el juez dictamina la suspensión cautelar el candidato quedará apartado del proceso electoral para presidir una federación española.

Malas artes en las esferas políticas del deporte, de las que no se puede esperar deportividad ninguna. El “todo vale” hace tiempo que ha llegado al deporte. Lo triste del caso es que desde el politiqueo del deporte los gurús mesiánicos federativos están utilizando el aparato de la Justicia española para beneficio propio.

Nota: Hubo respuesta… “Roldán asegura que no tiene incompatibilidad de cargos”.

18 de abril de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Des-gobiernos municipales

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Estos días está en boca y en la mente de todos el caso Marbella. Un caso del que, y hasta que el juez dicte sentencia, sólo se puede decir que es posible que la clase política dirigente se haya enriquecido con tácticas nada legales.

Aparece entre toda esta vorágine de información el caso de una persona —evitaré dar su nombre para no hacerle una publicidad que no merece— que llegó a Marbella en un utilitario de los más baratos del mercado, que fue desalojado por impago de su vivienda, que solicitó empleo en las oficinas del INEM, y que terminó siendo la mente que dirigía la ciudad marbellí en un sentido un tanto oscuro.

La semana pasada, en un programa radiofónico nocturno, se analizaban algunas de las informaciones que han visto la luz pública.

Y explicaban, y creo que todos los oyentes coincidíamos, que la escalada social y económica de la tal persona era de envidiar salvo por un detalle, y es que se había enriquecido a costa del dinero público. Terrible detalle, porque el dinero público es sacratísimo, en la acepción más amplia del término.

En nuestra sociedad es de alabar la tenacidad de las personas que se enriquecen legalmente, con un trabajo ímprobo. Las personas que se enriquecen con prácticas más bien poco morales, pero que no causan daños irreparables —como la muerte, por ejemplo, o el tráfico de seres humanos, por poner otro ejemplo— y que solamente han perjudicado a otras mentes avaras y codiciosas, son también ensalzadas en nuestra sociedad.

Así, los que roban a los ricos para enriquecerse ellos, en una versión moderna del Robin Hood de los bosques de Sherwood, no suelen ser criticados por el resto de sus conciudadanos. Al contrario, se suele hablar bien de su gesta. Y si dan con sus huesos en la cárcel, el vulgo lamenta la mala suerte del reo.

Sin embargo, quien roba dinero público —que por otro lado suele estar indefenso, lo que no me acabo de explicar— es vilipendiado por la ciudadanía, como no puede ser menos.

El caso destapado en Marbella mezcla en diferentes proporciones elementos de los comentados en los párrafos precedentes. El punto negro lo supone la especulación y el enriquecimiento con el dinero público, con el dinero de todos. Y es que una vez que un monto pasa a ser propiedad de una Administración es dinero público y nos pertenece a todos, no solamente —en este caso— a los marbellíes.

Dirán quienes paseen su mirada por estos apuntes siempre cáusticos que qué diantres tiene esto que ver con la esfera del deporte de la que se trata siempre en esta Aguja de Bitácora.

No recordaré que el anterior alcalde marbellí era el presidente de una SAD de las más punteras de este país. Si existe alguna relación lo demostrará la pertinente investigación, por lo que no nos aventuraremos en estos fangos.

El caso de Marbella —con su chabacanería glamurosa y con su glamur chabacano— ha abierto aquella mítica caja de los truenos. Es la primera vez en la historia de la última democracia española —hace muchos años ya hubo democracia en España, pero en aquella ocasión todos los españoles sí que eran iguales ante la ley— que el Estado interviene y disuelve un Ayuntamiento.

Y la experiencia da para pensar que a partir de ahora se seguirán algunas actuaciones similares. Posiblemente con casos que de por sí no hubieran destapado la famosa cajita de Pandora, pero dado que la puerta ha quedado abierta les será más fácil salir a la luz pública.

Junto con esos posibles escándalos que estaríamos a punto de presenciar habría que pedir cuentas del destino de todos esos millones y millones de pesetas públicas que han ido a parar a las arcas de las SAD, lo que en realidad quiere decir que han ido a parar a las manos prestidigitadoras de algunos personajes que estaban o están todavía en esas SAD. Y digo manos prestidigitadoras porque con el dinero público han hecho eso de “ahora lo ves, ahora no lo ves”.

El dinero de todos no sólo ha ido a parar a las arcas insondables de las SAD en forma de patrocinios innecesarios, de colaboraciones desinteresadas, de aportaciones ingenuas, de subvenciones inexplicables, de inversiones a fondo perdido, y de mil formas más que los ingenieros financieros ponen en escena para sortear la legalidad vigente cada día.

También han sido malversados financiando proyectos para los que los dineros públicos no estaban destinados. Entre otros muchos, proyectos deportivos que no han supuesto beneficio alguno para nadie, salvo para el alcalde o para el partido político en el poder. Beneficios en imagen que se traducen en votos siguiendo no sé qué dictados de los deseos de la opinión pública justificados por los sondeos y encuestas de rigor.

Quienes deben ser destinatarios de esas aportaciones dinerarias desde las instituciones públicas —hablo de las aportaciones destinadas al deporte— son las federaciones y agrupaciones deportivas legalmente reconocidas por los poderes públicos; en el ámbito local los receptores han de ser las entidades deportivas legalmente constituidas que colaboren con las Administraciones locales en la consecución de sus fines, siempre ateniéndose a criterios de justeza. Lo demás, es malversar dinero público entregándoselo a prestidigitadores.

Que les gustaría un ejemplo… Pues visiten esta noticia:

Los patrocinios, el medio no convencional que más crece
El marketing con causa gana enteros entre las empresas

Después de leer la noticia a mí me entra la risa floja. Es como si para justificar un desmán sirviera con darle un nombre al despropósito, queriendo hacer bueno aquel proverbio chino: “el principio de la sabiduría radica en darle a las cosas el nombre apropiado”.

Pero se olvidan de que en esta ocasión se trata de dinero público. Mucho naming rights y mucha gaita, pero en el país en el que se puso en boga esta modalidad de patrocinio (los tan criticados USA) se ha recurrido a grandes empresas, a multinacionales que entienden que ese tipo de patrocinios les es ventajoso, y nunca a una Administración pública.

Díganme qué ventaja obtiene la Comunidad Foral de Navarra con este dichoso naming rights y qué ventaja obtienen los ciudadanos con ello. Sí, claro, beneficios intangibles e incuantificables, como se decía en mi último artículo. El dinero público no es para entregárselo a prestidigitadores. ¿A quién compete su custodia y por qué no interviene? ¿Aguardará a que la situación alcance dimensiones insostenibles como las del caso Marbella?

14 de abril de 2006
75º Aniversario de nuestra República  

Actualización del 14.04.2006 a las 03:50 h.

Dejo aquí un enlace al Buzón de Alcance en el que se comenta, a raíz de otro artículo, un caso de entrega millonaria de fondos públicos en forma de terrenos de dominio público a una entidad privada deportiva dedicada al fútbol, y que ya ha sido declarado ilegal por la Justicia española.

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