¡¡Feliz verano a todos!! (y prudencia al volante)

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El año pasado leí a uno de esos blogueros que pasan por gurús del invento que decía no entender por qué si las bitácoras son una afición que se lleva adelante en los ratos de ocio los bitacoristas se tienen que tomar unas vacaciones.

Pues para esta incómoda pregunta encuentro una sencilla respuesta.

Porque uno debe descansar hasta de lo que le gusta hacer. Y porque, sin pretenderlo, la bitácora se convierte en una ocupación que demanda tiempo. Y llegadas ciertas fechas del año, a uno le apetece más dedicar ese tiempo a otras labores. De lo contrario uno puede llegar a encontrar tedioso lo que antes le resultaba gratificante.

Así pues, durante las próximas seis semanas, este rompepelotas se va a dedicar a otras cosas que también le gustan.

Mientras que aminoran los calores del estío he creído oportuno recoger el guante que Juan Puñetas lanzaba en un post de su siempre adictivo Arco, y dejar en la portada de la Aguja unas notas de humor.

El deporte no suele propiciar muy buenos chistes de esos que se cuentan en las tertulias —o eso me parece a mí—. Otra cosa son las tiras cómicas que en los diarios reflejan la actualidad más mordaz, y que siempre guardan esa chispa que nos hace sonreír a la par que reflexionar.

He escogido una serie de chistes de deportes que me han parecido buenos y que pueden ser encontrados en las miles de páginas dedicadas al humor que hay en Internet. Seguro que alguno —o todos— ya le suenan a mi amable lector.

Tan sólo pretendo hacerle sonreír hasta que este cáustico e irreverente observador deportivo vuelva a escribir con saña y acidez sobre los entresijos del deporte allá por los inicios del mes de septiembre. Hasta entonces, que pasen un feliz verano.

Y, por favor, CONDUZCAN CON PRUDENCIA.

» Hattrick:

Llega el hijo después de jugar un partido de fútbol a su casa y le dice a su padre:
—Papá, jugué el mejor partido de mi vida; hice 3 goles.
Y le pregunta el padre:
—¡Hijo mío!, ¿cómo quedasteis?
—Perdimos 2-1

» De compras:

Un tío totalmente desnudo exceptuando que va calzado con unas zapatillas de deporte está de compras por la planta de deportes de unos grandes almacenes…
Coge una raqueta y se acerca al dependiente más cercano diciéndole:
—Perdone, ¿me puede decir qué precio tiene esta raqueta?
El dependiente perplejo mirándole de arriba abajo le dice:
—120 euros
—Para mí serán 60 euros ¿no?
—¡Anda! ¿Y eso por qué? —le pregunta el dependiente.
Y el tío le contesta:
—¿No pone en ese cartel “50% DE DESCUENTO EN PELOTAS Y ZAPATILLAS”?

» En la Guerra Fría:

Un ruso y un americano echan una carrera y la gana el ruso.
Los titulares en los periódicos rusos dicen:
«Rusia en primer lugar, Estados Unidos en último»
Los titulares en los periódicos americanos dicen:
«USA en segundo lugar, los rusos quedan penúltimos»

» La hinchada:

Dos amigos deciden ir a los Juegos Olímpicos a ver la final de piragüismo para animar al equipo español. Los dos se colocan encima de un puente para seguir la carrera pero no logran distinguir los equipos, así que no saben quiénes son los españoles. Al cabo de cinco minutos pasa la primera K-2, y los dos hinchas se ponen a chillar:
—¡MAMONES,CAPULLOS…!
Los piragüistas miran para arriba pero continúan remando. Lo mismo repiten con la siguiente piragua, y les vuelven a chillar:
—¡MAMONES,CAPULLOS…!
Los piragüistas, extrañados, continúan su regata. Siguen con la misma técnica cuando llega la tercera K-2, y les gritan:
—¡MAMONES,CAPULLOS…!
Los piragüistas levantan la cabeza y con cara de pocos amigos contestan:
—¡¡¡ TU PUTA MADRE!!!, ¡BAJAD AQUÍ ABAJO SI TENEIS PELOTAS!
Entonces uno de los hinchas grita:
—¡ÉSTOS SON, ÉSTOS SON! ¡E’-PA-ÑA, E’-PA-ÑA, E’-PA-ÑA!

» Espectador de lujo:

Va una selección a jugar un partido de fútbol de la fase clasificatoria para la Eurocopa a Londres, pero debido a la intensa niebla se suspende el encuentro.
Ya en el aeropuerto se dan cuenta de que falta el portero; deciden retrasar el viaje y le van a buscar.
Se lo encuentran defendiendo la portería y le dicen:
—¿Pero qué haces aquí si el partido se ha suspendido?
Y contesta el portero:
—¡Ya me extrañaba a mí que domináramos tanto!

» Sibaritas:

La situación ocurre en un club. Un grupo de hombres están en los vestuarios después de hacer deporte. De pronto, un móvil, que se encontraba sobre un banco de madera, comienza a sonar; uno de los hombres lo coge y contesta:
—¿Hola?
—¿Cariño, eres tú? Es que se oye fatal.
—Sí, mi amor.
—¿Estás en el club?
—Sí.
—Es que estoy enfrente del escaparate de una tienda viendo un abrigo de piel precioso. ¿Puedo comprarlo?
—¿Cuánto vale?
—Tan sólo dos mil euros.
—Está bien, y de paso cómprate un bolso que le haga juego, mi amor.
—Gracias, mi cielo. También quiero decirte que…, bueno, resulta que pasé por el concesionario de coches y pensaba que igual ya era el momento de cambiar el nuestro, así que entré y pregunté y ¿qué crees? Resulta que el BMW está en oferta y hay uno monísimo, que me ha gustado mucho.
—¿Cuánto vale el monísimo coche con la oferta?
—Son sólo sesenta mil euros, pero es que el coche está fantástico.
—Está bien, pero por ese precio lo quiero con todos los accesorios. Trata de conseguir algún descuento.
—Sí, cariño, te prometo que voy a tratar de conseguir algún descuento.
La mujer, viendo que todas sus peticiones son aceptadas, decide arriesgarse:
—Cariño, ¿recuerdas que mi mamá quería venir a vivir con nosotros? ¿Te parece que la invite por un mes, como prueba, y el mes que viene lo volvemos a hablar?
—Bueno, pero no pidas nada más, por favor, ¿eh?
—¡Sí, sí, está bien! Ah, y te quiero muchísimo.
—Yo también te quiero; un besito y adiós.
Al colgar el teléfono, el hombre se gira al grupo y pregunta:
—¿De quién es este móvil?

» Afición:

En la final del Mundial, un hombre está sentado en las gradas viendo el partido. Junto a él, un asiento vacío. Otro aficionado se le acerca y le pregunta:
—¿Este asiento está ocupado?
—No. Era de mi esposa, pero como ha muerto…
—Vaya, ¿y no ha venido ningún amigo a acompañarle?
—Pues no. Han preferido ir al funeral.

» Fair play:

Se encuentran dos amigos que hacía tiempo que no se veían y le pregunta uno a otro:
—Oye, ¿aún juegas al tenis con Antonio?
—A ver, ¿tú jugarías al tenis con un tipo que te ha estrellado el coche, te ha puesto los cuernos con tu mujer, te debe 30.000 euros y se acuesta con tu hija?
—No, claro que no.
—Pues Antonio tampoco.

» Futboleros:

Están un padre y un hijo en la puerta del estadio y se da cuenta el padre de que se le han olvidado las entradas para ver a la selección española:
—Ve corriendo a casa y tráete las entradas.
El hijo se va corriendo y a los 15 minutos vuelve:
—Papá, no te lo vas a creer pero mamá estaba con otro hombre.
—Tú sí que no te lo vas a creer, ¡no juegan ni Puyol ni Raúl!

18 de julio de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 De cabeza

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Asisto con perplejidad a los acontecimientos que se están derivando del cabezazo que Zidane propició a Materazzi.

Repasemos. En la cúspide del deporte mundial —en la final del campeonato del mundo de fútbol profesional— el astro del momento, un marsellés de origen argelino, agrede a uno de sus rivales italianos. La imagen es retransmitida a todos los rincones del mundo.

El árbitro, juez del partido, toma la sabia decisión de mostrar tarjeta roja al francés, expulsándolo del juego.

Se da la circunstancia de que éste era el último partido del capitán de “les Bleus” como deportista profesional, y había demostrado ser el mejor jugador del campeonato.

Con su acción dejó a su equipo con diez jugadores en un momento más que delicado, yendo empatados a un gol cuando estaba finalizando el tiempo de prórroga.

La agresión es indigna de un deportista que se precie. Cuanto más de una estrella del balompié.

Es evidente que la agresión ha sido una reacción a algo que Materazzi le ha dicho al genio galo.

Pero nadie puede tomarse la justicia por su cuenta, al menos en un entorno democrático como pretende ser el fútbol mundial.

Éste es uno de los pilares de la jurisprudencia universal. Y otro de los pilares básicos del derecho continental es que la reacción ha de ser proporcional al ataque sufrido.

Ningún juez dará por buena una agresión física como respuesta a una ofensa verbal.

Como atenuante suele exponerse el inmediato arrepentimiento tras la acción. Pero Zidane ya ha expresado públicamente que no se arrepiente de su acto. El no-arrepentimiento no supone en sí un agravante, pero no dice nada a favor de este gran jugador de fútbol.

Todas estas declaraciones tras el incidente me hacen pensar que o bien el franchute no está siendo bien aconsejado o bien se nos está desvelando una personalidad inmadura. ¿Cómo puede decir que lamenta la acción, que pide disculpas por ella, pero que no se arrepiente?

El razonamiento pueril del ya ex-jugador no es aceptable desde la mentalidad de una persona madura. Ha llegado a decir que arrepentirse sería como darle la razón a Materazzi por lo que le dijo. En mi país existe un dicho: “el que se pica…”.

Un grupo de psicólogos han manifestado en un diario que la personalidad de Zidane es hipercontroladora y que cuando estalla, su respuesta es desproporcionada. O sea, que está acostumbrado a mandar y que cuando las cosas no van como a él le gustan se mosquea. Lo que una vez más denota falta de madurez emocional.

Se especula a día de hoy con la frase que pudo haber proferido el trasalpino. Parece ser que una mezcla de sexo, familia, religión y terrorismo es la máxima apuesta. Aunque yo no descartaría que Zidane hubiera escuchado algo que Materazzi no dijo. Quiero decir, una mala interpretación. La palabra “terrone” es un calificativo peyorativo que se reserva en Italia para los habitantes de la zona meridional.

En resumidas cuentas, que Zidane, quien vivió en Italia con motivo de su profesión, bien pudiera haberse desquitado llamando al defensa finocchio, insulto que escuece a los italianos. Pero prefirió golpear al jugador azzurri.

Tras el triste espectáculo, Zidane, en sus declaraciones, asume que debe ser castigado —sanción que no cumplirá (porque ha dejado de jugar) y que no pagará (porque lo hará su federación)— pero pide que se castigue también la provocación de que fue objeto.

Esto es algo inédito en el fútbol mundial. Es sabido que los jugadores acostumbran a llamarse de todo, e incluso ex-figuras del balompié abogan por que “lo que se dice en la cancha queda en la cancha”. Pero la mudable FIFA ha hecho caso al gabacho y ya ha abierto expediente a Materazzi.

Haré mi vaticinio particular. Si la FIFA castiga al italiano por insultar a su rival se abrirá un precedente que terminará por colapsar los tribunales deportivos. Algo que debería ser, pero que la FIFA no querrá padecer.

Lo que lamento no es que se abra expediente al agredido, sino que se haya hecho a instancias del agresor. Si hubiera sido Materazzi el agresor y Zidane el provocador, nadie hubiera hecho caso al italiano y le habrían condenado a la hoguera sin remisión.

Pero todavía le queda a Marco Materazzi la posibilidad de acudir a la justicia ordinaria y denunciar la agresión. El golpe estaba dado con toda la mala intención, y nadie habla de las funestas consecuencias que pudo haber tenido. Veremos qué dice, si llega el caso, el juez alemán.

14 de julio de 2006
¡Enhorabuena, Puente de Portugalete!

»Patrimonio de la Humanidad

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 La cuenta de la vieja

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Colaboración especial para Voz Editorial

Voy a contrastar dos noticias sin conexión, pero que quizá sacándoles un poco de punta con esta Aguja nos dejen alguna reflexión ladina.

El pasado 13 de abril conocíamos por la prensa el saldo económico arrojado por los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Turín este mismo año 2006. Los 31 millones de euros, que se hacen fáciles de asimilar, son también 5.158 millones de pesetas, quizá ya un poco menos fáciles de digerir así, en el frío alpino.

Dos días antes la FIFA había hecho público que en el año 2005 obtuvo una ganancia de 164,9 millones de dólares. La diferencia económica de la gestión es brutal: son 33.000¹000.000 de pesetas —con subíndice, como se escribía antes— teniendo en cuenta los números rojos cosechados en Italia.

Me llama la atención el déficit con el que siempre terminan cargando las Administraciones públicas mientras que los organismos privados cierran sus ejercicios con superávit.

Aquí algo falla. No es posible que los torpes estén siempre gestionando las Administraciones públicas y los listos estén en los organismos privados.

¿O sí…?

Al frente de las Administraciones en los USA encontramos banqueros, petroleros, o personas que han demostrado su valía como gestores. Primero han levantado su negocio de la nada y es después cuando el pueblo les pide que gestionen la mayor empresa del estado o del país, que son el propio estado o el país.

Aquí nuestros políticos son maestros, abogados o abonados a profesiones liberales que no han levantado empresa alguna. Primero se hacen con un nombre en el campo político y después acaban siendo consejeros en hidroeléctricas, en bancos o en refinerías.

En los USA cuando alguien llega a político suele peinar canas. Aquí, cuando comienzan a peinar canas en la política, es cuando se retiran al mundo empresarial.

No aseguraré que aquél sistema es mejor que el nuestro. Pero sí reconozco que —quizá— cuando tengamos sus doscientos años largos de democracia nos asemejaremos más a aquel sistema de lo que nos parecemos ahora. Desde luego los españoles, con tan sólo veinticinco democráticos añitos recién cumplidos, no pretenderemos dar lecciones de gestión democrática a los americanos.

¿O sí…?

Es obligado reconocer que los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 dejaron beneficios —o eso dicen—, mientras que los de Madrid 2016, si se da el caso, nos costarán un huevo y la yema de… otro. De hecho, ya nos ha costado dinero la no-organización de los Juegos Olímpicos del 2012… y los de invierno del 2014.

Si Hacienda somos todos, como reza el eslogan; si a la hora de recaudar, el dinero público es de todos: ¿por qué no se asume que el dinero es también de todos a la hora ir a escote con los gastos que generan ciertos eventos multitudinarios?

El dinero público —el dinero de todos— vuelve a las manos de los ricos, que son los que hacen negocio en los palcos de fútbol. Y siguen enriqueciéndose con los Juegos Olímpicos, con los mundiales, con los Juegos del Mediterráneo, con Exposiciones Universales y con mil zarandajas faraónicas más, como regatas de veleros.

Si la riqueza que generan esos eventos se la embolsan los de siempre a la par que esos mismos eventos generan también un gasto público, ¿dónde está el beneficio para el contribuyente de a pie? No es posible que la empresa pública —que somos todos, nos recalcan con el eslogan— acabe perdiendo dinero, porque quien pierde dinero somos todos. ¿Por qué no se gestiona la empresa pública como si fuera empresa privada, puesto que cierran con beneficios?

Encontramos pelotazos urbanísticos en la costa septentrional, corrupción política en la costa meridional, veleros reales en el levante español y proyectos olímpicos en el centro y en la frontera pirenaica del país. Mientras, el CSD se pierde en arreglar asuntos que no le incumben —como el deporte profesional— cuando lo que deberían reglar es la práctica deportiva, el deporte de base, el deporte ciudadano, el deporte para todos, las instalaciones, las titulaciones técnicas y de jueces, el deporte universitario o la cooperación entre federaciones deportivas.

Y dejarse de mediar en pactos entre ligas profesionales y sociedades anónimas deportivas y dedicarle el tiempo y los esfuerzos a federaciones y ayuntamientos.

Había una canción —ya no recuerdo al grupo y apenas el título— en mi Bilbao, mi gran Bilbao de hace treinta años. Hablaba de nuestra ciudad y del estado en el que se encontraba. El estribillo decía:

Ésta, señores, también es mi ciudad,
ahora que ya la han deshecho,
váyanse y déjenme en paz.

Señores, la especulación de sus intereses no acabarán con el Deporte pero sí con todo lo que tiene de sano.

Nota: el inicio de estas conclusiones da por buenos los datos suministrados por los propios organismos rectores. Puestos a dudar de su veracidad yo diría que las pérdidas en Italia pueden haber sido minimizadas de cara a la opinión pública y las ganancias de la FIFA pueden ser superiores a las ofrecidas.

11 de julio de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Popularidad

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Colaboración especial para Voz Editorial

Soy un deportista de elite, y he participado en numerosos encuentros internacionales representando a mi país. Mi rostro es bastante conocido por haber aparecido en prensa, en revistas y en televisión. Soy uno de esos que han ganado fama, prestigio y dinero disfrutando con mi deporte favorito, que finalmente se ha convertido en mi modo de vida.

Sin embargo, llevo varios meses arrastrando una de esas malas rachas. Mi forma física no ha disminuido tanto como para que sea evidente, pero no acabo de recuperarme de una lesión que me está martirizando.

Es una lesión que me permitiría hacer vida normal —la que hace cualquier ciudadano— salvo que para mí hacer vida normal implica realizar varios esfuerzos diarios. Y no puedo. O al menos no puedo en la medida que lo he venido haciendo hasta ahora.

Siempre he gozado de la estima del público, pero de un tiempo a esta parte las críticas de los aficionados han comenzado a caer sobre mi persona. No es que estén haciendo mella en mi ánimo —o al menos no lo creo—, pero he de confesar que no me gusta.

No entiendo por qué la gente se permite criticarme ácidamente sin conocerme. Podría hacer pública mi lesión, pero a mí me sonaría a justificación. Y no tengo por qué justificarme ante la opinión pública. En mi club lo saben y estamos trabajando en ello. Eso es suficiente.

Además, sería darles datos innecesarios a mis rivales, a los que me tengo que seguir enfrentando en el futuro más inmediato.

Porque —es lo que tiene esta profesión— no puedo decir que me duele aquí y quedarme en casa esperando a que se me pase. Debo seguir demostrando quien soy y que no flaqueo. Hay unos compromisos adquiridos.

No llego a entender por qué estoy siendo criticado hasta en lo personal por gentes que ni conozco y que ni me conocen. Eso sí, parece que ellos creen conocerme. (Al fin y al cabo me ven casi a diario por todas partes).

Hace unos días entré en un establecimiento a media tarde a tomar un cafelito. En la tele estaban reponiendo una de mis últimas actuaciones. Un grupo de aficionados, que no repararon en mí, comenzaron a criticarme. Que si lento, que si viejo, que si desmotivado, que si ya tengo mucho dinero…

Toda esa gente me tenía al lado y ni me reconocieron. Una barba de una semana y una gorra han servido para que no me reconozcan quienes pareciera que tuvieran trato diario conmigo a juzgar por sus expresiones.

¿Qué le debo yo a este público que parece sentirse decepcionado conmigo? ¿Dónde estaban cuando de infantil entrenaba bajo la lluvia y mi padre venía por la noche a recogerme y me tenía que cambiar en la calle antes de entrar al coche para no ponérselo perdido?

¿Dónde estaban las noches en las que mi madre velaba por mí porque tenía 40º de fiebre como resultado del frío que cogía por no abrigarme convenientemente tras el esfuerzo?

¿Por qué no me ayudaron a convencer a mis padres cuando decidí dejar los estudios para dedicarle más tiempo a mis entrenamientos?

Tampoco me acompañaron en aquella operación quirúrgica en la que se jugaba mi futuro deportivo, siendo todavía un don nadie. Sin embargo, y pese a los reproches por mi dedicación al deporte, mi padre estuvo todo el rato al pie del cañón.

Cuando comencé a despuntar y parecía que se perfilaba ante mí un futuro esperanzador, tampoco vi a ninguno de estos aficionados apoyándonos a mi familia y a mí en la durísima negociación que mantuvimos con aquel club que sí que confió en mí pero que por ello se llevó una buena tajada.

Ninguno de estos “amigos míos” guarda uno de aquellos primeros recortes de prensa de cuando mis primeras participaciones profesionales. Los que sí son mis amigos iban diciendo: “Mira, éste es amigo mío desde pequeñitos”, y enseñaban los pequeños recortes a todo el mundo en su Facultad.

Cuando debuté internacionalmente llegaron entonces los flashes, los neones y los contratos publicitarios. Fue, lo recuerdo perfectamente, una participación soberbia.

Pero durante las dudas y los temores previos a mi debut, durante toda aquella larga e interminable semana previa, nadie de estos aficionados me llamó por teléfono para infundirme ánimos y confianza, como hicieron mis familiares y mis amistades.

Alcancé, después de mucho tiempo, de mucho trabajo, de mucho dinero invertido, de mucho esfuerzo, de mucho sacrificio, la popularidad en el deporte.

Un rostro joven, sano, y con un futuro brillante y prometedor. Las gentes comenzaron a identificarse conmigo. Todo eran clamores y vítores por donde pasaba. Todo el mundo me jaleaba y me llamaba de tú, con una confianza como si me conocieran de toda la vida (este detalle aún me llama mucho la atención).

He estado en esa cresta de la ola durante cinco años. Ahora mi rendimiento ha bajado un tanto. No, no estoy acabado. O al menos eso espero. Aún soy joven. Y soy joven para mi deporte.

Pero el público me critica sin saber, sin preguntar, sin información, sin motivo.

¿Y qué le debo yo a este público otrora enfervorizado con mis actuaciones? ¿Qué ha hecho por mí este público que hoy me vilipendia?

¿Llenar los estadios para verme? ¿No lo habrán hecho por ellos mismos?

Si yo no hubiese sido el ídolo del momento lo habría sido otro. Y ese mismo público hubiera acudido en igual tropel. Luego no lo han hecho por mí.

Así pues, me siento decepcionado con las gentes que dicen conocerme y entenderme. Incluso los periodistas parece que se hacen eco de este sentir y noto cómo he comenzado a ser el blanco de preguntas insidiosas cuando antes todo era admiración y respeto.

Volveré a demostrar que soy el mejor. Pero no por ese público ni por esa afición, sino por mí, por mi familia y por mis amigos. Éstos sí se merecen que siga esforzándome día a día.

7 de julio de 2006
San Fermín

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 Comedor público

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En esta ocasión la noticia venía acompañada de una fotografía que proporciona toda la información que nos concierne. Les ofrezco la imagen y seguidamente hablamos.

Se nos presenta una finalidad altruista, cual era recoger fondos para cierta obra benéfica, que —a lo visto— precisó de un ágape utilizando un bien público cuya finalidad es bien otra.

Después de que la Administración autonómica dotara de 80 millones de pesetas —en pesetas se hizo la aportación— al pueblo para la construcción de un polideportivo, el alcalde consiente que se reunieran cuatrocientas personas para comer en la instalación deportiva municipal.

¿No podían haberse reunido en un descampado cercano como los que abundan en los pueblos? ¿Llovía? Hay empresas que alquilan carpas en previsión de estas contingencias, pero aún así parece ser que no hubo ningún tipo de premura, puesto que se pusieron a la venta cuatrocientas entradas para acceder a este inconsecuente comedor público.

¿Era necesario congregar a ese contingente con la disculpa de comer para que aportaran dinero? Sabemos que la Iglesia estaba tras este desaguisado autorizado por el imberbe alcalde. ¿Por qué no comieron en el templo? Ya puestos… Para un deportista supone igual sacrilegio comer en un polideportivo. ¿Era necesario mancillar este otro templo donde se rinde culto al cuerpo en vez de al espíritu?

Resulta que ahora la Iglesia precisa organizar comilonas para que los devotos aflojen el bolsillo. Da la sensación de que les va restando escaso crédito ante sus feligreses.

¿Se impidió utilizar en fin de semana esta instalación a quien desease darle el uso único para el que fue construida? Recordemos que el gasto público que se dedicó en conjunto a la obra fue de cien milloncejos de pesetas pagados por todos, no por el alcalde y el párroco que han hecho un uso torticero de un bien público aunque se nos presenten como filántropos genuinos.

¿Es éste el respeto que le merece a la Corporación el ámbito deportivo? ¿Por qué no se celebró la comida en el Consistorio si tan obligado estaba el alcalde con el cura?

Pero no se trata sólo de unas ideas personales e inflexibles. Se trata de una contravención a un convenio firmado por el ayuntamiento y la Administración autonómica. Vean la cláusula sexta.3, en la que se estipula que el ayuntamiento: “se compromete a mantener las instalaciones en su fin exclusivamente deportivo y en perfecto estado de conservación.

La noticia apareció en la prensa regional con la fotografía aquí recogida. ¿No va a actuar de oficio la Administración deportiva competente? ¿Para qué están entonces? ¿Son los convenios firmados entre Administraciones papel mojado? O manchado de grasa, que tanto da.

¿Con qué fuerza de moral puede ahora exigir un profesor de Educación Física al director del centro docente que se enfrente al alcalde para que el gimnasio o polideportivo escolar —el aula donde se imparte una materia curricular— no sea usurpado para una feria, o un concierto si llega el caso?

La Educación Física y el Deporte siguen siendo la asignatura maría en España. Si para muestra vale un botón, aquí tienen la falta de respeto con la que han sido tratadas unas instalaciones deportivas públicas. Mucho nos queda por aprender para merecer respeto en el medallero olímpico.

No se nos informa del estado en el que quedó el parqué polideportivo. ¿O sería el firme de cemento? ¿Gastarían los organizadores en una moqueta protectora para no ensuciarlo y deteriorarlo con las mesas y calzado de suela de los concitados? ¿O se les exigió que acudieran todos ellos en zapatillas deportivas? Sí queda bien claro en el cuerpo de la noticia que ésta es la segunda edición, y habida cuenta del éxito es de suponer que se institucionalice.

Grave, muy grave me parece lo que ha ocurrido en este municipio que lloró y lloró por su polideportivo para ahora convertirlo en salón de banquetes. Como consuelo, sirva pensar que esto que hoy se relata aquí ocurre semanalmente a lo largo y ancho de nuestra geografía hispana. ¿Consuelo o desolación?

4 de julio de 2006

Actualizacion del 5.07.2006 a las 19:35 h.

• Estoy oyendo la radio en estos momentos e informan de que el funeral de algunas de las víctimas del accidente del metro de Valencia se está celebrando en un polideportivo. Éste es un caso bien distinto del aquí criticado. Entiendo que un banquete, aun con todo el altruismo del que se le quiera revestir, dista mucho de ser un fin humanitario.

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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