Por si alguien no acababa de creerlo (o tal vez esperaba que no ocurriera), ya estoy aquí avisando de que el primero de septiembre volveré a escribir sobre esos aspectos del mundo deportivo que no acostumbran a ser caldo habitual de primicias y exclusivas, de portadas y reportajes.

Observo con agrado que mis bitacoristas deportivos preferidos ya están velando armas en este patio de los bites online.

Y aguardo a certificar que mi amigo Juan Puñetas, del Arco aparece también el día primero del mes noveno, tal y como nos dijo con motivo de su bajada de bandera veraniega.

Compruebo también que la mayoría de esas bitácoras han renovado sus escaparates. Eso es un indicador del grado de compromiso y seriedad con que algunos se han tomado esto del bitacoreo.

En la Aguja hicimos unos mínimos cambios en el exterior del vestido antes de cerrar el chiringuito allá por comienzos del mes de julio. Unos arreglillos en el formulario de comentarios, un enlace a un traductor de webs y alguna otra cosa más.

También hemos puesto a un timonel al frente de la mancheta de la bitácora. Eso sí, en vez de un timonel deportivo es un marinero auténtico, un lobo de mar de los de toda la vida, un arrantzale de los que se baten el cobre con el bacalao.

Y es que el oficio de la mar está perdiendo credibilidad con los palmitos vip con que pretenden regalarnos desde algunas multinacionales españolas.

Que sí, que es muy bonito el esfuerzo colectivo de unos tíos que no tienen otras pelotas con las que jugar y se van a dar una ciaboga donde el viento da la vuelta en un barquito velero. Pero cuando las cosas se ponen mal, dejan que el barco se hunda porque ya tendrán otro para la próxima.

O esos otros vips que navegaron de Palma a Valencia para comer con la Organización de la America Cup’s, evento con el que nos bombardearán el año entrante y con el que algunos ya han hecho su agosto (éste, el del año pasado, y todos los agostos del próximo decenio).

No, no es serio tratar de glorificar ahora los peligros de la mar mostrándonos los polos de marca de esos atorrantes vips, borrando con ello de un plumazo todo el esfuerzo que derrocharon nuestros abuelos y todas las lágrimas que vertieron nuestras abuelas, para quienes abandonar el barco era algo impensable.

No puede ser que ahora los serios asuntos de la mar sean cosa de pedorros esnobs aburridos.

Pero volviendo a la presentación de la tercera temporada, que es lo que me ha llevado a emborronar una vez más estos bites en línea, en la Aguja mantendremos una temporada más este diseño híbrido que pretende semejar un papel arrugado y rasgado sobre una especie de pergamino desleído.

Eso sí. No hemos dejado pasar en balde el verano y, al igual que nuestros compañeros bitacoristas, tenemos algún proyecto nuevo que presentarles entre los meses de octubre y noviembre venideros.

Me gustaría que el invento fuera del gusto de todos ustedes y que le dispensasen una buena acogida. Más que nada porque el proyecto pretende ser de todos y para todos.

25 de agosto de 2006