Malos tiempos

11
minipost del miniblog

No soplan buenos vientos sobre el fútbol español.

Ya he dicho en otras ocasiones que nada es inmutable. O como dice en algún sitio el Tao Te King: “nada permanece, todo cambia”.

La actual prevalencia del fútbol sobre las otras modalidades deportivas tampoco permanecerá. Las grandes estructuras tienden a anquilosarse y colapsar.

Quizá estemos empezando a vivir las vísperas de cambios profundos. Repasaré los últimos avisos de la ruina que se avecina.

A)— Ridículo mayúsculo en el último campeonato del mundo, que no hubiera sido tan marcado si no se hubieran cifrado en la selección de millonarios expectativas infundadas.

Para más inri, la selección de otros millonarios, más altos y menos creídos, obtuvo a los pocos meses el título mundial absoluto.

B)— En los países vecinos de nuestro entorno económico ya se conocen casos de corrupción en las primeras ligas nacionales: Italia, Alemania, Bélgica…

Me parece atípico que en España no se hayan detectado crujidos de este tipo, aunque continuamente se vierten sospechas más o menos veladas sobre lo casual de que los equipos más cercanos al Gobierno de turno comiencen a ganar ligas.

El día que se destape el escándalo nos cogerá avisados. Si es que hubiera algún escándalo que destapar, que el Estado de derecho nos ampara a todos con la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario.

C)— Los índices de audiencia televisiva del fútbol han ido bajando paulatinamente en la última década, y parece que siguen a la baja.

D)— La UEFA, con su actitud nada democrática de extorsionar a las asociaciones privadas que la conforman para que no acudan a la Justicia —aún no sé por qué la llaman “justicia ordinaria”—, colabora allanando el camino hacia la debacle.

E)— Los equipos profesionales están tomando conciencia de sus derechos habida cuenta de que mantienen la competición. A renglón seguido están llegando a la conclusión de que no pueden ser obligados a ceder sus activos a una supuesta selección nacional sin contraprestación alguna y sin cobertura por los riesgos asumidos.

F)— Tras la sentencia que confirmaba el pelotazo de la RFEF en el madrileño municipio de Las Rozas con su disonante Ciudad del Fútbol ahora ha llegado la confirmación del desahucio porque el Tribunal Supremo no ha admitido su recurso.

G)— Las pérdidas serán cuantiosas; de momento el dinero invertido en la construcción del hotelito y los campos de juego.

Perderán los ingresos de publicidad que generaba esta finca y los ingresos por prestación de servicios. Y quizá lleguen denuncias por deudas e incumplimiento de contratos… Ya sabemos que del árbol caído todo el mundo quiere hacer leña.

H)— El Tribunal de Cuentas ha encontrado irregularidades en el destino que la RFEF ha dado a las subvenciones (dinero público) concedidas por el CSD. La RFEF no podría demostrar el destino de 23.000.000 de euros.

Y de estos últimos puntos, ¿quién es el responsable? Algunos depredadores culpan —en pos de intereses personales— al presidente de la RFEF, Ángel María Villar.

No ejerceré la acción carroñera que practican algunos periodistas y algunos medios de comunicación, estimulados por el impulso que les llega del cemento y del asfalto, y me ceñiré al viejo refrán asturiano: tanta culpa tiene el que mata como el que tiene por la pata.

Los desmanes de la RFEF han sido consentidos por los poderes públicos y coreados por los poderes fácticos.

Pero esta vez el Secretario de Estado para el Deporte no será objeto de mis invectivas. En los años en que se permitía a la RFEF campar por sus respetos el señor Lissavetzky no presidía el CSD.

A pesar de su confesada predilección por el balompié don Jaime ha mantenido el tipo llegando hasta el fondo del asunto. Al César lo que es del César.

28 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
Puede opinar

 http://www.elespectador.eu/2006/11/malos-tiempos/trackback/

 Lo nunca visto

4
|

El mundo del deporte se presta a ciertas situaciones morbosas que logran aumentar la expectación.

Los derbis son prueba de ello. Que dos equipos del mismo barrio, del mismo pueblo o de la misma ciudad se enfrenten tiene su morbo. Morbosidad sana, si usted me entiende, que diría Sam Gamyi.

Existen competiciones de eliminación directa que encierran por ello cierta dosis de morbo extra. Y si el derbi es una final la carga de expectación —y de excitación— aumenta.

En los derbis individuales la morbosidad sube muchos enteros. Independientemente de la calidad del juego, la eliminación en un torneo de una de las hermanas Williams a manos de la otra acrecienta la expectación sobre ese partido.

Los duelos —deportivos— llevan una carga emotiva adicional para los aficionados cuando se trata de un enfrentamiento entre hermanos.

Y si el deporte es de contacto, se redobla la expectación. O el morbo…

En la NFL, la liga yanqui profesional de fútbol americano, deporte de contacto donde los haya, los gemelos Barber juegan en diferentes equipos. Además ocupan posiciones contrapuestas. Ronde Barber es jugador defensivo con los Tampa Bay Buccaneers y Tiki Barber jugador de ataque en los New York Giants.

Es posible un enfrentamiento directo entre ellos en el campo, aunque la posición de Ronde —cornerback— no sea la que habitualmente se encarga de parar a Tiki, que es runningback. Pero un partido entre sus equipos suscitará gran dosis de morbosa expectación.

Uno deberá parar al otro, y el segundo deberá pasar por encima del primero. Golpe y rudeza, calidad y predominancia. Los humanos somos así; qué le vamos a hacer.

Y si el enfrentamiento fraterno se diera en un deporte de combate rizaríamos el rizo.

Los hermanos Klitschko —Wladimir y Vitali— han sido campeones mundiales del peso pesado de boxeo. Pelean en diferentes organizaciones mundiales: Vitali en el WBC y Wladimir en la IBF.

Si hubieran sumado entre ellos los títulos de las cuatro federaciones, ¿hubieran exigido los aficionados la reunificación de coronas?

Los hermanos Klitschko dejaron siempre claro que nunca habría un duelo fraticida entre ellos…

En los deportes de combate se han dado otras situaciones complicadas de digerir. Como cuando un padre entrena a su hijo y es su coach en la esquina. ¿Tirará con más facilidad la toalla en caso de complicaciones o por contra será más exigente con su propio criterio?

Aunque usted no sea aficionado al boxeo o al kickboxing, deportes en los que está permitido el fuera de combate y que se basan en el castigo físico al rival, entenderá que no sea fácil vivir esta situación.

Pero por si no le parece suficientemente morboso esto último, compliquémoslo algo más.

Un hombre entrena a uno de los mejores campeones del mundo que tiene un alto porcentaje de combates ganados por K.O. Este entrenador tiene un hijo, que a su vez es campeón del mundo en una categoría diferente a la de su pupilo. Su hijo está considerado el mejor boxeador del mundo libra por libra, y él fue su entrenador hasta que rompieron relaciones con motivo de la defensa de un título mundial. Tras un largo tiempo se reconciliaron.

Un día los caminos de su hijo y de su pupilo se cruzan. El duelo se perfila como la mejor pelea del momento. Será uno de esos combates del siglo.

Si usted fuera ese hombre…, si usted fuera Floyd Mayweather Sr., padre de Floyd Mayweather Jr. y entrenador de Óscar de la Hoya, ¿qué haría?

24 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
Puede opinar

 http://www.elespectador.eu/2006/11/lo-nunca-visto/trackback/

 Designación a dedo

11
| | |

En el artículo anterior hablaba de las instalaciones deportivas municipales, y elucubraba desde la necesidad —o necedad— del impulso que han recibido a la ausencia de fórmulas en la Administración local para su mantenimiento y el desgaste que ello supone.

Igualmente es obligación de los ayuntamientos gestionar de forma eficiente los servicios deportivos —creados al socaire de las instalaciones—. Y para ello precisan contratar personal cualificado con garantías tanto para los administrados como para la empresa pública.

En el estamento del monitorado ningún ayuntamiento contrata por tiempo indefinido (lo que conocemos como contrato fijo). Sería un error mayúsculo obtener los servicios de un monitor bajo este modelo de contrato.

Los gustos del público por determinada especialidad deportiva —o por el propio monitor— pueden cambiar en tres o cuatro años. Y la formación de los monitores precisa una especialización y una dedicación —poniendo interés de su parte— que dificultan su reciclaje hacia otras actividades.

La motivación que alberga un joven monitor no es la que observamos en un veterano de cuarenta tacos. Estoy en disposición de afirmar que tras quince años de servicio la ilusión no es la misma (o dicho de otra forma, no pone el mismo entusiasmo un hombre de treinta y cinco años que un chaval de veinte, ¿verdad?).

Y si la retribución económica va a ser la misma con cuatro que con cuarenta entrenandos, me temo que el veterano y ya filtrado monitor no va a estar dispuesto a realizar ese esfuerzo discrecional que se precisa en los servicios deportivos.

Por lo tanto, la fórmula utilizada para la prestación del servicio del monitorado ha de ser forzosamente el contrato hasta finalización de obra o servicio, que se refleja por temporadas deportivas.

Algo similar ocurre con los coordinadores deportivos, gerentes o directores del organismo autónomo local —llamado Patronato, Instituto o Fundación Deportiva Municipal—. Al frente de los servicios de deportes han de estar personas dinámicas, capaces y trabajadoras, con capacidad para organizar lo que hay y para crear lo que no exista.

Es aquí donde nuestros alcaldes y concejales se pierden y acaban creando una plaza de coordinador deportivo —insisto en que la denominación de esta figura es diferente en cada municipio— mediante un contrato por tiempo indefinido o contrato fijo.

La dinámica que se suscita es similar a la que se observa en los monitores. Al cabo de cierto tiempo la desidia, la dejadez, la falta de impulso y de motivación, harán que el coordinador, gerente o director se haya hecho eficaz a base de experiencia —o de llevar batacazos, en algún caso que conozco—, pero que no sea ni eficiente ni efectivo.

Por contra, se habrá hecho un cómodo en su puesto laboral. ¿Por qué obligarse a organizar una carrera pedestre o un torneo de verano si al final del mes la nómina será la misma?

¿Cuál puede ser la solución? Pues el contrato administrativo por designación directa, regulado por el Real Decreto Legislativo 781/1986, (texto refundido de disposiciones sobre régimen local) en su artículo 176, y por la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local, que en su artículo 104 habla de los funcionarios eventuales:

2. El nombramiento y cese de estos funcionarios es libre y corresponde al Alcalde o al Presidente de la entidad local correspondiente. Cesan automáticamente en todo caso cuando se produzca el cese o expire el mandato de la autoridad a la que presten su función de confianza o asesoramiento.

Lo que peyorativamente llamamos designación a dedo en esta ocasión será un buen aliado para el administrado. Los funcionarios eventuales, también llamados personal de confianza —no sólo confianza política, también profesional—, están pendientes de las fluctuaciones de su gestión.

Ante una gestión mediocre el alcalde deberá depositar su confianza en otra persona. No mediará entonces indemnización económica alguna, ni tan siquiera aviso previo a la finalización del contrato. Se trata de un contrato administrativo y no de un contrato laboral. Esta situación es suficiente incentivo como para que el coordinador, gerente o director del organismo autónomo local no pierda su motivación.

Y los administrados agradecerán la buena marcha del servicio deportivo municipal, sin que éste se anquilose.

21 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
Puede opinar

 http://www.elespectador.eu/2006/11/designacion-a-dedo/trackback/

 Servicios municipales

3
| | |

Las Administraciones locales han ido asumiendo paulatinamente competencias en servicios prestados al ciudadano.

Pero esos servicios han generado unos gastos que difícilmente pueden llegar a sufragarse con las arcas municipales, lo que nos deja en la actual situación de endeudamiento de los ayuntamientos.

La culpa, como siempre, es de otros. Es de la Administración del Estado o de la Administración Autonómica, que no ceden ni un duro de la recaudación de los impuestos.

La solución hasta ahora ha sido gravar al ciudadano en los impuestos que los ayuntamientos tienen a mano. Por lo que nos encontramos con que todos esos impuestos están en los límites máximos que permite la ley.

Pero ésta es sólo una parte de la historia. La parte que se ve. Pero no es necesariamente la parte con mayor veracidad.

Existe otra realidad que permanece oculta y por lo tanto no es visible para un observador poco avisado.

Al frente de los Ayuntamientos están unas personas con su DNI personal y con sus intereses particulares. Son los llamados Alcaldes, esos vecinos que por arte de birlibirloque han llegado un día al Consistorio con tanta formación para el cargo como la que tenían el día de reflexión previo a la cita electoral.

Y claro, el voto es débil y es fácil caer en la tentación de ofrecer mejoras a los vecinos para que lo agradezcan llegado el momento.

Se llega a una espiral en la que se ofrece más de lo que se puede mantener. O dicho en palabras domésticas, se gasta más de lo que se ingresa.

Entramos en ese síndrome del 6 de enero que definí en el artículo enlazado, y vengan inauguraciones que finalizan en inundaciones. Las instalaciones necesitan de un mantenimiento y de una amortización. Y al cabo de seis meses el alcalde de turno no tiene empacho alguno en cerrar el Aula de la Montaña, o la Cueva de Perico, que fueron inauguradas a bombo y platillos.

No es el caso de los polideportivos y de las piscinas municipales, prácticamente imposibles de cerrar. Que sí, que está bien que todo el mundo haga deporte. Pero cada cual debe ser consciente de donde vive, y quien resida en Villanochetoledana no puede pretender que se le presten los mismos servicios que en la capital de la provincia, ni los de aquí tener los mismos servicios que en Madrid o Barcelona.

Y en esto el legislador ha sido sabio y ha dispuesto una serie de servicios imprescindibles que deben prestarse en todos los ayuntamientos.

Y ha dispuesto también que en función del número de habitantes de cada municipio los servicios obligatorios a prestar aumenten.

En la Ley 7/85, de Bases del Régimen Local, (artículo 26) encontramos que el legislador ha tenido en cuenta que sólo los municipios de más de 20.000 habitantes son los que deben ofrecer obligatoriamente instalaciones deportivas de uso público.

¿Cómo hemos podido llegar a la actual situación en la que prácticamente cada pueblo de 5.000 habitantes dispone de un polideportivo municipal? Los gastos de esta instalación no son pocos. Pongamos luz y agua, y calefacción en los que la haya. Y pongamos también los gastos de personal.

Sí, claro, que la gente que trabaja ha de cobrar un sueldo para poder vivir y poder seguir prestando el servicio al que están asignados. Encargados y recepcionistas, personal de limpieza y monitorado, administrativos y personal de mantenimiento…

¿Cómo es posible con los impuestos de 5.000 almas pretender mantener un servicio público que te viene grande sin que sea una carga para los dineros municipales? Tengamos en cuenta que la ley de tasas sólo permite cobrar el coste real del servicio.

Pero el coste real del servicio no es el coste real que el ayuntamiento ha de soportar, sino el coste real del servicio prestado. El polideportivo del pueblo, y no digamos la piscina municipal, siguen costando dinero cuando están cerrados.

¿No hubiera sido mejor renunciar desde un principio a esos servicios deportivos para los que el municipio no disponía de fondos? O mejor aún, ¿no hubiera sido mejor mancomunar estos servicios deportivos entre varios municipios, contribuyendo así al ahorro nacional?

Pues no, porque hay que ganar unas elecciones cada cuatro años a base de inaugurar obras. La culpa… de la Administración inmediatamente superior, ¡cómo no!

17 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
Puede opinar

 http://www.elespectador.eu/2006/11/servicios-municipales/trackback/

 Falsa moral

5
|

Colaboración especial para Voz Editorial

En el último artículo ponía en solfa los supuestos intereses filantrópicos del COI y de sus gobernantes. Ya deberíamos tener claro que el ideal olímpico es de color verde dinero.

Retomo la pregunta que hice allí: si hay dinero público para mejorar y ampliar las infraestructuras de una ciudad, ¿por qué no se impulsa desde la Administración esas mejoras para el ciudadano sin el pretexto de un evento deportivo? Máxime cuando su organización —sin contar las obras públicas— supondrá un déficit para la ciudad y por ende para el Estado.

¿Qué necesidad hay desde una Administración de seguirle el juego al COI? ¡Que organicen otros y que carguen con los descubiertos!

¿No será que las personas involucradas en la organización de tan faraónico evento ven promocionada su imagen, que al fin y al cabo es de la que van seguir comiendo cuando finalice su vida pública en esos puestos de dirección y gestión?

Es más fácil organizar cuando corre el dinero que cuando no hay un duro y hay que buscarlo debajo de las piedras.

Así, cuando estos gestores de lo público desembarcan en empresas que exigen sobriedad en el gasto, encallan y zozobran, terminando —casi por conmiseración— en un gris pero bien pagado puesto de consejero.

Veamos las estimaciones de gasto hechas públicas para los Juegos de 2008 y para los de 2012:

9.10.2006
¤ PRESUPUESTO DE 6.000 MILLONES DE DÓLARES
• Pekín no reparará en gastos para los JJOO

23.07.2006
¤ LONDRES 2012: 10.000 MILLONES
• La carrera olímpica sale cara

Conocemos el déficit generado en Atenas y el descontento que reina en esa ciudad tras los JJOO de 2004. Y también sabemos de las pérdidas económicas de Turín este mismo año 2006.

El dinero de las firmas comerciales y de las televisiones se diluye entre unos bolsillos y otros, y el desgaste que soportan las Administraciones no justifican el esfuerzo de organizar unos juegos instalados en el sibaritismo.

Nos hablan los señores del COI —los señores de los anillos— de pretender una anacrónica paz olímpica, pero los gastos fastuosos de las ceremonias de apertura y clausura, producto de sus exigencias, bien podrían ser invertidos en paliar el hambre en el mundo, en curar las enfermedades endémicas y en corregir el analfabetismo en las zonas menos privilegiadas.

Ésta es la solidaridad del a sí mismo llamado Primer Mundo para con los desheredados que han tenido la mala suerte de nacer en el Tercer Mundo.

Mucho llenarse la boca rememorando la época del clasicismo griego, pero la austeridad espartana no es precisamente la marca de la casa —salvo en los Juegos Paralímpicos—. No olvidemos que se trata tan sólo de jugar unos partidos, y de correr más rápido, saltar más alto y lanzar más fuerte.

Pero el lujo no llega a la villa olímpica, donde se alojan los verdaderos protagonistas. Las comodidades son para el palco: dirigentes políticos, dirigentes deportivos, dirigentes económicos, dirigentes sociales, y para reyes y otros palos de las rancias noblezas que deberían ser abolidas de una vez para siempre en nombre de la igualdad humana.

Los gastos en protocolos y en seguridad de las personalidades invitadas y de otras a las que se les antoja acudir se disparan siempre por encima de las estimaciones más amplias.

Todo ese derroche económico sale del bolsillo del contribuyente. No hay multinacional tan estúpida como para regalar su dinero. Si no hay suculentas contraprestaciones a cambio ninguna empresa invertirá ni un céntimo.

No se conciben hoy en día —con la complacencia del COI— unos JJOO sin celebraciones fastuosas. Ya nadie recuerda que fue un político europeo, de nombre Adolfo, quien por primera vez en 1936 se ocupó de organizar en Berlín una pomposa y suntuosa ceremonia de apertura. La actual grandiosidad que preside estas ceremonias es, pues, herencia directa del nazismo.

En torno a la celebración de los JJOO modernos crece una nueva forma de esclavitud: la prostitución organizada. Pero los tartufos de los anillos prefieren hablarnos de esa legendaria paz olímpica que quizá se daba circunstancialmente en el mundo heleno de hace tres mil años.

Existe igualmente un dispendio desproporcionado de dinero público que no ve recompensa alguna en torno a las candidaturas malogradas.

Puedo entender que nadie garantice la elección de la sede olímpica, pero entonces: ¿por qué concurrir con dinero público a un concurso que no aporta garantías?

Si tanto beneficio reporta la organización de unos JJOO en una ciudad concreta, ¿por qué no toma el liderazgo la iniciativa privada avalando económicamente la candidatura?

14 de noviembre de 2006

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
Puede opinar

 http://www.elespectador.eu/2006/11/falsa-moral/trackback/



ADHESIONES  Blogs Dominicanos  blog gratuito en WordPress.com  alojado en guebs.com  Mejor con Firefox  yo utilizo The Gimp  Combata el spam  protegido con Spam Karma 2