Cuando yo era niño los compañeros que tenían asma estaban exentos de la clase de Educación Física.

Y no por capricho. Se ahogaban en un ataque de tos si corrían a recoger la pelota que salía del campo mientras ellos miraban.

La vida cambia, y las ciencias adelantan que es una barbaridad. Ahora los asmáticos son campeones olímpicos y hacen podio en una de las más brutales pruebas físicas que soporta un ser humano por placer, Le Tour de France.

Ahora las primeras figuras del ciclismo internacional son los asmáticos (Pereiro), los enfermos de cáncer (Armstrong), los que tienen prótesis de caderas (Landis) y otras personas no agraciadas por la Naturaleza con un óptimo estado de salud.

Y los que mandan hablan de acabar con el dopaje, y hacen congresos mundiales para detectar un dopaje genético que aún no saben si existe.

La aguja que buscan en ese pajar está a punto de pincharles en el ojo con el que miran. Quizá es que la tengan en el ángulo muerto.

Con su eliminación de la Copa a manos de un Betis en horas bajas, el vestuario del R.Madrid ha reconocido tácitamente que su presidente tenía razón. Los jugadores del R.Madrid son unos sibaritas poco acostumbrados al sufrimiento físico.

Lo que ocurre es que este país se está convirtiendo en un país de hipócritas, de amigos de lo políticamente correcto.

Los de siempre han escrito que aunque Calderón tuviera razón no debía haber dicho lo que todo el mundo dice en la taberna.

Si les parece bien a estos demagogos de la blogosfera lo que el presidente del R.Madrid debería hacer es mirar para otro lado y dejar que cuatro niñatos mal acostumbrados hagan del club su cortijo particular.

No existe empresa alguna que pague a sus empleados más de lo que ganan los dueños. Aquí los empleados no rinden y se sienten ofendidos cuando son criticados. Cultura no tienen ninguna, y educación no saben lo que es. Pero eso sí, son muy simpáticos y tremendamente mediáticos.

Todavía no he visto a nadie que dijera que el presidente Calderón haya mentido. Pero los gurús blogosféricos ya le han juzgado y le han colocado un mono naranja.

Ahora Calderón debería dar un paso más y establecer unos criterios de percepción de ingresos conforme al rendimiento. Quien no alcance los mínimos exigibles a un atleta de elite en una batería de pruebas físicas realizada cada dos meses debería cobrar menos. Y establecer una tabla de descuentos de las retribuciones en función de la diferencia entre la gráfica obtenida y el estado de forma óptimo.

Y en España seguimos sin aprender que el oso hay que cazarlo antes y después iniciar la negociación para vender su piel. Los cuentos de la lechera han dado con los huesos de Marc Coma en una camilla en otra de las absurdas pruebas deportivas con las que el mundo civilizado invade el espacio de las poblaciones de los países menos favorecidos.

Pero el bueno de Marc ya se curaba en salud cuando hacía ver que aún quedaban dificultades por salvar: Puedo ganar el Dakar, o ser el tontín que lo perdió con una hora de ventaja.

La caída del piloto catalán le ha podido costar algo más importante que la victoria final. Jugarse la vida y la salud y la calidad de vida futura en una carrera de esnobs es una opción personal. Pero cada cual debe vivir conforme a sus creencias y a su voluntad. Siempre y cuando no perjudique a nadie.

En esta ocasión la prensa era algo más comedida: Marc Coma acaricia su segundo Dakar tras la etapa de transición. No entiendo qué necesidad periodística hay de hablar de lo futurible y de lo que aún no ha ocurrido.

19 de enero de 2007