Leo con tristeza que ha muerto el joven que en un partido de fútbol sala de División de Plata A chocaba con el portero rival y se golpeaba fuertemente la cabeza contra el suelo, produciéndose “varias fracturas en el cráneo y un traumatismo craneoencefálico que le mantenían en coma desde el sábado”.
Un chaval de 20 años que se encontró con la fatalidad en la pugna por el dichoso balón.
No quiero caer en la facilidad de glosar lo fútil del deporte y lo incongruente de dejarse la vida en el empeño. Otras especialidades hay más peligrosas que nos dejan su pequeña cosecha de víctimas mortales cada año.
Cada cual debe vivir conforme a sus creencias y a su voluntad. El fútbol sala es un deporte que entraña cierto riesgo y sus practicantes lo deben saber.
La dureza del pavimento, por mucho que evolucionen los materiales, tiene unos límites que cuando se han intentado transgredir han dado como resultado la inestabilidad en el equilibrio de los jugadores.
Desde esta humilde bitácora sólo puedo intentar enviar a sus familiares y amigos mi más sentido pésame y no seguir utilizando más espacio para ganar protagonismo.
Pero una frase del presidente del club en el que el jugador militaba me ha hecho empuñar con cierta rabia el teclado.
El presidente aseguró que el equipo no disputará el próximo partido que les haría viajar a Talavera (Toledo) desde Jumilla (Murcia). Y pronunciaba esta lacónica frase:
No sé lo que dirá la federación, pero nosotros no vamos a ir a jugar. No estamos en condiciones.
Tendría bemoles que la federación, la todopoderosa Real Federación Española de Fútbol, les sancionara.
Los comités de competición suelen ser inasequibles a los sentimientos humanos (quizá sea ese su trabajo), por lo que la federación debería actuar a priori para evitar entrar en el consabido debate entre lo justo y lo legal.
Espero y deseo que el presidente de la magnificente Real Federación Española de Fútbol, mi paisano Ángel María Villar, declare la próxima jornada de luto y se pospongan una semana todos los partidos.
A mi entender es toda la familia del fútbol sala la que está de luto.
18 de enero de 2007
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De luto




(Jean Dolent)
















Más grave es que en las carreteras y con el puto coche (que para algunos descerebrados se ha convertido en el sustituto del pene) centenares de chavales de esa edad se rompan la crisma por no ir sin una gota de alcohol, por tomarse a chacota el peligro de conducir, por ir de farol ante otros descerebrados como ellos o por el placer de jugarse la vida. Por no hablar de los que le dan al trinqui a todas horas, se chutan una buena ración de droga dura que les come el cerebro o se empantanan las horas muertas colgados de un televisor. Nuestro joven deportista fallecido simplemente tuvo mala suerte, pues habitualmente una práctica deportiva sensata, ordenada y reglada no tiene que producir estas letales consecuencias. Descanse en paz y maldita sea la estampa de su cruel destino. Ya sé que es un tópico, pero habiendo millones de hijos de su madre que merecen palmarla en menos de 24 horas (con lo que millones de inocentes recuperarían la sonrisa, la paz o la cordura), siempre suele tocarle la china a quienes menos lo merecen. Si es que no se puede ser bueno en esta vida, querido Luis…
Es el destino. (¿Desde cuándo me he vuelto yo determinista?).
Sobre lo de ser bueno…, no hay muchos que me quieran por aquí. Por eso soy cáustico ;-)
No parece que te hayan hecho mucho caso. La jornada se ha disputado. El Jumilla Roster ya acumula dos partidos menos que el resto del grupo.
La verdad que esto del deporte profesional (o semi-profesional que pueda ser esta categoría) está deshumanizado.
Se mata un chaval de 20 años jugando un partido de liga y a la semana siguiente todos se ponen a jugar como si tal cosa. La verdad es que no lo entiendo.
La pela es la pela. No sólo el fútbol está deshumanizado. Se mata un ciclista en una etapa y el pelotón sigue corriendo, que el patrocinador no tiene la culpa. Se mata un piloto del Dakar y la caravana sigue su curso, que se vive del día a día y de la tele.
Supongo que no será como para parar cada vez que ocurra una desgracia en el deporte profesional, pero después que no nos vengan con la historia archisobada de que el deporte sirve para hermanar a la gente. En mi opinión el deporte de competición embrutece a los participantes.