Buscar tres pies al gato

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Los medios de descomunicación deportiva, a los que hacen coro algunas bitácoras deportivas de plumas insignes que han arrastrado a la blogosfera vicios propios de su etapa mediática, han centrado sus saetas más emponzoñadas esta semana pasada en las carnes de Ronaldinho.

Y digo en las carnes del astro brasileño en su sentido más literal. Parece ser que a juicio de algunos ociosos periodistas, y de algunos blogueros seguidistas, el culé tiene algunos quilitos de más. Y han caído sobre él como verdaderas pirañas amazónicas.

Suerte que la sonrisa de Ronaldinho no se ha alterado y después de jugar contra mi Athletic (y de hacernos aparecer como un equipo de instituto) se permitió el lujo de enseñarnos sus abdominales inferiores.

No es que Ronaldinho tenga una figura escultural. En realidad nunca la ha tenido. Recordemos que el futbolista es el atleta más vago del panorama deportivo. No conozco ningún futbolista que trabaje su musculatura con la misma obsesión que por ejemplo un boxeador, aunque quizá sea porque no la necesita. Pero por ese mismo motivo casi ningún futbolista presenta lo que se dice un físico envidiable.

Y Ronaldinho no iba a ser la excepción. Él lo sabe, y ha preferido tomarse a broma esta carnavalada —y nunca mejor dicho— del periodismo español, que a falta de otras cosas que hacer se ha metido ahora a fisiólogo.

La prensa nos han presentado dos fotos del chico de la eterna sonrisa tomadas en similar actitud que distan entre sí cuatro años.

En la primera Ronaldinho tiene 23 años; en la segunda ya tiene 27. Y se han quedado tan anchos resolviendo que el chaval está gordo. Y de ahí han colegido que está fuera de forma.

Esto del periodismo deportivo ha de ser frustrante al verse obligados diariamente a opinar de temas que rebasan el entendimiento propio. Olvidan que sólo son periodistas y no profesionales del deporte.

Al final algunos se convierten en meros juntaletras que tratan de opinar desde la más simple de las perspectivas.

Me ha dolido mucho ver un artículo de uno de esos ilustres abanderados del periodismo deportivo reconvertido en bitacorista. Éste sí que ha practicado deporte, pero hace tanto que parece que haya perdido el contacto con la realidad a juzgar por la frase que nos ha dejado en su bitácora:

Ha engordado en estos cuatro años por los excesos que ha hecho fuera del estadio. No conozco en qué consisten dichos excesos, pero las imágenes no admiten discusión: existen. Serán excesos en la comida o en la bebida, pero son excesos indiscutibles.

(Los subrayados son míos)

Me gustaría que me dijeran que el autor de esa bitácora tiene un negro que le escribe algunos artículos y que en esta ocasión le ha dejado vendido. Si no es así, entonces quiero pensar que las prisas y el no releer lo escrito son los responsables de tal desatino.

No me extenderé más, pues como refleja el dicho castellano “el mejor escribano echa un borrón”, dejando aquí a la consideración de cada cual la fortuna del párrafo.

Pareciera como que todo el mundo de pronto quisiere tener peso mediático. Y si salta una bola, la que sea, o se suben a ella pronto o la pierden.

Estamos asistiendo al cruce de información constante entre medios de comunicación deportiva tradicionales y las bitácoras deportivas. Esa información fluye en mayor medida de los de siempre a los recién llegados, pero no hay que desdeñar la información que viaja en dirección inversa, generalmente en forma de opiniones y muchas veces como plagio, disguste a quien disguste (la ya famosa famosa frase de Casciari “estaba en Internet y lo cogí de ahí”).

No meditar lo que uno va a escribir y cómo va a escribir sus propias opiniones es peligroso. Tenemos que ser conscientes de nuestra responsabilidad social cuando volcamos nuestra opinión aunque sea en forma de comentarios a una bitácora ajena.

A mí se me ocurrieron en el momento de ver las fotos sendas explicaciones complementarias para esas dos tomas de Ronaldinho.

La primera es evidente. El jugador está erguido en la instantánea más antigua y en la segunda está adoptando una pose más relajada. Obviamente la faja abdominal presenta diferente aspecto en estas dos posturas. Aún así parece evidente que Ronaldinho ha cogido alguna grasita de más (que por cierto, en cuestión de sólo una semana parece haber eliminado).

¿Pero es que a nadie se le ha ocurrido observar que los años en los deportistas no pasan en balde? Precisamente en esta franja de edad, entre los 22 y los 28 años, el deportista va a ver cómo su cintura toma alguna grasa prestada que antes no tenía.

Cualquier aficionado al boxeo lo sabe. Estos atletas, obsesionados con su perfecta forma física y con un control constante de su peso, van subiendo de categoría —de peso, en definitiva— a medida que cumplen años. Y su físico se ve recompensado con algún pliegue adiposo extra. Eso nunca ha significado que su forma física no sea óptima.

Menos pensar en encontrar los tres pies al gato en pos de obtener peso mediático en el mundo deportivo de este país y más trabajar por la objetividad con seriedad y rigor.

27 de febrero de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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