La ley del rodillo

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YA TENEMOS a Jaime Lissavetzky de nuevo a la carga, con sus leyes y sus principios. La ley del rodillo y el principio del mando, ordeno y hago saber.

Ha vuelto la Comunidad autónoma del País Vasco a buscar autorización para la participación de las selecciones deportivas de las federaciones autonómicas en competiciones oficiales. Cataluña no ha tardado en secundar la iniciativa de modificación de la Ley 10/1990, del Deporte.

Si es menester obtener autorización quiere decir que se depende de la instancia a la que se apela. Solicitar algo conlleva que pueda ser desestimado.

Pero entremos en el meollo de esta cuestión sobre la que me encanta discurrir.

Ya he dicho aquí hace tiempo que las federaciones deportivas son entidades privadas, y que por ese motivo les cabe la aplicación del derecho privado y no del derecho internacional (parece que ahora ese es el argumento del PNV; ¿me estarán leyendo en silencio…?).

La Ley del Deporte establece este carácter privado de las federaciones en su artículo 30.1. Así pues, si son entidades privadas, ¿cómo es posible que representen a un Estado? ¿Es que acaso el BBVA o Repsol representan al Estado español y al conjunto de sus ciudadanos? Pues va a ser que no.

Al final de este artículo enlazo tres noticias sobre esta propuesta de modificación. Pero me voy a permitir compendiar los argumentos del señor Lissavetzky, el mismo de las cruzadas contra el dopaje —el del fiasco de la Operación Puerto— y ahora el de la cruzada contra el racismo y la violencia (están para parir una ley a propósito del tema).

Lissavetzky dice que le ampara la ley para los argumentos que exhibe —más bien es él quien se ampara en la ley para los argumentos un tanto peregrinos que presenta— y en las sentencias del Tribunal Constitucional (ambas cosas son lo mismo, puesto que el TC sólo hace una interpretación de la Ley).

Si estos son los frenos que encuentra Jaime Lissavetzky le recordaré una frase de Juan María Atutxa, un político que siempre demostró tener dos buenos bemoles bien sostenidos: “Las leyes las hacen hombres y mujeres de este país, y pueden ser cambiadas por hombres y mujeres de este país”.

Sencillamente lapidaria para el señor Lissavetzky, que no encuentra nada más sólido que esconderse tras la ley en vez de convencernos con argumentos sobre por qué el Estado español no permite que las selecciones autonómicas puedan competir en campeonatos oficiales. Tan sólo es cuestión de voluntad.

Pero analizaré cuáles son esos argumentos legales que enarbola Jaime Lissavetzky. Le he oído decir en la radio que la Constitución establece como competencia exclusiva del Estado las representaciones internacionales.

Me niego a aceptar que a mí, como ciudadano español, me representen personas y personajes a los que no he tenido ocasión de elegir. El pueblo es soberano, y el pueblo no ha tenido ocasión de decidir cuál ha de ser la composición de la selección de la Real Federación Española de Fútbol. Ni tampoco ha podido elegir la composición de la Asamblea ni de la Junta Directiva de ninguna federación. Ni a sus seleccionadores.

¡Faltaría más!, dirá alguno. Pues eso es porque tanto la RFEF como todas las demás federaciones españolas son entidades privadas. ¿O es que ahora los españoles van a poder elegir a las personas que se sientan en los Consejos de Administración del BBVA o de Repsol? Una federación deportiva se representa a sí misma, y no a un Estado.

Tal vez en otra realidad, en la que el Estado designara los presidentes de las federaciones deportivas, tendría sentido eso de que una federación deportiva represente a un Estado. Pero eso, felizmente, ha quedado atrás hace treinta años, señor Lissavetzky. Hoy en día las federaciones deportivas son entidades privadas que se organizan y gestionan a sí mismas.

Pensar que un Estado está representado en un torneo deportivo internacional, o lo que es lo mismo, pensar que la selección de la RFEF representa a España es tanto como pensar que Almodovar o Julio Iglesias representan a España.

La primera representa al fútbol español, y los otros dos representarán al cine y a la canción española respectivamente. Ni Rafael Nadal ni Fernando Alonso representan a España; en todo caso se representan a sí mismos. Habrá españoles que se sientan identificados con estos excelentes profesionales, pero es una falacia pretender que el conjunto de españoles están representados por ellos.

También argumentó el señor Lissavetzky que el COI sólo reconoce Estados soberanos. Aparte de que esto es una majadería, el COI reconoce lo que le digan que tenga que reconocer, no fuera a ser que perdieran por el camino lo que tienen ganado hasta ahora.

Y digo que es una majadería porque Lissavetzky sabe que el COI se reconoce a sí mismo, y que ningún organismo internacional ha otorgado al COI la representación deportiva internacional que se arroga. El COI es, sencillamente, una multinacional.

Olvida también Jaime Lissavetzky —y si digo que lo olvida es porque me consta que lo sabe— que la participación de las selecciones autonómicas en competiciones oficiales ha de ser autorizada por las correspondientes federaciones internacionales, que a su vez son entidades privadas también.

Las federaciones internacionales de deportes minoritarios y poco mediáticos anhelan el reconocimiento del COI como agua de mayo por los motivos largamente explicados aquí en otras ocasiones. Pero federaciones internacionales de la talla de la FIFA (fútbol) y la IAAF (atletismo) dan tanto o más prestigio al COI del que reciben. Podríamos hablar de las federaciones internacionales de tenis, baloncesto, golf, automovilismo —por citar las que ahora me han venido a la memoria— que no necesitan para subsistir la intermediación del COI.

Refugiarse en el COI es propio de quien no tiene argumentos convincentes para trasladarlos a la población española.

He oído también a Lissavetzky hacer mención del articulado de la Ley 10/1990, del Deporte. Nombraba los artículos 33.2, 34.1 y 6.1. Salvo que yo me haya equivocado en mis notas, no entiendo qué pinta el artículo 34.1 en este embrollo.

Vuelvo a recomendarle al señor Lissavetzky que medite la frase que Juan María Atutxa pronunció en un programa de RTVE, creo recordar que con motivo de cesar en su puesto de Consejero de Interior en el Gobierno Vasco. No es de recibo que la Ley del Deporte otorgue carta de representación internacional a una entidad privada como es una federación española.

Por último, el Presidente del CSD se ha llenado la boca con esta frase: “es difícil que una parte represente al todo”. Señor Lissavetzky, POR DEFINICIÓN, siempre una parte es la que “representa” al todo.

Pero entrando al trapo habrá que repetirle al Secretario de Estado para el Deporte (y a los políticos vascos y catalanes) que las selecciones de las federaciones autonómicas ni representarán a España ni al País Vasco o Cataluña, sino que representarán a sus respectivas federaciones, que son entidades privadas.

El Presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, se ha hartado de repetir que España no se desmiembra, y a fe que está demostrado. Ahora es el momento de dar un paso más y demostrar que los lazos que unen a los españoles no penden del hilo con el que está cosida una pelota de cuero.

Noticias enlazadas:

• Lissavetzky rechaza que las selecciones CCAA compitan en torneos oficiales (diario As)

• Lissavetzky dice Gobierno rechaza selecciones CCAA compitan torneos oficiales (Terra actualidad)

• El PNV pide a Lissavetzky que el Gobierno “garantice el respeto a las identidades de las nacionalidades” del Estado (Deia)

29 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Juego versus deporte

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YA NOS hemos acostumbrado a que ciertos eventos deportivos se designen con el nombre genérico de “Juegos”. “Los Juegos” por antonomasia son los Juegos Olímpicos.

A su sombra han crecido eventos similares, como los Juegos del Mediterráneo, que nos son bastante próximos, pero también sabemos de los Juegos Panamericanos, o de los Juegos de la Lusofonía, recientemente convocados por primera vez. Creo recordar que existen también los Juegos de la Unión Europea (no confundir con los campeonatos de Europa).

Estas manifestaciones deportivas tienen como pretexto fomentar la participación y la unión de los pueblos. Pero en todas estas manifestaciones deportivas actúan deportistas profesionales o/y de alto nivel, cuyo objetivo único es ganar, con lo que eso de la participación queda relegado al consuelo de los perdedores.

En cuanto a la unión de los pueblos no es que sea algo muy creíble cuando existe una encarnizada lucha por hacerse con el primer puesto del medallero en la mentalidad de destacar al país propio por encima de otros. Ya lo he dicho en otras ocasiones, la competición fomenta las trampas, proporciona cabreos y aumenta las decepciones.

En realidad el nombre que adopten estos eventos deportivos es algo tangencial a la realidad. Se llaman Juegos aunque no compartan ninguna de las filosofías del juego. En boca de ellos no es más que un nombre, y así hay que tomarlo.

Tampoco en estos Juegos se hace distinción entre los deportes propiamente dichos y los juegos deportivos. Actividades como el atletismo, ciclismo, piragüismo, boxeo, lucha o la natación no pueden ser consideradas juegos. Sin embargo sí son juegos el fútbol, balonmano, baloncesto, bolos, tenis, rugby o el golf.

En el habla coloquial llegaría a ser pedante establecer la diferencia. Pero no hacer la diferencia en el habla formal lleva a equívocos de concepto. Quizá si los gestores del deporte público tuvieran clara esta diferencia nos evitaríamos errores complicados de detectar que influyen en la educación de nuestros retoños.

En estos últimos años en España han aparecido una serie de Juegos organizados o/y coordinados por las Administraciones autonómicas. Tenemos así los Juegos de la Generalitat, o los Juegos del Principado, por citar ejemplos que me han sido próximos estos años por motivos que no hacen al caso.

Lo lastimoso es que estos pretendidos “juegos” están dirigidos a nuestra juventud, con lo que se fomenta y acrecienta el error de hacer creer a la población que se le puede llamar juego a la competición pura y dura.

La diferencia entre juego y deporte radica principalmente en ese concepto de competición. Está clara la ecuación DEPORTE − COMPETICIÓN = JUEGO (lo que no quiere decir que JUEGO + COMPETICIÓN = DEPORTE).

Sí es cierto que cuando se disputa un juego alguien va a ganar y alguien no va a ganar. Pero ahí queda todo. Mientras, en la competición, cada encuentro individualmente disputado repercute en una clasificación posterior. Y la clasificación final incide en el acceso a mejores metas. Por lo que vuelvo y repito: la competición malea el sano concepto del juego deportivo, fomentando las trampas en cualquier ámbito, dado que el único objetivo es ganar. (Y la competición profesional significa más; más dinero si se alcanzan ciertas cotas).

Es una lástima que las Administraciones públicas no hayan tenido más visión que plagiar los mecanismos del deporte profesional y de elite para estructurar el deporte base. Son realidades dispares y merecen planteamientos distintos porque tienen objetivos diferentes.

Ser campeón no debe ser el objetivo de un equipo de deporte base. Tener opciones de ganar será una consecuencia lógica de la mejora personal de todos los componentes del equipo. Pero el equipo es tan bueno como el peor de sus componentes. Así que si el gordito o la gordita no juegan, el entrenador elimina ese factor que merma el rendimiento del equipo. Así de sencilla es la perversión del deporte base.

Mi queja hoy es para esos Juegos autonómicos que únicamente potencian la competición infantil, olvidándose del nombre que portan. Si son juegos, el objetivo primordial ha de ser la diversión de todos sus participantes. Y, por supuesto, si son juegos no habrá competición, ni clasificaciones, ni promociones… Ni trofeos para los vencedores, ni niños destacados por su rendimiento, ni colegios que pugnen por brillar en el medallero, ni monitores que puedan lucir los éxitos conquistados…

25 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Y por qué no…

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TRAS LA publicación del artículo titulado “Caciques” me ha ido llegando información sobre el devenir del mundillo de la pelota en Zamora gracias a dos amigos que me mantienen informado sobre el particular.

En uno de los comunicados se me ha puesto en guardia sobre un planteamiento que —al menos para mí— sería novedoso en el deporte español.

Es obligado decir antes de continuar que el evento al que seguidamente voy a hacer referencia no ha llegado a celebrarse, parece ser que por causas meteorológicas ajenas a la voluntad de los organizadores :-P .

En cualquier caso traeré a colación una estrategia que podría darse en España y que quizá andando el tiempo nos acostumbremos a ella. Todo dependerá del tratamiento que se dé al asunto.

Me cuentan que un partido político —cuál de ellos es indiferente, porque si el asunto funciona apuesto a que el sistema será copiado por todos— había organizado un mitin político en cierta localidad habida cuenta de la proximidad de los comicios municipales y autonómicos que este próximo domingo habrá en España.

Lo insólito del caso es que se aprovechaba el poder de convocatoria de un deporte concreto para organizar el mitin.

No tengo claro si era un partido de pelota alrededor del cual habría un mitin, o si era un mitin en el que se regalaba a los asistentes con un esperado partido de pelota.

Lo cierto es que estamos ante una nueva vía. Insisto en que a mí no me consta que esto se haya llevado a efecto en España con anterioridad.

Es evidente que no podrían organizar un encuentro oficial, pero sí un encuentro de exhibición que el público esté ansioso por presenciar.

En esta ocasión su utilizaba la pelota, deporte que en tierras de Zamora goza de popularidad. El marco, como no, un frontón, que no deja de ser una especie de anfiteatro, un escenario incomparable para representar un mitin político.

Pero con algo de imaginación a buen seguro que nuestros políticos podrían sorprendernos con casi cualquier cosa. Quizá un partido de tenis desarrollado en dos superficies diferentes. O quizá un partido de fútbol entre viejas glorias de equipos históricamente rivales.

Todo podría valer con tal de atraer a un público que parece cada día menos interesado en que les den una charla política sobre lo buenos que son los organizadores y lo pésimos que son los otros.

La única pega que se me ocurre en estos momentos es que los actores —jugadores, árbitros y entrenadores— estuvieran dispuestos a dejarse utilizar.

Quizá los ideales políticos de los actuantes no comulguen con los que se venderán en el mitin. Pero un deportista profesional siempre estará atento a una buena bolsa. Por cierto, una velada de boxeo también sería un lugar ideal para dar un mitin.

El público, sabedor de que la prueba deportiva es organizada con fines electorales por un partido político, quizá aguantara diez minutos de verborrea propagandística con tal de divertirse viendo un buen espectáculo deportivo. Esa quizá fuera una de las claves del éxito de este nuevo sistema: no quemar la paciencia del público.

Personalmente me parece una aberración que el deporte se dejara manipular tan abiertamente con fines políticos. Aunque en realidad es consustancial a la historia del deporte del siglo XX el vincularse a los movimientos políticos. Y la política del pasado siglo siempre ha utilizado el deporte para beneficio propio. Es algo de lo que ya se ha hablado en esta Aguja en otras ocasiones.

Pero sería deprimente esta nueva vuelta de tuerca…

Aunque bien pensado tal vez fuera una manera de comenzar a destacar para ciertas modalidades deportivas que pasan por minoritarias. Los medios de comunicación se harían eco necesariamente de la manifestación deportiva que tuvo lugar con motivo de un mitin de cierta relevancia.

Será cuestión de irse acostumbrando. Es una vía más. Y completamente legal. Un partido político, por el hecho de tener personalidad jurídica propia, está capacitado para organizar cualquier tipo de eventos, los deportivos incluidos.

Una cosa más. Estos políticos son tan torpes que sólo dan mítines con motivo de las elecciones. Si nos ofrecieran esos espectáculos políticos con más asiduidad estoy convencido de que nos encontrarían con la guardia baja y nos colarían sin problema el partidito del momento.

22 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Bilbao, años setenta

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UNO DE los comentarios a mi último artículo, en el que hablábamos de las malas praxis que aquejan al deporte español, me ha recordado un acontecer del que fui testigo de excepción hace ya muchos años.

Me decidido a relatarlo por tener relación directa con el deporte y porque aún sigue habiendo personas que utilizan cualquier resorte de poder para imponer su voluntad aunque sea, si no fraudulentamente, sí al filo de la legalidad.

EL ESCENARIO

El marco geográfico es el Bilbao de finales de los setenta y principios de los ochenta del finiquitado siglo XX. Aquel Bilbao se distinguió en el ámbito deportivo por ser el punto de entrada en España de un, a la sazón, novísimo deporte que causaba furor en los mundillos de las artes marciales europeos y americanos.

Se trataba del full contact, hoy más conocido como kickboxing. En realidad su nombre originario era karate full-contact pues se había originado a comienzos de los setenta en los USA como una transgresión de un karate anquilosado por tradiciones mal entendidas y peor aplicadas.

En este deporte de combate, en el que se permiten puñetazos y patadas —como en el karate—, se utilizan protecciones para poder golpear al rival como si de un combate de boxeo se tratara.

Hoy día este deporte de combate —el kickboxing— se ramifica en diferentes reglamentos, a cual más permisivo en los que se autorizan patadas a los muslos —low kick— e incluso rodillazos.

En aquel momento se hizo popular en Europa la especialidad en la que están permitidos los golpes de puño, como en boxeo, y las patadas por encima de la cintura.

Los dirigentes del karate enseguida se sintieron amenazados —el boxeo también, aunque en menor medida—. Parecía que el nuevo deporte ganaba adeptos en los gimnasios de toda Europa, quizá por presentar un reglamento de light-contact, adaptado para quienes nunca habían peleado con pleno contacto —full contact—, es decir, al K.O.

He de destacar que en aquellos años de la incipiente democracia española el sistema deportivo nacional estaba por consolidarse. El 31 de marzo de 1980 se aprobaba la Ley 13/1980, General de la Cultura Física y del Deporte, que venía a ordenar el entramado federativo nacional y autonómico.

Quienes optaron por la práctica del full contact comenzaron a organizarse y a crear estructuras que les permitieran integrarse en la sociedad, por así decirlo: acceso a instalaciones públicas, subvenciones, organización de eventos, apariciones en prensa, y todo aquello que supusiera un respaldo social a su labor.

La fórmula básica de organización deportiva es el club. Había clubes pre-existentes, la mayor parte de karate —otros de boxeo y algunos pocos de taekwondo— dado que esta modalidad deportiva partía del arte marcial japonés. Pero el full contact no fue visto con buenos ojos por la cúpula dirigente del karate. Los motivos alegados eran que rompía con la tradición, aunque quizá el verdadero motivo fuera que los maestros de karate tenían mucho que perder con el cambio y poco que ganar. ¡Al fin y al cabo ya eran maestros de algo!

Los practicantes de full contact crearon algunos clubes específicos, aunque sin desvincularse del todo del karate. Y pronto apareció una federación europea, la European Professional Karate Association (EPKA), con sede en Lausanne (Suiza) —sí, como el COI—. Los pioneros de cada país se hicieron con la representación de la EPKA para su terruño. Como vemos, también aquella EPKA guardaba memoria del karate en su nombre.

Los pioneros españoles fueron de Bilbao, y la representación española de la EPKA se asentó en esta ciudad norteña.

La convocatoria del primer campeonato ibérico tuvo lugar en Bilbao en 1981. Antes se organizaron veladas mixtas de light contact y de full contact. Al principio ni siquiera se peleaba en un ring, sino que se hacía en un tatami, al más puro estilo del karate.

LA HISTORIA

He llegado al punto en el que comienza mi historia, pero entenderá mi lector que todo este preámbulo era necesario para entender la coyuntura deportiva que se vivía en aquel momento.

Los clubes de full contact de Bilbao, y deportistas que se asociaban independientemente a la nueva federación —no reconocida por el CSD pero sí reconocida por el Ministerio del Interior a través del registro de asociaciones— comenzaron a disputar combates.

La federación vizcaína de karate se sintió amenazada tras la primera velada de full contact. La expectación levantada había congregado a numeroso público deseoso de ver qué era aquello. Público principalmente proviniente del mundo de las artes marciales, y sobre todo del karate. En el Pabellón de La Casilla, hoy Palacio de Deportes, se escenificaron veladas de full contact en todas sus especialidades.

Los recelosos dirigentes de la Federación Vizcaína de Karate, posiblemente instigados por la federación española, dieron su primer paso.

En un escrito presentado en el Gobierno Civil, hoy Delegación del Gobierno, a última hora laboral del viernes —la velada tendría lugar el sábado por la tarde-noche— ponían en conocimiento de su Excelencia la preocupación que les embargaba por la celebración de un deporte de combate carente de federación, de reglamentación, en el que todo vale y los golpes de karate son aplicados hasta sus últimas consecuencias.

No recuerdo los términos exactos de aquel primer escrito, pero lo que digo aquí arriba dará al lector una visión acertada de lo que la misiva perseguía.

El Gobernador, el viernes por la tarde, con más ganas de marcharse a su casa que de ponerse a investigar, estimó el escrito y prohibió cautelarmente la celebración de los combates.

El sábado por la tarde la sorpresa fue mayúscula cuando la policía se presentó una hora antes de abrir las taquillas al público, precintando el recinto e impidiendo la celebración de la velada.

Esta táctica les dio resultado a los karatekas en dos o tres ocasiones más. La solución fue solicitar autorización previa para la velada de full contact. Se exigía presentar copia de los reglamentos, copia del contrato del médico, copia de la confirmación de la presencia de una ambulancia en las inmediaciones del recinto deportivo, copia de todo lo habido y por haber. Había que explicar a su Excelencia por qué no había federación española de un deporte que estaba empezando pero que sí existía un ente federativo europeo.

En fin, que el papeleo para solicitar el permiso gubernamental se elevaba al cubo. Pero como de todo se hace callo, al final el envío del dossier se hizo rutinario. Eso sí, que no faltara un maldito papel porque se cernía sobre la velada el peligro de clausura gubernamental.

Pasado un tiempo los señores de la vizcaína de karate desistieron de enviar sus escritos, habida cuenta de que no fructificaban.

Evolucionó más tarde una especialidad llamada en principio karate no-contact y después karate moderno, con un reglamento muy similar al del karate pero más avanzado y espectacular. Esta vez los dirigentes karatekas se sintieron ultrajados.

Nada dijeron durante un tiempo y se organizaban combates de este karate no-contact (en oposición a full-contact) especialmente pensado para quienes hacían sus primeras armas en el mundo de los deportes de combate.

Hasta que, y otra vez en Bilbao, se organizó el primer campeonato nacional de karate moderno (en oposición al autotitulado karate tradicional), con premios en metálico para los campeones, al más puro estilo americano (imposible llamarlo campeonato de España para evitarse conflictos con las cabezas cuadradas del CSD).

Y los dirigentes karatekas volvieron a las andadas. Sin dejar tiempo para la reacción —ya nadie lo esperaba—, el viernes a última hora laboral presentaron escrito ante el Gobernador Civil, que acababa de desembarcar en su nuevo puesto (esto fue determinante, pues el anterior ya había tenido reuniones con EPKA España y se le había puesto al corriente de la legalidad de la nueva federación), en el que denunciaban el intrusismo de la Organización puesto que la reglamentación del karate les correspondía a ellos como delegación en Vizcaya de la federación española.

En la mañana del sábado el dirigente de EPKA España, residente en Bilbao, fue avisado de que el campeonato no podría celebrarse. Habían venido competidores de todo el país, esperando alzarse con el título nacional y con una bolsa muy sustanciosa para la época.

La solución encontrada fue la siguiente. El campeonato se celebraría a puerta cerrada, es decir, sería una actividad privada. Un notario levantó acta de que ninguna entrada había sido puesta a la venta, sellando los talonarios y sus matrices, y de que al recinto deportivo no accedió ningún público.

Las pérdidas económicas fueron cuantiosas al no haber recaudación de taquilla. Al alquiler del Palacio de los Deportes de La Casilla hubo que sumarle la entrega de los premios en metálico y los gastos de publicidad.

Pero esta vez el dirigente de EPKA España presentó querella contra quienes habían actuado de forma tan taimada, sabiendo como sabían que el deporte que allí se iba a practicar nada tenía que ver con la actividad que ellos regían. Coincidían los nombres, como puede coincidir el del fútbol americano con el del fútbol, o el del tenis de mesa con el tenis, pero poco más.

No recuerdo el fallo del juez. Lo que sí recuerdo es que los karatekas dejaron de acosar en Vizcaya a la Organización del karate full contact, hoy conocido como kickboxing.

16 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Cacique con cola

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HE ESTADO de viaje a principios de semana. Y mi rutina semanal ha saltado hecha pedazos. Era consciente de que el martes tenía un compromiso autoadquirido y por ello llevé armado un artículo en una llave de memoria. Pero a pesar de sus cuatro estrellas en el hotel no tenían un triste ordenador habilitado para que los clientes visitaran la Internet.

Eso sí, tenían zona Wi-Fi para la que te vendían una tarjeta a utilizar en tramos de una hora. Pero ni tengo ni quiero un portátil, por lo que no tenía donde insertarme esa tarjeta. Podía haber buscado un cibercafé, pero entre este chasco y el cabreo porque en la habitación sólo había televisión decidí dedicar mis horas libres a visitar la ciudad y comprar productos de la tierra. ¿Por qué los hoteles más elegantes disponen en cada habitación de tropecientos canales de televisión en varios idiomas y sin embargo no tienen radio?

Ya de vuelta en casa las tareas rutinarias se habían acumulado. Aún no me he puesto al día, y escribo otra vez con retraso en mi cita del viernes. Pero del viaje me he traído una joya que ilustra el clientelismo patrio y como las organizaciones deportivas más pequeñas degeneran para convertirse en mafias autocomplacidas.

Se trata en esta ocasión de la Delegación Zamorana de Pelota, deporte minoritario donde los haya, donde un tal Ricardo Ferrero parece ser allí señor y amo, y no está dispuesto a que nadie le haga sombra.

Pero mejor enlazo la noticia en el diario La Opinión, el correo de Zamora. El artículo se presta a ser apostillado a medida que se lee el texto. Así pues, voy allá:

TIERRA DEL VINO
La alcaldesa de Santa Clara de Avedillo defiende la legalidad del partido de pelota

S. RAMOS

Santa Clara de Avedillo.-
La alcaldesa de Santa Clara de Avedillo, Cruz Rebollo ha salido al paso de la denuncia formulada por la Delegación Zamorana de Pelota en la que pone en duda la legalidad del partido que se celebró ayer en la localidad con motivo de las fiestas en honor de Santa Cruz.

Esta primera frase ya me puso sobre la pista de lo que se avecinaba. ¿Una alcaldesa defendiendo la legalidad de una confrontación deportiva? ¿Había habido una denuncia? Pero si están hablando de un partido celebrado con motivo de una festividad patronal no hay ninguna legalidad que defender, a no ser que en el encuentro se dilucidara un campeonato oficial. Con no reconocer el resultado final la federación se evitaría entrar en más disquisiciones.

Aquí tenía que haber algo más, porque toda una alcaldesa —y más con un clima de pre-campaña electoral— no se iba a poner el mundo por montera y lanzarse a un enfrentamiento estéril.

Así pues, me apresté a seguir leyendo:

«Yo antes de organizar el encuentro estuve en contacto con la Delegación y considerando que en este pueblo hay mucha afición por este deporte les solicité un programa de peso, por ejemplo, el que ha presentado en Moral de Sayago. Al no haber acuerdo, decidimos organizarlo con otra persona que nos ofreció a otros pelotaris fuera de Castilla y León y al final entraron también jugadores salmantinos».

Empieza a haber luz. La alcaldesa, y supongo que la comisión de fiestas, trató de organizar un evento de cierta relevancia para brindar a sus conciudadanos un espectáculo deportivo. No hay acuerdo con la Delegación Zamorana de Pelota y pactan un contrato con un tercero.

Se vislumbra ya el cabreo de la Delegación. O mejor dicho, de quien a través de la Delegación ha dejado de firmar un contrato y de percibir unos ingresos que luego he sabido que son de cierta importancia habida cuenta de que los pueblos zamoranos donde se disputa un juego de pelota con motivo de las fiestas patronales no son pocos. Y dejar un cabo suelto puede acabar con un imperio. Continué leyendo:

La alcaldesa cree que la dinámica de la Delegación en este aspecto deja mucho que desear «pues han hecho la denuncia en La Opinión y a mi no me ha llegado ninguna notificación».

Llegamos a un punto interesante. Se nos dice que la Delegación —o dicho con más propiedad, alguien de la Delegación— ha formulado la denuncia de la que se nos hablaba en el primer punto. Pero en lugar de acudir a un Juzgado ha acudido a la prensa y ha dicho lo que ha creído oportuno (no me molestaré en buscarlo en la hemeroteca del mismo diario enlazado).

Fea costumbre que han adquirido algunos. Ocurre en muchos de nuestros municipios cada vez que se aprueban los presupuestos municipales. El grupo de gobierno, con mayoría absoluta, aprueba un presupuesto anual sin tener en cuenta ninguna de las alegaciones de la oposición. Y el caudillo de la oposición larga en el primer periódico comarcal que le haga caso que los presupuestos son ilegales. Y se queda tan ancho el tío.

Mire señor, si usted está convencido de que los presupuestos son ilegales —o otra cualquier acción de una Administración— su obligación como ciudadano y como responsable político es presentar sin demora la correspondiente denuncia en el Juzgado más cercano.

Pero esto de ir a la prensa es como lo de aquel aldeano que tiraba la piedra y escondía la mano. A los de la Delegación les han dejado hablar, y han dicho que el partido era ilegal. A partir de ahí continuarán un monólogo diciendo que lo han denunciado “ante la opinión pública”. Pero eso carece de valor alguno (salvo el de condicionar la opinión pública).

Desde la Delegación se miente, se difama, y se retuerce la verdad, esperando conseguir con ello un rédito que avise a posibles disidentes de lo que les puede esperar. Pretenden amedrentar al estamento político creándoles mala prensa.

Pero la señora alcaldesa de Santa Clara parece que tiene los machos bien puestos y no se arredra ante cuatro listillos de pacotilla. Veamos como continúa la noticia:

Rebollo se muestra sorprendida por la reacción de Ricardo Ferrero «porque la misma persona que organiza los encuentros en Santa Clara de Avedillo lo ha hecho en pueblos cercanos donde los alcaldes son de la cuerda de su partido y no ha habido ningún problema».

Et voilà! He aquí el móvil del hostigamiento ante la decisión totalmente legal y fundada de la alcaldesa. O al menos uno de los móviles, porque en el establecimiento en el que me despacharon el joven que me atendió estaba al tanto de lo que ocurría desde hacía tiempo en la referida Delegación por tener un familiar relacionado con el mundo de la pelota.

Y parece ser que el interés crematístico en este asunto es importante, pues una serie de palmeros le siguen el juego al Delegado a cambio de figurar en los mejores carteles patronales. Quien no le ríe las gracias tiene complicado jugar —y ganar una bolsa extra que nunca viene mal— dado que los ayuntamientos contratan los pelotaris a través de este individuo.

Leamos el final de la noticia, donde la que desde ya es mi alcaldesa favorita pasa al contraataque:

La alcaldesa defiende su derecho a contratar a los pelotaris a través de la empresa que le ofrezca un buen festival, y denuncia el monopolio que existe en manos de Ferrero «la gente que ha contratado Santa Clara de Avedillo tiene sus estatutos, son legales, y tienen tanta calidad como la que ofrece la Delegación Zamorana de Pelota».

Pues por supuesto. Vivimos en un Estado democrático y de derecho en el que desde las Administraciones no se puede extorsionar a los contribuyentes. Y una federación deportiva, y una delegación provincial, tienen por ley delegadas ciertas competencias administrativas.

El cortijo del señor Ferrero amenaza con desplomarse si la rebelión de Santa Clara pone sobre aviso a otros alcaldes de que es posible no plegarse a las exigencias de semejantes caciques.

La legalidad de los encuentros deportivos sobre los que una delegación provincial de una federación autonómica tiene competencias se ciñe únicamente a los encuentros oficiales, léase campeonatos provinciales.

Un partido que se celebre con motivo de unas fiestas patronales es tan “legal” como el partidillo de los jueves por la tarde que juegan un grupo de aficionados.

Recomendaría a la alcaldesa pasar abiertamente al contraataque y denunciar ante el Juzgado competente la actitud de este federativo ocupado en defender los intereses del chollo que tiene montado desde esa delegación.

La denuncia que este vivo ha hecho ante los medios de comunicación se encuadra más en la vía de la extorsión y del chantaje social ante un ayuntamiento que ha obrado dentro de la legalidad vigente. Descabalgar a este petulante engreído es el mejor regalo que la señora Cruz Rebollo puede hacer a sus convecinos.

11 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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