La ley del rodillo

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YA TENEMOS a Jaime Lissavetzky de nuevo a la carga, con sus leyes y sus principios. La ley del rodillo y el principio del mando, ordeno y hago saber.

Ha vuelto la Comunidad autónoma del País Vasco a buscar autorización para la participación de las selecciones deportivas de las federaciones autonómicas en competiciones oficiales. Cataluña no ha tardado en secundar la iniciativa de modificación de la Ley 10/1990, del Deporte.

Si es menester obtener autorización quiere decir que se depende de la instancia a la que se apela. Solicitar algo conlleva que pueda ser desestimado.

Pero entremos en el meollo de esta cuestión sobre la que me encanta discurrir.

Ya he dicho aquí hace tiempo que las federaciones deportivas son entidades privadas, y que por ese motivo les cabe la aplicación del derecho privado y no del derecho internacional (parece que ahora ese es el argumento del PNV; ¿me estarán leyendo en silencio…?).

La Ley del Deporte establece este carácter privado de las federaciones en su artículo 30.1. Así pues, si son entidades privadas, ¿cómo es posible que representen a un Estado? ¿Es que acaso el BBVA o Repsol representan al Estado español y al conjunto de sus ciudadanos? Pues va a ser que no.

Al final de este artículo enlazo tres noticias sobre esta propuesta de modificación. Pero me voy a permitir compendiar los argumentos del señor Lissavetzky, el mismo de las cruzadas contra el dopaje —el del fiasco de la Operación Puerto— y ahora el de la cruzada contra el racismo y la violencia (están para parir una ley a propósito del tema).

Lissavetzky dice que le ampara la ley para los argumentos que exhibe —más bien es él quien se ampara en la ley para los argumentos un tanto peregrinos que presenta— y en las sentencias del Tribunal Constitucional (ambas cosas son lo mismo, puesto que el TC sólo hace una interpretación de la Ley).

Si estos son los frenos que encuentra Jaime Lissavetzky le recordaré una frase de Juan María Atutxa, un político que siempre demostró tener dos buenos bemoles bien sostenidos: “Las leyes las hacen hombres y mujeres de este país, y pueden ser cambiadas por hombres y mujeres de este país”.

Sencillamente lapidaria para el señor Lissavetzky, que no encuentra nada más sólido que esconderse tras la ley en vez de convencernos con argumentos sobre por qué el Estado español no permite que las selecciones autonómicas puedan competir en campeonatos oficiales. Tan sólo es cuestión de voluntad.

Pero analizaré cuáles son esos argumentos legales que enarbola Jaime Lissavetzky. Le he oído decir en la radio que la Constitución establece como competencia exclusiva del Estado las representaciones internacionales.

Me niego a aceptar que a mí, como ciudadano español, me representen personas y personajes a los que no he tenido ocasión de elegir. El pueblo es soberano, y el pueblo no ha tenido ocasión de decidir cuál ha de ser la composición de la selección de la Real Federación Española de Fútbol. Ni tampoco ha podido elegir la composición de la Asamblea ni de la Junta Directiva de ninguna federación. Ni a sus seleccionadores.

¡Faltaría más!, dirá alguno. Pues eso es porque tanto la RFEF como todas las demás federaciones españolas son entidades privadas. ¿O es que ahora los españoles van a poder elegir a las personas que se sientan en los Consejos de Administración del BBVA o de Repsol? Una federación deportiva se representa a sí misma, y no a un Estado.

Tal vez en otra realidad, en la que el Estado designara los presidentes de las federaciones deportivas, tendría sentido eso de que una federación deportiva represente a un Estado. Pero eso, felizmente, ha quedado atrás hace treinta años, señor Lissavetzky. Hoy en día las federaciones deportivas son entidades privadas que se organizan y gestionan a sí mismas.

Pensar que un Estado está representado en un torneo deportivo internacional, o lo que es lo mismo, pensar que la selección de la RFEF representa a España es tanto como pensar que Almodovar o Julio Iglesias representan a España.

La primera representa al fútbol español, y los otros dos representarán al cine y a la canción española respectivamente. Ni Rafael Nadal ni Fernando Alonso representan a España; en todo caso se representan a sí mismos. Habrá españoles que se sientan identificados con estos excelentes profesionales, pero es una falacia pretender que el conjunto de españoles están representados por ellos.

También argumentó el señor Lissavetzky que el COI sólo reconoce Estados soberanos. Aparte de que esto es una majadería, el COI reconoce lo que le digan que tenga que reconocer, no fuera a ser que perdieran por el camino lo que tienen ganado hasta ahora.

Y digo que es una majadería porque Lissavetzky sabe que el COI se reconoce a sí mismo, y que ningún organismo internacional ha otorgado al COI la representación deportiva internacional que se arroga. El COI es, sencillamente, una multinacional.

Olvida también Jaime Lissavetzky —y si digo que lo olvida es porque me consta que lo sabe— que la participación de las selecciones autonómicas en competiciones oficiales ha de ser autorizada por las correspondientes federaciones internacionales, que a su vez son entidades privadas también.

Las federaciones internacionales de deportes minoritarios y poco mediáticos anhelan el reconocimiento del COI como agua de mayo por los motivos largamente explicados aquí en otras ocasiones. Pero federaciones internacionales de la talla de la FIFA (fútbol) y la IAAF (atletismo) dan tanto o más prestigio al COI del que reciben. Podríamos hablar de las federaciones internacionales de tenis, baloncesto, golf, automovilismo —por citar las que ahora me han venido a la memoria— que no necesitan para subsistir la intermediación del COI.

Refugiarse en el COI es propio de quien no tiene argumentos convincentes para trasladarlos a la población española.

He oído también a Lissavetzky hacer mención del articulado de la Ley 10/1990, del Deporte. Nombraba los artículos 33.2, 34.1 y 6.1. Salvo que yo me haya equivocado en mis notas, no entiendo qué pinta el artículo 34.1 en este embrollo.

Vuelvo a recomendarle al señor Lissavetzky que medite la frase que Juan María Atutxa pronunció en un programa de RTVE, creo recordar que con motivo de cesar en su puesto de Consejero de Interior en el Gobierno Vasco. No es de recibo que la Ley del Deporte otorgue carta de representación internacional a una entidad privada como es una federación española.

Por último, el Presidente del CSD se ha llenado la boca con esta frase: “es difícil que una parte represente al todo”. Señor Lissavetzky, POR DEFINICIÓN, siempre una parte es la que “representa” al todo.

Pero entrando al trapo habrá que repetirle al Secretario de Estado para el Deporte (y a los políticos vascos y catalanes) que las selecciones de las federaciones autonómicas ni representarán a España ni al País Vasco o Cataluña, sino que representarán a sus respectivas federaciones, que son entidades privadas.

El Presidente del Gobierno, señor Rodríguez Zapatero, se ha hartado de repetir que España no se desmiembra, y a fe que está demostrado. Ahora es el momento de dar un paso más y demostrar que los lazos que unen a los españoles no penden del hilo con el que está cosida una pelota de cuero.

Noticias enlazadas:

• Lissavetzky rechaza que las selecciones CCAA compitan en torneos oficiales (diario As)

• Lissavetzky dice Gobierno rechaza selecciones CCAA compitan torneos oficiales (Terra actualidad)

• El PNV pide a Lissavetzky que el Gobierno “garantice el respeto a las identidades de las nacionalidades” del Estado (Deia)

29 de mayo de 2007

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Juego versus deporte

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 Y por qué no…

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 Bilbao, años setenta

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 Cacique con cola

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