[Continuación del artículo “Trampas, trampas, trampas”]
RECUERDO DURANTE el mundial de fútbol de Alemania a un simpático locutor de televisión que abogaba por no echar la pelota fuera cuando hubiera un lesionado en el campo, lo cual nos enfrenta a la paradoja de un deporte sin deportividad.
Cuando alcancemos ese estadio nos encontraremos ante algo que no podría ser llamado deporte aunque se le parezca. Hay que reconocer que el locutor (al cual me encargué de criticar en su momento) reaccionaba así ante otro tipo de trampa, cual es fingir una lesión para que se detenga el juego y con ello transcurra el tiempo del encuentro en beneficio propio.
Quizá haya que establecer un código deontológico para los deportistas profesionales —al igual que existe en otras profesiones— y dejar que una corporación interna se encargue de sancionar las faltas de ética.
Pero, ¿qué hacer con todo aquello igualmente fraudulento que acontece paralelamente al juego?
Los amaños de encuentros deportivos para favorecer ciertos tipos de apuestas, de lo que ya he hablado en el artículo precedente, fueron llevados a los tribunales de Justicia, como no podía ser de otra manera.
El deporte no puede ser ajeno al ordenamiento jurídico. Eso de que lo que ocurre en la cancha se queda en la cancha es, curiosamente, defendido por quienes hacen trampas: los que provocan al rival con insultos racistas, los que drogan a los jugadores del otro equipo o los que meten goles con la mano.
Atenta contra de la salud mundial del deporte que un tipo que ha sido un icono deportivo se vanaglorie de las veces que cometió fraude durante el juego y no le pillaron.
Allá cada cual con su conciencia pero convendría enjuiciar la catadura moral de quienes defienden la trampa como algo inherente al juego que debe aplaudirse como una genialidad.
Un terreno de juego no es una arena de gladiadores en la que acciones contrarias al ordenamiento jurídico deban quedar impunes, por muy millonarios que sean los participantes.
Estamos asistiendo estas semanas a una nueva vuelta de tuerca muy refinada en la escalada de las trampas, precisamente en dos de los deportes que más dinero mueven, como son la fórmula uno y el fútbol americano NFL (la NFL es, económicamente, la liga más poderosa de las cuatro grandes ligas americanas).
Me estoy refiriendo a los casos de espionaje que ya conocemos. Para el aficionado español el caso de espionaje entre McLaren-Mercedes y Ferrari es de sobra conocido, tal vez porque dos pilotos españoles están contratados por la escudería anglo-alemana y la prensa nacional le ha dado una amplia cobertura.
Para quien aún no tenga claro cómo se han desarrollado los acontecimientos les enlazo un artículo de Desde el sillón, donde han tomado prestada una excelente infografía animada.
Para los que no sepan de qué va el caso de espionaje en la NFL dejo aquí tres enlaces que les aportarán una instructiva información sobre el asunto: (1) sospechas de espionaje y antecedentes, (2) la prensa prevé sanciones y (3) la resolución del caso.
¿Se trata de una nueva lacra en el deporte profesional? Diría que no. A buen seguro que el espionaje se viene practicando en diferentes grados desde el inicio del deporte, aunque los espiados no le habrían dado mayor importancia.
En los dos casos de espionaje referidos ha sido el propio organismo que rige el campeonato quien ha impartido justicia. En la fórmula uno se ha saldado con una multa de 100 millones de dólares para McLaren-Mercedes.
En el caso de los New England Patriots la sanción para el entrenador ha sido de medio millón de dólares. La NFL aduce que es la multa máxima prevista en el reglamento de la competición.
Recuerdo a quienes gustan de detalles que los equipos americanos son franquicias y que el dueño de la competición es la propia liga. Los jugadores de todos los equipos —y creo recordar que los entrenadores también— son trabajadores de la NFL, aunque quien les pague por sus servicios sean las franquicias. Así, cuando la NFL sanciona, lo está haciendo a un empleado suyo. Ello es determinante a la hora de entender este sistema, ya que los trapos sucios se lavan en casa y entre miembros de la casa.
Pero en el caso de la fórmula uno es diferente. Una empresa ha espiado a otra, tal y como refleja el veredicto del tribunal de la FIA.
Me parece poco serio que la Justicia no intervenga; ¿por qué no se denuncia este asunto como un caso de espionaje industrial? Pruebas parece haber en abundancia.
El nuevo despropósito que salpica este asunto parece marcar la diferencia de trato que le ha dado al caso la FIA y el que podrían haberle dado los tribunales de Justicia, respaldados por el aparato institucional.
Pero tampoco comparto que pudiera darse un doble enjuiciamiento: el deportivo y el “civil”. No sería de recibo que tras la sanción económica de la FIA ahora Ferrari quisiera también una satisfacción extradeportiva.
Porque las sanciones deportivas no prevén penas de prisión para los infractores… ¿Existe entonces una cierta impunidad cuando el caso es juzgado por tribunales meramente deportivos?
En los casos por dopaje la Justicia ya está interviniendo. España es uno de los países pioneros en la lucha estatal contra el dopaje deportivo a través de una ley ad hoc.
¿Y el lector qué opina? ¿Hay que dejar los casos de desobediencia al ordenamiento jurídico que se den en el seno del deporte en manos de los tribunales de Justicia?
¿O tal vez cree que deben existir tribunales deportivos y exonerar a la Justicia civil de intervenir en asuntos deportivos?
¿O quizá haya que decantarse por una fórmula mixta, en la que la Justicia debe intervenir en según qué casos? ¿Qué criterio seguir?
Y de intervenir la Justicia civil, ¿debería hacerlo de oficio o sería más conveniente hacerlo a instancias de parte?
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Espionaje industrial





(Jean Dolent)
















Lo del codigo deontologico creo que estaría bien que se llevara a cabo y en cada deporte se realizase uno otra cosa que no entiendo muy bien es tu propuesta de que se castiguen ciertas actitudes a traves de la administración de justicia.
Creo que si un futbolista, jugador de baloncesto o cualquier otro deportista ; por ejemplo si se lia a ostias contra un adversario o le lanza injurias o calumnias hacía su persona , el afectado esta en todo su derecho como cualquier otro ciudadano de efectuar una denuncía sobre lo acontecido a traves de la administración de justicia y al margen de las sanciones que se pudiesen llevar a cabo a traves de la federación correspondiente.
En definitiva creo, que un campo de futbol o cualquier otro coliseo deportivo no es ningún imperio al margen de la ley establecida para todos los ciudadanos de a pie aunque tengan sus propias reglas y normas federativas como es obvio.
Disculpa mi ignorancía pero me gustaría saber si el caso de Maclaren-Mercedes se solucionó solamente en los tribunales deportivos de dicha competición o tambien paso a la jurisdicción ordinaria. Es un tema que no estoy muy al corriente salvo lo que he leido en un par de diarios de tirada nacional y lo único que se es que se resolvio en los despachos de la federación de f1 pero creo que tambien puede ser motivo de infracción penal por las leyes internacionales.
Creo que lo del código deontológico para el deportista profesional debería ser unificado y no específico para cada modalidad deportiva.
Lo de cursar denuncia ante los tribunales es algo que casi nadie tiene claro. Hemos oído hasta la saciedad cómo los clubes descontentos con una resolución federativa amenazan con llevar el caso a “la justicia ordinaria”.
Por supuesto que el deporte debe enmarcarse dentro del ordenamiento jurídico, y no puede abstraerse a él, aunque hay quien pretende una doctrina totalmente opuesta.
Estamos asistiendo a la duplicidad de legislación (cosa que ya he criticado aquí). Ley contra las drogas en el deporte, ley contra el racismo en el deporte, legislación contra la violencia en el deporte…
No me extrañaría que dentro de poco tengamos leyes contra el fraude fiscal en el deporte. Para mí es un sinsentido.
No sé por qué las autoridades le dan un rango especial a todo lo que acontece en el deporte. Pero estoy empezando a pensar que lo que ocurre es, simplemente, que quienes legislan no tienen muy claro cuáles son los límites del deporte.
Sobre el tema del espionaje en la fórmula uno, Ferrari había llevado el caso a la Corte de Módena. Pero le he perdido la pista a esa denuncia. Por eso digo que no entendería que hubiera un doble juicio (el deportivo y “el civil”) y por lo tanto dos resoluciones. ¿Te imaginas que McLaren fuera condenado por los tribunales italianos a pagar otros 100 millones de dólares? ¿O que si fueran absueltos por la Justicia italiana no tendría sentido la resolución de la FIA?
Pero entiendo que Ferrari es libre de llevar el caso ante los “tribunales ordinarios”.
Y veo que tú abogas porque exista precisamente ese doble juicio. Si un jugador agrede a otro, digamos con una patada y un puñetazo, dices que la federación debe sancionar, y que la Justicia debe actuar también. Es una opinión respetable pero que no comparto.
De hecho, en mis preguntas no contemplaba esa posibilidad. Planteaba que actuase la Justicia (ordinaria) o la justicia deportiva; una u otra. Pero preguntaba si debía mantenerse el criterio adoptado siempre o en según qué casos.
Hola! según lei en una nota, el caso de Espionaje industrial de Mc Laren Mercedes a Ferrari si va a instancias judiciales, tanto en Italia como en Inglaterra…
Muy interesante tu blog…Saludos desde México!
Gracias por la información, Dakini.
Y gracias por el elogio. Un abrazo desde España.
Pienso que se debería establecer ese código deontológico y de comportamiento interno dentro de todos los deportes, aunque con algunas especificidades propias según el tipo de deporte. A su vez sería conveniente acordar qué ámbitos de dicho código deberían resolverse por la “justicia” deportiva y cuales podrían pasar también a la habitual de todos los ciudadanos.
El único problema que le veo a ésto es que en ciertos lugares, como Spain, los tribunales van a paso de tortuga, así que si no modifican el trotecillo dotándose de más medios, personal y agilidad mental y escribana, presiento que la resolución sobre un par de tortas habidas en el campo llegaría cuando alguno de los jugadores ya estuviera en el otro barrio. Y, claro, tampoco es cosa de darle prioridad al asunto deportivo en detrimento de otros ámbitos, aunque sí pienso que podrían hacerse salas específicas del ámbito deportivo, con jueces especializados en el tema. Por ejemplo, letradosy togados que se sepan de memoria las alineaciones de los equipos de la primera división de fútbol.
Pues no sé yo si la alineación de los veinte equipos de primera división serviría para optar a la plaza de magistrado en lo deportivo, pero tu idea no es mala, no.
Una sala de “lo deportivo” en cada comunidad autónoma tendría bastante trabajo de tercera división para abajo. Y a aprenderse la legislación deportiva, que lleva camino de ser densa habida cuenta del camino que ha emprendido el CSD y que ya he criticado aquí con largueza.
A lo mejor así se aligeraba la carga de otros juzgados, porque existen varias denuncias por impagos de los sueldos a jugadores, y por impagos a la Hacienda pública. Que ahora que lo pienso no sé como Jaime I del CSD no mete su sable en esa deuda como sí está haciendo con otras cosas.
Te decía que existen varias denuncias pendientes por impagos, por agresiones y por mil historias que ocurren en las canchas deportivas de esta España.
Sobre el código deontológico yo también creo que es buena idea. Y que fuera el CSD, que para eso lleva esa “D” tan maja, quien sancionara a los que hacen cuento, a los que echan la pelota al tercer anfiteatro después de haber pitado el árbitro, a los organizadores que empiezan los eventos cuando les da la gana (en boxeo ya es proverbial que la velada empiece con retraso).
Pero claro, el reglamento de espectáculos públicos está de adorno en las estanterías. Y ahí tampoco se mete el sable, porque es contraproducente (o impopular).
Pero me gustaría saber tu opinión sobre los dobles juicios que pueden darse en los comités deportivos (¿por qué llamarles tribunales?) y en los tribunales de Justicia.
Como soy de la absurda opinión (que tengo la impresión de que también compartes) de que la cosa leguleya y jurídica debe ser poquita, bonita y barata (además de buena -o sea- usando el sentido común), lo primero que haría sería hacer una cura de adelgazamiento en las toneladas de normas, códigos y mojigangas que pretenden controlar y maniatar a la realidad. Una vez reducidas las normas a la mínima expresión, eliminando duplicidades, normas del año catapúm, artículos escritos sólo patra el lucimiento pseudo literario del legislador, capítulos imposibles de aplicarse en la vida cotidiana y otras lindeces por el estilo, y fijadas estas dos jurisdicciones (la estrictamente deportiva de los “comités de disciplina y jaleos varios” y de los tribunales habituales de justicia, con sus salas de lo deportivo), delimitaría qué casos y problemas deberían corresponder a los comités de lo puramente deportivo, cuales a los de tribunales y aquellos que podrían ir a los comités, pero que en segunda instancia podrían recurrir por la vía judicial.
Acabo con un ejemplillo de los míos, por si no me he explicao bien. Un defensa le arrea una alevosa patada a un delantero y le parte la pierna por cuatro sitios. Comité deportivo. Aplica la sanción fijada de antemano y todo queda ahí (multa, sanción de partidos, llevar escrito en su camiseta durante una temporada “soy un burro”….) salvo que el lesionado haya quedado imposibilitado para jugar el resto de su vida o mermado para hacerlo al nivel que tenía, en cuyo caso éste podría recurrir a la vía judicial ordinaria pidiendo daños, perjuicios y hasta pena de cárcel si ha lugar.
Una velada de boxeo que empieza a la hora del desayuno, con diez horas de retraso. Comité deportivo, se deniega la licencia, se ponen multas, etc, pero el asunto no pasa de estos límites.
Un aficionado tira una bengala en el campo y produce heridos y hasta algún muerto. Directamente el asunto a la justicia ordinaria, que podría multar, cerrar el campo, etc del equipo local si observa negligencia, por no hablar de las acciones penales y económicas a aplicar al descerebrado o criminal que hizo uso de un objeto altamente peligroso en un lugar inadecuado.
En fin, yo no tengo mucha idea de estas cosas pues creo bastante poco en la cosa justiciera, aunque reconozco que es necesaria y que lo suyo es un papelón. (Como lo es el de los ejércitos, que serán malísimos, pero que siguen siendo necesarios). Lo que sí sé es que el Derecho y la Justicia (al fin y al cabo, las sanciones a la inobservancia de las normas de convivencia social) deben ser claritos como el agua y dejarse de tanta mandanga y tanta burricie como encierran. Una justicia en donde un buen abogado consigue la absolución de un tipo culpable o uno malo la condena de un inocente es absolutamente impresentable. Pero todo lo resumiría en una máxima puñetera: pocas leyes, pero que se cumplan y que las cumpla todo hijo de vecino.