PARECE QUE la madurez mental asoma por los cerebros de los federativos internacionales, y comienzan a cuestionarse algunos métodos de trabajo que yo diría —en su descargo— que han heredado de administraciones anteriores.
Me estoy refiriendo concretamente a la noticia que ha difundido la FIG: «Gimnasia sólo para mayores de 16 años», que lleva por entradilla: “Las deportistas de menor edad podrían ser vetadas para participar en competiciones internacionales a partir de Pekín 2008”.
Pero mi natural suspicacia y mi descreimiento adquirido me llevan a pensar que o bien hay un beneficio oculto (para alguien) en el cambio planteado, o bien se está desviando la atención de algún tema poco o nada recomendable para los intereses de la gimnasia (o de alguien).
Denunciar la explotación infantil en el deporte no es nuevo en esta bitácora, como atestiguan los dos botones de muestra que dejo a continuación.
Hace ahora tres años redacté una suerte de alegato en contra de estos intereses deportivos que se mueven en torno a la infancia. En “Queridos Reyes Magos” criticaba actuaciones que son habituales en las entidades de fútbol de los países industrializados.
Y en septiembre de 2006 me quejaba estérilmente por la muerte de un muchacho de 18 años en una prueba motociclista. De resultas de un mínimo trabajo de investigación descubrí que un año antes había muerto un niño de 14 años en el mismo circuito.
Como yo tampoco soy tonto, sé perfectamente que mis desahogos en El Espectador no llegan siquiera a un pataleo en la vorágine de la actualidad deportiva. Pero voy a seguir quejándome del hipócrita estado del deporte mundial.
Sobre el régimen estricto en el que viven las niñas gimnastas en muchos países, incluido uno tan cercano como España, ya se ha despachado Juan Puñetas en su siempre satírico y mordaz Arco comentando esta misma noticia. Pero siempre hay más.
Los deportes de combate —mal llamados deportes de contacto incluso por prestigiosos comentaristas deportivos, consecuencia de una antigua y desafortunada traducción literal— me son muy cercanos por motivos que nunca he querido confiar aquí, aunque son varias las referencias hechas a lo largo de estos más de tres años de El Espectador (antes Aguja de Bitácora).
Tras un periodo de alejamiento, debido en parte a saturación y abulia, estoy volviendo a interesarme por deportes como el boxeo y el kickboxing. Un torneo, conocido como K-1 y llevado magistralmente (en lo económico) por un magnate japonés, está dejando tales beneficios y levantando tal polvareda mediática que hasta en la quijotesca y puritana España se están retransmitiendo combates del circuito internacional.
Esta semana nos presentaron a un campeón japonés de… ¡15 años! (como la novela del inmortal Verne). El niño, que mostraba muy buenos fundamentos, se enfrentó a otro muchacho coreano de 18 años, al que trató de tú a tú, ganándole el combate (3×3) sin ningún género de duda.
El chaval, que ya ha levantado pasiones en el país nipón, atiende al nombre de Hiroya. Aquí dejo la página oficial del K-1, donde nos dan el perfil del peleador. Presento el website japonés porque en la foto se aprecia perfectamente su juventud, pero también hay, cómo no, versión en inglés.
Que nadie piense que la maestría que ha demostrado tener Hiroya la ha adquirido jugando en la “plei” al Street Fighter o similares. Hace falta dedicación, esfuerzo, sacrificio, tiempo, sufrimiento y muchas muchas horas de gimnasio haciendo guantes, como se dice en el argot, ora dando, ora llevando golpes.
La soltura que le he visto a este chaval en el ring se adquiere tras haber disputado muchos combates. En el segundo enlace a su palmarés nos dicen que ha sido campeón mundial de los 45 Kg. con 13 años. ¿Desde qué edad lleva peleando? Aun enfrentándose jóvenes de edades similares las hostias que arrean estos chavales hacen daño, y su organismo está aún sin formar: músculos (corazón incluido), esqueleto (esas tibias con las que se golpea), caja craneal…
He hablado de explotación infantil en el deporte. Los adultos no acunan a estos mini-héroes por el dinero que generan, sino por el dinero que pueden llegar a generar si se convierten en estrellas del deporte mediático. Pasen y vean el nuevo circo mundial en la pantalla de su casa.
Nota: Por si alguien todavía no sabe de qué va esto del kickboxing, aquí tienen un vídeo promocional. No sale Hiroya, pero pelea con las mismas reglas que estos gladiadores (¡qué épico! :-P).
7 de diciembre de 2007
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Explotación infantil en el deporte




(Jean Dolent)
















Muy majo el chaval, pero yo preferiría no tenerlo de alumno por si un día se cabrea… O de cliente, por si le da por protestar a su manera…
La verdad, la más insólita pero exacta verdad, es que un niño (y a sus 13 y 15 años el Hiroya lo era/es) lo que tiene que hacer es divertirse, jugar, leer y esas cosas que luego harán de él un pequeño monstruito… en el futuro. Convertirse en tal a tan temprana edad da un poco de grima y de vergüenza ajena. Pero, en fin, la cosa está como está y no hay que darle más vueltas…
Ah, por fin encuentro una clara divergencia con la Aguja. Al Puñetas los deportes de garrotazo y tentetieso, de puñetazos y agarres, no le gustan ni en pintura. Cuando chaval si que me enteraba un poco de la cosa del boxeo (que estaba muy en candelero), pero poco más. Ver a un humanoide pegarle a otro, aunque sea en plan deportivo, no me hace ni pizca de gracia. No critico a quienes les gusta o pasan el rato con ello, pero el menda no puede. Es superior a sus fuerzas…
Los deportes de combate tienen su aquel. No en balde se llama al boxeo desde hace tiempo “el noble arte”.
Alguien dijo una vez que un combate es un duelo de voluntades. Y yo añado que es un duelo de inteligencias. El arte de dar evitando que te den.
Lo que ocurre es que en estos últimos tiempos la gente va muy lanzada y ganan los combates dando 50 golpes a cambio de recibir 49 tabanazos.
Si te digo la verdad, a mí ese tipo de combates tampoco me gustan. Tengo al baño María un articulillo que habla sobre estas cosas. Pero un buen amigo me ha aconsejado que espere para sacarlo.
Te dejo aquí un vídeo de cómo se las gasta el angelito. Al árbitro sí le daba yo un par de hostias de las que hacen daño, por gilipollas.
Supongo que para apreciar el “arte” de estos deportes hay que ver combates de alto nivel. Y esos escasean. Cada vez hacen debutar más pronto a los chavales en categoría profesional.
Si el cuajo te permite ver el vídeo que te enlazo, ya me dirás qué opinas de que un crío de 15 años esté metido en estas lides.
Como ya denuncio en el artículo, quienes le rodean están ahí sólo por la pasta. A eso llamo explotar a un niño. Pero lo mismo ocurre en fútbol y en deportes de motor y en gimnasia, sin que el personal se escandalice.
A ver dónde están esos que hablan de los derechos de los niños. Tenemos en este “primer mundo” mucho por lo que trabajar todavía.
¡Las madres que los parieron a todos! No entro ya en el tema de la explotación y en los derechos del niño (que aquí, con la pasta gansa que debe circular, es lo de menos). ¿Cómo puede ser vendido semejante carnaval como un “espectáculo”? ¿Qué aliciente, gracia, sabiduría, entretenimiento tiene ver a dos niñatos mocosos pegarse hostias hasta que uno se va a la lona? Y esa telecaca, repitiendo las mejores jugadas al final del combate. Es, sencillamente, de juzgado de guardia. Luego resulta que en los medios de comunicación nipones está prohibido y hasta es de mal gusto la exhibición de los órganos sexuales (¡serán hipócratas y meapilas!).
Me recuerda ésto una película reciente que en China ha sido censurada en sus escenas más eróticas (bah, unos cuantos grititos y desnudos) mientras que a ningún mandarín chinesco se le ha ocurrido cortar ni un solo fotograma de la inumerable y desaforada violencia que encierra la puñetera peli.
Pero en fin, si así son de felices en en el país del sol naciente, allá ellos. De una cosa sí estoy seguro: el angelito este del Hiroya y otros como él acabarán hechos polvo. Quiero decir, más hechos polvo de lo que ya están. Y se lo tendrán muy merecido, pero que muy merecido. Por gilipollas.