QUIEN HAYA LEÍDO mi adiós al anterior Director General de Deportes de Asturias, Daniel Gutiérrez Granda, conocido en algunos mentideros del deporte asturiano muy cariñosamente como el Gordo Granda, habrá observado que servidor no albergaba grandes simpatías hacia su gestión.

Fueron muchos los cegaratos que alabaron su forma de irse y ponderaron su dedicación a la política de cobro mensual. De entre esos, son muchos también los que ya le han olvidado. La inconstancia humana tiene estas cosas.

Pero el Gordo Granda se resiste al ostracismo, y desde la nevera (política) en la que se encuentra ha querido dejarnos unas letras de ánimo cual mensaje navideño a semejanza de las autoridades. Aliento sin duda del que estábamos necesitados, pues sin el amparo de su ancha sombra el deporte asturiano se ha ido diluyendo en estos pocos meses…

Para quien no tenga la paciencia de leer su epístola a los asturianos, la bosquejaré en unas líneas.

En los dos primeros párrafos, como docta introducción, el Gordo Granda pasa rápidamente de los beneficios sociales y psicofísicos de la práctica deportiva para el ciudadano de a pie a los logros (para gloria estatal) de los campeones del momento. En una asociación de ideas de dudosa oportunidad el hombre deriva hacia el dopaje, al que muy originalmente tilda de lacra.

Sin citar fuente alguna —por tanto una aseveración apócrifa— dice haberse alcanzado altas metas en todos los sectores del deporte asturiano, y desgrana una lista de campeones de la tierra. A mí me da lástima el desconocimiento que demuestra de la realidad deportiva en regiones cercanas. Como si Fernando Alonso y una nominilla de no tan famosos deportistas pudieran igualar las diferencias existentes entre Asturias y nuestros vecinos.

Contrariamente a su optimismo me atrevo a decir que Asturias es la comunidad autónoma de las bañadas por el Cantábrico donde menos “se vive el deporte”. Pero para verlo hay que salir de casa y abandonar criterios narcisistas.

Termina dogmatizando sobre la dirección política del deporte asturiano en los próximos años, como si quien le ha sucedido en el cargo necesitara que le “llevaran de la manina”.

Esta paternalista misiva propicia una serie de preguntas un tanto retóricas.

¿Desde cuándo la condición de “ex-algo” es un título facultativo para firmar discursos? ¿Cómo le habrá sentado al nuevo director general esta amonestación pública de su predecesor en el cargo?

¿Pretende el Gordo Granda seguir en el candelero después de su retiro político? ¿Por qué sigue recurriendo a la prensa para llamar la atención sobre su persona? ¿Qué busca cuando lo hace?

¿Por qué su partido no le impone silencio —vía expediente interno, por ejemplo— por entrometerse en asuntos de política deportiva regional que han dejado de ser de su competencia? ¿Van a permitir al Gordo Granda ser un niño díscolo al que todo capricho se le perdona? ¿No ha hecho ya bastante daño a su partido como para que le consientan estos pataleos?

¿A qué viene esa relación de deportistas asturianos para acabar dejándola abierta cuando tuvo tiempo de repensar el texto? ¿No hubiera sido más sensato evitar nombrar a nadie en particular? ¿Querrá, pues, captar voluntades?

¿No sabe el Gordo Granda que algunos de los deportistas que él cita simplemente le toleraron en su etapa de director general mientras que otros le criticaban (con la boca pequeña no fuera a ser que les quitaran lo que les daban)? ¿Piensa este ex-director general que reseñando a personas que han dejado de necesitarle les está ganando para su causa?

¿Por qué sigue trasladando a la opinión pública esa imagen de persona resentida que no sabe marcharse en silencio cuando su tiempo ha acabado?

¿No ha averiguado aún por qué se convirtió en prescindible para su amigo —y camarada— Vicente Álvarez Areces? ¡¿Quién le mostraría al presidente asturiano que estaba acabado porque no tenía proyecto alguno para seguir al frente de la Dirección General de Deportes otros cuatro años?!

¿Le parecía pequeño el cementerio de elefantes que le buscó su partido y pensó que él valía más?

¿No vio que la medalla que le regaló el Consejo Superior de Deportes sonaba a despedida? ¿No ha visto que el órdago que echó al gobierno Areces es el que le ha colocado en la situación en la que se encuentra? ¿No ve que ya a nadie le interesan sus dogmas?

¿Cuándo asumirá que su etapa acabó y que con escritos como éste es objeto de mofa en las redacciones de los medios de comunicación asturianos y en los foros deportivos?

4 de enero de 2008
(sed buenos, al menos estos dos días)