La excepción confirma la regla

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ESTÁ CLARO que el título de este artículo es una contradicción, pero la frase es utilizada en el habla hispana como si de un axioma se tratara. Como ando tarde en mi compromiso de subir dos artículos críticos semanalmente (martes y viernes) —estoy dedicando el poco tiempo de que dispongo a un proyectito ligado al mundanal mundillo éste de las bitácoras—, me saldré por la tangente para aclarar este modismo, cosa que hace tiempo tenía ganas de hacer. De paso presento la bitácora de un periodista deportivo y dejo una crítica sobre esa parte de la blogosfera.

No hace mucho he descubierto “El futbolín”. Quienes leen El Espectador ya saben lo que pienso de las bitácoras de los periodistas deportivos: mucha mantequilla con mermelada pero la grasa no deja que se moje la tostada, que es como nos gustan el pan con el café a los currantes, los que no gozamos del relumbrón y el poder de convocatoria de los mass media.

Que nadie espere de un periodista deportivo una bitácora crítica. Ellos son dóciles, y si alguno se descarría, es llamado al redil —como se expuso aquí no hace mucho— al que acude mansamente, pues el rodillo en profesión tan corporativa dejaría a más de un hijo sin las últimas zapatillas del mercado.

Como además van justitos de tiempo, los periodistas que se asoman a la blogosfera deportiva se han sumado al carro del post —o suelto, que se llama por las redacciones [¡sniff!, ya no es fácil encontrar verdaderos artículos de opinión ni ensayos periodísticos…]—, y en dos párrafos adoctrinan a los miles de lectores que acuden a esas bitácoras como las polillas van a la luz.

Dejemos a los molestos insectos agolparse en torno a semejantes faros de sabiduría deportiva, y mientras tanto nos dedicaremos a crear luz con la crítica, cosa nada fácil y mal agradecida. Ésta mi bombillita quedaría eclipsada con el revoloteo de tan ingente cantidad de bichitos (mejor seguimos como hasta ahora).

En el último post subido a bitácora con tan coqueto y popular nombre, el columnista que la firma ha cometido un error que en modo alguno debe imputársele, pues la coletilla corre de boca en boca por toda la España virgen y por la desvirgada también.

Quiero puntualizar que me sumo al sentir expresado en “Mucha mano y mucha venda”, a pesar de que no pocos de los comentarios allí vertidos expresan la idea contraria a la del autor.

El modismo que pretendo corregir se encuentra en esta parte del post:

En Inglaterra hay menos manos y más nobleza (a pesar de lo de Taylor con Da Silva, que es la excepción que confirma la regla).

El latiguillo que cierra la frase, y que todos hemos usado alguna vez, carece de lógica: ¿Cómo es posible que una excepción confirme una regla?

Una regla, por definición, debe poder aplicarse en todos los casos. Si aparece una excepción la regla quedará invalida; a lo sumo habría que tener presente dicha excepción, pero nunca una excepción podrá confirmar una regla.

¿Cómo se ha llegado a afirmar tal contrasentido? Conste que la explicación que ofrezco aquí no la he visto en ningún lugar. Por eso la presento, que los parroquianos de esta bitácora saben que no pierdo el tiempo copiando y plagiando ideas ajenas. Eso lo dejo para algunos periodistas deportivos.

La clave está en el verbo utilizado: “confirmar”. Recuerdo de mis años mozos que esta frase se enunciaba así: “es la excepción que prueba la regla”. El tiempo y los listos que siempre quieren rizar el rizo y adornarse con semánticas rocambolescas han trocado por ignorancia el verbo “probar” por “confirmar”.

Ocurre que el verbo “probar” tiene al menos dos acepciones. Probar en el sentido de confirmar (de dar por válido) y probar en el sentido de poner a prueba.

Ahora sí que cobra sentido la frase original: “es la excepción que pone a prueba la regla”. Si la regla no supera la prueba pues o bien será desechada o bien habrá que añadirle una apostilla explicando que en ese caso concreto no es de aplicación y carece de valor.

¡Leche!, que tal y como se dice hoy en día, las generaciones venideras van a acabar creyendo que a toda regla le corresponde, por definición, una excepción (que además la confirma…).

29 de febrero de 2008
día bisiesto :-P

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Bajeza

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 Boquita

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