RETOMANDO el artículo anterior en el punto donde lo había dejado, continúo diciendo que no sólo no se vicia este sistema, sino que tomaría consistencia, porque los poderes públicos estarían invirtiendo en la salud de la población a través de la práctica deportiva —el famoso rendimiento social—, dejando los circos deportivos en manos de la iniciativa privada (como ya ocurre con la fórmula uno, los grandes premios de motociclismo o el Tour de Francia).
Esa iniciativa privada fomentará también la práctica del deporte a través de la imagen que transmitirán los ídolos deportivos, lo que redundaría en la finalidad que concierne a los poderes públicos en lo que a deporte se refiere. Las federaciones deportivas están a medio camino entre los poderes públicos y la iniciativa privada, como corresponde a una entidad privada sin ánimo de lucro, que se movería por sentimientos altruistas.
Sin embargo el entorno y el núcleo de las federaciones deportivas se ha politizado debido a su vertiente administrativa, y sus dirigentes obtienen beneficios económicos dada su vertiente privada. Las federaciones deportivas abrigan en su seno lo peor de ambos mundos.
Pero veamos con imágenes el sistema propuesto:

Sin embargo lo que tenemos es esto otro:

Un sistema deportivo en el que se inmiscuye el Estado en todos sus estamentos.
Hemos superado el punto en el que conviene desdoblar la gestión del deporte, dedicándose las federaciones deportivas españolas reconocidas por el CSD a la competición en su vertiente de deporte base y deporte aficionado, y descargando la organización de los eventos profesionales, de elite deportiva o espectáculos deportivos (lo que llamo el deporte circo) en asociaciones privadas con ánimo de lucro (empresas).
No, no digo bobadas. Sirva este ejemplo en mi defensa. En la noticia se relata sucintamente los trámites que una SAD levantina debió seguir para hacerse con los servicios de un profesional estadounidense. Nos dicen:
Aunque ya se sabía del acuerdo previo que se había dado entre la Liga Profesional de Fútbol (MLS) estadounidense y el Villarreal FC […]
El Villareal FC no tuvo que tratar con los Red Bulls de Nueva York, franquicia en la que militaba hasta ahora el jugador, sino con la Major League Soccer (MLS), que es la empresa con la que el profesional tiene un vínculo laboral. La franquicia neoyorquina es la que le paga, pero el jugador tiene contrato con la empresa MLS, llámese liga o federación.
Esto lo intentó tímidamente nuesto Estado allá por principios de los años noventa, pero sólo copió la punta del iceberg del sistema americano del deporte profesional. Las ligas profesionales —LFP, ACB, ASOBAL, etc.— deberían haberse constituido fuera del entramado federativo reconocido por el CSD. Pero los políticos quisieron amarrarlo todo, como dejé constancia en una serie de artículos inconclusa, una de las que en realidad dio origen a esta serie de escritos en forma de blog.
Como en toda regla de carácter social (en oposición a una regla matemática, en donde no es posible que haya “excepciones”) hay ocasiones en las que no se cumple —afortunadamente— todo este recorrido, y aparecen fenómenos que consiguen que el nivel de determinado deporte dé un salto cualitativo en un corto espacio de tiempo (en Biología las llaman mutaciones).
Un caso típico es el de Fernando Alonso, que en un país donde los deportes de motor nunca tuvieron ningún campeón en su máxima categoría (la elite), y en el que la base (la cantidad) no es muy amplia, ha conseguido auparse a la categoría de ídolo. Si circunscribimos su caso al ámbito regional entonces el fenómeno es palmario, puesto que los poderes públicos asturianos jamás habían invertido en el deporte de motor base.
Esta “mutación deportiva” ha traído consigo la afición a todas las categorías de los deportes de motor, desde los karts a los ralis, pasando por carreras de scooters, y ahora existe mayor cantidad de practicantes en competición (calidad) y los poderes públicos asturianos se han apuntado a invertir en Ciudades del Motor y otras lindezas para mayor gloria de la quema de combustibles.
Pero eso sí que es una perversión del sistema, el que los poderes públicos se apunten al caballo ganador para salir en las fotos y en los papeles. No han recogido ninguna cosecha trabajada porque nunca habían sembrado ni abonado ese campo deportivo. Igual ocurre cuando los políticos se pegan por recibir a los campeones del mundo, sean de baloncesto o de fútbol sala. Evidentemente esto ocurre por el eco mediático que prevén que los mass media den a los títulos deportivos.
La misión de los poderes públicos, como queda dicho, es la de fomentar la práctica deportiva y dejar los laureles para los competidores. Pero, los poderes públicos y los políticos no son la misma cosa…
6 de junio de 2008
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(Goethe)
















