El rey de las ratas

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Este artículo se escribe en colaboración con
Por el Arco del Triunfo, de Juan Puñetas.

[El rey de las ratas(*) es un fenómeno poco estudiado que atañe principalmente a la rata negra europea, poseedora de una cola especialmente larga. Se llama así a un grupo de roedores que aparece con sus colas entrelazadas, anudadas (hasta 32 animales se han llegado a encontrar de esta guisa); la maraña resultante es de tal calibre que les es imposible zafarse, quedando aprisionadas y corriendo todas ellas la misma suerte].

LA MARAÑA que se está formando en el deporte, entre gobiernos y asociaciones internacionales, es de tal magnitud que bien podríamos llamarla un “rey de las ratas”. Sobre todo por su dificultad, o imposibilidad futura para desenmadejarla.

Me voy a servir de los recientes acontecimientos que tuvieron como eje el encuentro deportivo entre el Atlético de Madrid y el Olympique de Marsella para ilustrar mi teoría.

Todo apunta a que el ministro Moratinos, forofo seguidor del Atlético de Madrid, contactó con la UEFA, más concretamente con monsieur Platini; parece ser que motu proprio, por lo que podríamos suponer que se dejó llevar por la fidelidad a los colores de su almeja (diminutivo de alma). ¿Para esto pagamos altos cargos…?

Platini no se hace de rogar, y airea este patinazo del Gobierno español; ¡halagado está de tratar de tú a tú con los políticos!

Pero es contradicente hablar con grandilocuencia pidiendo acceso al G20 y a la vez enfrascarse en un debate carente de sentido, porque la UEFA no tiene entidad para tratar en igualdad de condiciones con los Estados. Es la diferencia que hay entre un debate en sesión plenaria y una discusión de verduleras.

No es de extrañar, pues, que la UEFA se haya animado a acusar a la Policía española de haber provocado la trifulca, ya que es el Gobierno español quien les ha dado alas. Ahora ya se ve involucrado hasta el Ministro de Interior, responsable del Cuerpo Nacional de Policía en último grado, e incluso se involucra el Presidente del Gobierno con sus declaraciones, como ya hemos visto.

(Echo en falta a Lissavetzky —un clásico de estos saraos— para enmadejar más este entuerto. Según se oye en los mentideros políticos el rapapolvo institucional que se ha llevado por su afán de protagonismo le retiene en la nevera del sin bin).

Por su parte la UEFA ha perdido cualquier atisbo de credibilidad sancionando a la SAD Atlético de Madrid (a su equipo profesional) por la nefasta —a su juicio— actuación de la Policía española. ¿Quién es la UEFA para juzgar la actuación de la Policía de un Gobierno?

En todo caso debería ser un tribunal internacional, o quizá la Unión Europea, quien censurara la (a juicio de unos pocos) desmedida actuación policial, pero nunca la UEFA, que por otro lado son juez y parte. ¿Pero por qué sancionar a un equipo deportivo por la actuación de la policía nacional? Es un descomunal despropósito.

Todo apunta que la batalla campal comenzó cuando la policía trató de retirar una gran bandera a instancias del delegado de la UEFA, y no una banderola, como minimiza oportunamente Eric Gerets, el técnico marsellés.

No me incumbe valorar la actitud de los hinchas galos; ahí están los vídeos. Y mucho menos la actuación de la Policía Nacional española, que se encontraban en una desventaja de 60 a 1.

Nuestro institucional rey de las ratas continúa enredándose a la semana siguiente cuando el himno francés es pitado por la colonia magrebí francesa que asistió al encuentro amistoso Francia-Túnez.

El Gobierno francés, como antes ha hecho el español, comete un error al inmiscuirse en el devenir de un enfrentamiento deportivo organizado por entidades privadas. Las majaderías que se han dicho deben hacer pensar: ¿cómo desalojar el estadio tras la suspensión de un partido?; ¿devolverían el importe de la entrada a los aficionados?; ¿y a los inocentes que no pitaron el himno?; ¿habría disturbios?

Platini, a quien obviamente le gustan los charcos y no parece tener tiempo de sentarse a reflexionar, vuelve a enfrentarse a un gobierno, esta vez al suyo propio en tanto que ciudadano francés.

Y el Gobierno francés, como antes ha hecho el español, se lía en un estéril cruce de recriminaciones. Mientras, Platini nos deja una joya: «Los políticos no pueden suspender partidos». ¡Toma!, ni los dirigentes futbolísticos pueden recriminar actuaciones policiales…

El rey de las ratas ya está bien anudado; no hay quien deshaga ahora esta madeja cuando la solución es bien sencilla.

A) Para evitar que te piten el himno patrio hay que dejar de interpretar estas melodías en los encuentros deportivos. Los deportistas sólo se representan a sí mismos; los representantes de un Estado democrático sólo pueden ser los legítimamente elegidos en las urnas y no los impuestos por una entidad privada.

B) Para evitar críticas a las actuaciones policiales, las entidades deportivas profesionales deben costearse —bajo la supervisión del Estado en el que operen— sus propios dispositivos de seguridad.

(*) En Wikipedia se explica someramente este [se cree] raro fenómeno del rey de las ratas (con fotos). Para ampliar conocimientos mejor remitirse al libro “Enciclopedia de la ignorancia”, de Ediciones Destino, colección Imago Mundi (volumen 139), de Kathrin Passig y Aleks Scholz, que dedica un capítulo (páginas 214 a 219, ambas inclusive) a las investigaciones que se han hecho sobre el rey de las ratas.

31 de octubre de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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