Cuando oigas a un hombre hablar de su amor por la patria,
es signo de que espera que le paguen por eso.

(Henry Louis Mencken)

LO DIRÉ una sola vez para que los cerebritos empatizantes no caigan sobre los comentarios de este artículo como si sus propios huesos hubieran sido apaleados: Rafael Nadal juega muy bien al tenis. Pero como lo cortés no quita lo valiente ni viceversa, escribo el siguiente artículo.

Nadal es un producto de la jet set mallorquín. No se ha hecho millonario jugando al tenis. Cuando nació ya tenía dinero. Su historia no es la historia ejemplar del personaje que se ha abierto camino luchando en la vida contra mil vicisitudes. A Nadal todo le ha venido regalado.

Dinero llama a dinero, reza el dicho. Y la constancia que requiere la práctica deportiva no es privativa de las castas más desfavorecidas. A veces en la alta burguesía surgen fenómenos. Aunque también es cierto que no se conocen muchos campeones de tenis de origen humilde.

Todavía siguen existiendo clases, y para triunfar en el circuito profesional hace falta partir de un nivel económico más alto que medio a fin de costearse viajes y estancias, licencias e inscripciones. No todos los que tienen dinero pueden ser campeones, no todos los que pueden ser campeones tienen dinero.

La revista Interviú desvelaba en su número 1.689 (del 8 al 14 de septiembre de 2008) el entramado de empresas que controla el clan Nadal, con un emporio cuya sede está fijada en el País Vasco, donde la tributación empresarial disfruta de beneficios fiscales diferentes a los que existen en el resto del Estado.

Que es lícito ganar dinero en este país es algo que no necesita ser reconocido aquí y ahora. Pero no admito que quieran embaucarme con la imagen de un niñato rebelde cuando no es más que un producto elaborado en las mejores escuelas de pago: educado, correcto, cortés… La antítesis de aquel otro campeonísimo español apodado el Potro de Vallecas.

Aunque el niño mimado del tenis español se deja llevar por arrebatos bochornosos de vez en cuando. Como el gesto racista que tuvo en 2006 para con el argentino Gastón Gaudio —ganador del Roland Garros del año 2004— y que no fue significado por la prensa española.

Aquí dejo un enlace a un vídeo que si bien es verdad que el audio es muy deficiente, queda corroborado con esta otra noticia que nunca ha sido desmentida por el clan Nadal. En consecuencia, no parece que el príncipe sea tan gentil como nos lo quieren pintar.

Servidor, que aborrezco de mitomanías y de mitómanos, quizá pueda sentirme identificado con personas que me son cercanas y estimulado por sus éxitos para lograr los míos propios. Pero me resulta lejano y ajeno quien lo ha tenido todo desde la cuna.

Rafael Nadal lleva ganados en premios desde su debut en el circuito profesional la nada desdeñable cifra de 14 millones de euros (siempre según Interviú). A esta cifra habría que añadir sus ingresos publicitarios, que según los expertos pueden llegar a suponer el 70% de sus ganancias totales. O lo que es lo mismo, que esos catorce milloncejos de euros sólo suponen un 30% de sus ganancias.

Aún con todo ello algo debe quedar claro: Rafael Nadal no defiende a España en la cancha —ni él ni los que son como él: ciclistas, futbolistas y deportistas en general—. Entre otras cosas porque España no necesita ser defendida de semejante inexistente afrenta.

Quienes sí defienden a España y sus intereses son los soldados españoles, que aunque tienen un buen sueldo en comparación con el currito medio, cobran una miseria en comparación con el manacorense y los riesgos que asume cada cual.

Considero una burla y un ultraje a quienes se juegan la vida diariamente que estos chicos hablen de luchar, defender y representar a España en canchas y campos de juego durmiendo en hoteles de cinco estrellas. Esta gente son profesionales que viven la vida que soñaban y que han elegido libremente. Si bien son esclavos de su frenética actividad, no es menos cierto que sarna con gusto no pica. Hay quien gusta añadir al dicho el latiguillo: “pero mortifica”. A fe que esa mortificación se hace muy llevadera con las fortunas que atesoran.

21 de noviembre de 2008