DESDE EL principio he recelado del motín que le prepararon al todavía actual presidente de la RFET, a quien tal vez sólo se le pueda recriminar el ser sencillo y bonachón en demasía. A fe que los delitos de que se le acusan son peccata minuta en todas las federaciones, lo que me hizo sospechar.

Que no haya contado con los jugadores del equipo nacional para elegir sedes… ¡Vamos!, es que en otras federaciones supone una risión si un competidor pretende imponerle al presidente dónde se han de disputar las competiciones del calendario oficial.

Desde la mayor federación —la de fútbol— hasta la más pequeña —la de kickboxing tal vez— la elección de las sedes es competencia de la Junta Directiva, o como mucho podría competer a la Asamblea. En todo caso una decisión colegiada pero nunca del equipo nacional.

Recurro, pues, a los mentideros del mundillo del tenis y allí se comenta que el actual presidente estorbaba al clan Nadal para su propósitos futuros. De ahí el disturbio y la sedición del que ha sabido borrarse el cándido Sánchez-Vicario, que fue echado a los pies de los caballos por quien de verdad impone su voluntad en el tenis nacional.

Sabido es que con el actual sistema —a la legislación vigente en materia de federaciones deportivas me refiero— una vez que los presidentes federativos se consolidan en su butaca no se les despega de ahí ni con agua hirviendo. Son regímenes fuertemente presidencialistas.

Desde don Ángel María Villar Llona —mandamás de la todopoderosa RFEF, que se opuso, derrotando, al Secretario de Estado para el Deporte—, hasta don Pedro Horcajo Alba —capitoste de la insignificante federación de kickboxing—, los presidentes manejan la federación a su antojo, y sería necesaria una hecatombe para que se cayeran del taburete presidencial.

Según se comenta sotto voce en algunas esferas tenísticas, dejar que don Pedro Muñoz Asenjo, aún en su primer mandato, renovara por otros cuatro años más supondría correr el riesgo de que se afianzara en el cargo y no pudieran removerlo cuando lo precisaran. La estrategia habría consistido en eliminar a un rival molesto antes de que se hiciera fuerte, al más puro estilo Sun Tzu. La táctica, confabular la opinión mediática en su contra con la lectura pública de un manifiesto que nunca debió pasar de ser un documento privado.

De ser cierta esta teoría, ¿cuándo sería llegado ese momento? Cuando los Nadal tuvieran un buen candidato para optar a la presidencia, posiblemente después de la retirada de las canchas del buque insignia del clan, que según Interviú —en su número 1.689— ya tienen pensada para 2016.

A nadie le escapa que la federación española de tenis genera muuuucho dinero… en contactos, en influencias, en posicionamiento…

Quien tiene dinero, el dinero del clan Nadal por ejemplo, sabría utilizar ese posicionamiento en beneficio propio sin caer en irregularidades legales.

Dejando ya a un lado el caso concreto de la RFET y este truculento supuesto, es cierto que la legislación que padecemos en materia de federaciones deportivas es así de permisiva.

Allí donde se mezcla lo público y lo privado todo son lagunas y sombras. Gran pantanal si además se amalgaman umbríamente el deporte aficionado y el profesional. Ciénaga en la que quien mejor serpentea es aquél que dispone de todos los datos y la capacidad de tomar decisiones. Si es que ha sabido consolidarse… y le han dejado hacerlo.

25 de noviembre de 2008