HACE UN MES entrevistaban a José María Odriozola —presidente de la RFEA—, uno de los presidentes vitalicios que se eternizan en los sillones de las federaciones nacionales. Lleva tanto tiempo en el cargo como su homólogo Ángel María Villar.

Pero son tan opuestos que hasta éste es vasco con apellido gallego y aquél gallego con apellido vasco.

A diferencia del entrevistado, el futbolista se ha ganado cierta animadversión en el Gobierno —que ha dejado al CSD las veces de ariete—. Y no le ha temblado el pulso para enfrentarse al mismísimo Lissavetzky, el hombre que cree que todo lo puede, derrotándolo con sus propias armas, las de la legalidad vigente. Pero recuerden: no se perdona a quien se enfrenta al poder establecido, y menos si sale victorioso.

Del presidente del atletismo no se puede decir nada semejante. Un hombre manso que —a la vista de la entrevista publicada— prefiere agazaparse y desviar las responsabilidades.

Culpa a los demás y a los tiempos que corren. Tras cinco cuatrienios al frente de la federación él no se siente responsable en ninguna medida del estado actual del atletismo español.

Y se permite pontificar sobre las líneas maestras a seguir por los dirigentes políticos, llegando a proponer la sandez de que el deporte sea obligatorio en la escuela.

¿He escrito sandez? Debí decir hipocresía. El deporte YA ES OBLIGATORIO en los centros escolares desde los 6 a los 17 años. Y él lo sabe.

Si tras cuatro lustros en la federación firmando convenios con el CSD para el fomento del deporte escolar no se ha enterado de que el alumnado español tiene como asignatura obligatoria la Educación Física, donde de manera curricular se practican diversas modalidades deportivas, es que debe abandonar el cargo.

Son los tiempos los que le han sobrepasado a él como gestor. Pero nos dice que no hay candidatos de recambio… Apostaría a que el aparato, ese sistema que tejen las directivas para protegerse de descabalgamientos no deseados, oprime las voces discordantes con su gestión.

En las federaciones deportivas los órganos de gobierno mantienen un formato presidencialista. Una vez que un candidato se “corona” presidente, se instala en el centro del meollo y va centrifugando a cualquier posible opositor interno, de tal forma que cuando lleva 12 ó 16 años (y no digamos 20) no queda nadie capaz de hacerle sombra porque a unos los ha “quemado” y a otros los ha aburrido.

Triste destino el de las asociaciones en las que el poder se enraíza y se consolida en torno a una persona. Adiós pluralismo, participacionismo y libertad para exponer ideas.

Aquí tiene el Presidente del Gobierno una oportunidad de pasar a la historia del deporte español. Se habla de modificar la ley del deporte porque se ha quedado obsoleta (pero no por que se haya agotado, sino porque en su origen estuvo mal diseñada por las prisas para aprobarla).

Modifiquen, pues, la legislación en materia de federaciones deportivas, y creen dos modelos, uno el presidencialista y otro más participativo, más abierto, en el que el presidente federativo sea un gestor y no pueda convertirse en un tirano o en un demagogo.

Pasar de un modelo a otro debe hacerse a propuesta de la Asamblea, órgano que debe ser plenipotenciario pero que hoy en día se encuentra relegado a mero aprobador de cuentas y presupuestos. Eso sí, vota cada cuatro años

Y como me he ido por la tangente, dejaré para otra ocasión, si se tercia, un análisis de la entrevista al presidente Odriozola y a los males que le aquejan a él y a su federación.

5 de diciembre de 2008