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Terminator acaba como empieza torpe
EN EL Bar Deportes, Manolo se ha hecho eco de la pataleta de una entrenadora de balonmano femenino profesional. Aquí está el vídeo.
En primera instancia uno se siente tentado a empatizar con esta buena señora. Pero cualquier mente avisada descubre enseguida la falacia que esconde su alegato.
Carece de razón demandando dinero de lo que ella llama “las autoridades” y también exigiendo el apoyo de los medios de comunicación. Analicemos ambos postulados.
En el Bar, algún iluminado apuntó la manida contraposición —aprovechando que todo transcurre en la Comunidad valenciana— entre fórmula uno o Copa América y balonmano femenino profesional. A pesar de que las tres actividades se etiquetan como “deporte profesional” la realidad es que se miden en magnitudes diferentes.
¿A quién le interesa el balonmano femenino profesional?: 1) a familiares y amistades de las jugadoras, 2) a otras jugadoras de balonmano, y 3) a muy poca gente más. Con este panorama, ¿se le puede pedir a una empresa que ponga dinero para patrocinar un equipo que apenas sí aparece en los medios de comunicación? Evidentemente no.
Personalmente el balonmano femenino profesional me trae tan sin cuidado como le traerá sin cuidado a esta señora mi deporte favorito. No me interesa lo más mínimo el futuro del balonmano femenino profesional, y menos si hay que pagarlo con dinero de mis impuestos.
El problema de estas actividades que se autoproclaman profesionales reside en que han querido copiar y trasladar las estructuras del fútbol profesional a su pequeño patio doméstico. Y claro, un avión a reacción no funciona con el gasóleo que le echo a mi furgoneta. Luego se extrañan de que el invento no les arranque.
El razonamiento de esta gente siempre es el mismo: “si la televisión nos apoyara retransmitiéndonos los partidos tendríamos más patrocinadores y el equipo no pasaría tantas penurias”. ¡Ya…! Y si la vaca de mi vecino tuviera zarpas se haría rico. Pero tiene que seguir ordeñándola.
La televisión es un negocio y alguien espera que le rente beneficios al final del ejercicio. Y si con este balonmano femenino pseudoprofesional no se cumplen sus expectativas, lo más probable es que no les interese retransmitir esa actividad. ¿La televisión pública? Después nos quejamos del déficit que arrastran estas corporaciones autonómicas y estatales.
Y si cuando por fin va la tele a retransmitirte un encuentro te salta el Terminator haciéndoles objeto de tus rencillas personales, pues muy posiblemente hayas cavado la tumba del equipo que tanto dices defender. Hay que empezar exigiéndose una misma ese profesionalismo del que se presume tan gratuitamente.
Tendrán que asumir que el capricho de jugar se lo tienen que pagar las propias jugadoras, y tal vez ponerse a trabajar en algo productivo. Parece que vivir del cuento se ha acabado. Porque desde luego es un cuento autoproclamarse jugadoras profesionales y llevar un año sin cobrar.
El dinero que la señora entrenadora demanda a esas “autoridades” es dinero público. Y el Erario público nunca debe alimentar el deporte profesional, que debe ser eso: pro-fe-sio-nal. Profesional no sólo para cobrar, sino para generar. Si no genera, no se puede pretender cobrar.
Existen deportes y categorías que por lo que sea no interesan al gran público. Hay que cambiar la actual infraestructura deportiva, obsoleta desde su raíz. Nunca utilizar el dinero público para que unos deportistas que se autodenominan profesionales “jueguen” en lugar de “trabajar”.
Quizá haya que replantearse un profesionalismo deportivo a media jornada. Lo que debe quedar claro es que los poderes públicos no están para soportar la estructura de un deporte pseudoprofesional, empezando por categorías que no interesan al gran público y terminando por modalidades de escaso interés social. El deporte profesional se tiene que financiar a sí mismo, y si no le es posible deberá reconocer que no es profesional y tendrá que modificar sus infraestructuras.
27 de febrero de 2009
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