| Aviso a navegantes: este artículo es extra-ordinario en su longitud; se trata más bien de un ensayo, sin pretensión de aparecer como erudito. Se invita a reflexionar a quien se muestre dispuesto a hacerlo, a pensar, aunque duela. No sé si mi tosquedad en el arte de escribir lo permitirá, pero por lo menos espero haber conseguido una lectura amena. |
HACE UNAS semanas he comenzado a colaborar en Fútbol de Lux. Me invitaron a participar y no he dejado pasar la oportunidad que me brindaban. Siempre me ha parecido que los blogs deberían funcionar a la manera de un foro, pero la realidad es que han derivado en herramientas de turbia endogamia y de belicosa autoafirmación. (Tiempo atrás intenté instalar un foro como parte del blog y derivar allí el apartado de comentarios, pero desistí creyéndome “incomprendido”. Quizá más adelante…, con nueva perspectiva…).
Algunos (muy pocos) buscamos con los blogs hallar personas con similares formas de abordar los temas tratados, aunque no compartan necesariamente nuestro punto de vista. Es entonces cuando se entablan debates presididos por la corrección y el respeto a nuestro antagonista intelectual.
Nada que ver con esas listas interminables de comentarios en los blogs más populosos que como mal menor están plagadas de insultos o/y burlas procaces a otros comentaristas. Empero, con mucho, lo peor para quien busca contrastar diferentes orientaciones sobre un tema dado es ver que se “chorrean boludeces” sin más incentivo que dar una opinión por llevar la contraria o por decir la última palabra, creándose en ocasiones la consabida y absurda guerra de flames.

Mi participación en Fútbol de Lux —uno de los mejores blogs futbolísticos de la blogosfera hispana— ya me ha proporcionado uno de esos debates de los que hablaba. Hikaru me ha trasladado el prisma con que enfoca la filosofía deportiva del Athletic de Bilbao. Y ciertamente me ha hecho reflexionar, porque aventuro que su óptica es la de muchos otros jóvenes.
Las generaciones españolas criadas bajo el influjo de la democracia —digamos que quienes cuentan menos de 35 años en estos momentos— tienen muy interiorizado todo aquello relacionado con la igualdad: igualdad ante la ley —se debate ahora sobre la igualdad en el permiso de paternidad—, igualdad en el lenguaje (con Bibiana Aído y sus “miembras”), igualdad de oportunidades…
Suspendo aquí mi discurso para extractar las palabras de Hikaru. Pese a que con la extracción cabe la posibilidad de distorsionar su discurso, declaro que pretendo reflejar fielmente la idea que expone sobre el tema allí tratado que, como ya he dicho, me parece extrapolable a otros muchos compatriotas:
‣ (…) de pequeño la veía con mucho romanticismo. Hasta que la realidad cambió mi forma de valorarlo.
[…]
‣ Es una decisión política del club, una decisión filosófica, si lo prefieres, no deportiva, porque por deportiva entiendo que es una decisión técnica, de qué jugadores son mejores o no lo son.
[…]
‣ Eso no quita que sea discriminatorio, despreciable y poco ético.
[…]
‣ Yo te pongo un caso hipotético. Mi hijo es un crack, tiene 9 años. Yo me voy a vivir al País Vasco. El chaval, esta claro que si sueña con ser delantero de prestigio de un club, por mucho que le gustase el Bilbao, tendría que hacerse de la Real.
El primer punto —aunque él se encarga de desmentirlo luego— bien puede provenir de un tabú muy extendido hacia lo vasco que emana de situaciones no deportivas. Cada hijo de vecino que haga introspección y reconozca cómo afectan esos otros problemas a su percepción del País Vasco y de sus habitantes.
En el segundo punto mi interlocutor tiene la solución en su mano pero parece no atinar con ella. Hay decisiones deportivas de tipo técnico, y en cada institución se seguirá una política deportiva que es tarea de la esfera directiva y no de la técnica; esta política deportiva dimana de una filosofía deportiva, o de una declaración de principios si se quiere. Son diferentes ámbitos del deporte, sin ser más deportivos unos que otros.

Es al tercer punto al que le voy a dedicar algo más de tiempo. En los albores del siglo XXI me dicen que la centenaria filosofía deportiva del Athletic de Bilbao puede entenderse como discriminatoria. Empero, bien pudiera ser que la filosofía deportiva del Athletic se haya vuelto incomprendida por los niños que han crecido al abrigo de esos valores igualitarios que comentaba.
Retomo aquí mi debate sobre esa lucha por la igualdad que se ha instalado en nuestros jóvenes de un tiempo a esta parte (llegando a contar con un Ministerio propio): igualdad como antónimo de discriminación, sustantivo con que adjetiva Hikaru la filosofía deportiva del Athletic.
Como mi verbo es corto y tosco recurriré a un gran maestro para explicarme. Don José Ortega y Gasset escribía un pequeño ensayo sobre la democracia, hace casi un centenar de años, que titulaba: “Democracia morbosa” y que a pesar del siglo transcurrido continúa siendo vigente. Sustituyan el concepto de democracia por el de igualdad y obtendrán aquello que este torpe juntaletras es incapaz de decir por sí mismo.
Para aquellos que ya les está costando mantener la lectura de este alegato y que no piensan abrir el enlace propuesto permitan que les extraiga unas líneas convenientemente parafraseadas (válidas también para esa ministra):
‣ (…) el plano a que la idea
democráticade igualdad se refiere no es un primer plano, no es un “ante todo”.‣ (…) la
democraciaigualdad es una pura forma jurídica, incapaz de proporcionarnos orientación alguna para todas aquellas funciones vitales que no son derecho público (…).‣ Toda interpretación soi-disant
democráticaigualitaria de un orden vital que no sea el derecho público es fatalmente plebeyismo.
Debe quedar claro desde ahora que no existe discriminación racial en el programa deportivo del Athletic, y podríamos ver a un jugador negro jugando en San Mamés de local con el primer equipo, como se colige de los siguientes enlaces que ya le he proporcionado a Hikaru en mis respuestas:
- Entrevista en Deia a Blanchard Mooussayou
- Noticia sobre el debut de Jonás Ramalho en Marca
- Noticia sobre el debut de Jonás Ramalho en El Correo
Quizá a estos jóvenes de hoy les haga falta una visión retrospectiva para entender lo que esta particular filosofía supone. Para ilustrar esa perspectiva histórica permitan que me recree en la especulación de lo que pudo haber sido el primer fichaje en el fútbol, en los primeros años del siglo XX.
Se disputaba un partido de máxima rivalidad en el que un pueblo cualquiera se jugaba la honrilla de su terruño (el “somos mejores” que sigue anidando en la España cateta) contra cualquier otro de los pueblos aledaños. Existía en un tercer pueblo un chaval al que se le daba muy bien esto de chutar la pelota (una saeta rubia cualquiera) y uno de los equipos contendientes —posiblemente tuvo que contar con el beneplácito del Consistorio— le tentó para que jugara con ellos a cambio de una vaca o quizá de tres ovejas. Y ese equipo ganó.
El Athletic, desde sus orígenes allá por 1898, se ha negado a pagar esa vaca y ha preferido jugar con los muchachos del pueblo. El mercado ha ido evolucionando hasta llegar a las empresas deportivo-mediáticas de hoy en día, donde un Real Madrid alinea sólo a tres españoles para jugar la Copa de Europa contra el Liverpool inglés que cuenta con cuatro españoles como titulares. ¡Vivir para ver!
No me es posible entender como alguien puede sentirse representado por un equipo que vende la idea de que representa a un pueblo (o una ciudad) siendo en realidad una amalgama de nacionalidades reunidas a golpe de talonario. Quizá haya quien pueda sentirse identificado, pero no sentirse representado (y diferencio plenamente entre “sentirse representado” y “ser representado”).
¿O es que acaso algún españolito patriotero “siente como propias” las medallas internacionales que han conseguido deportistas españoles como Nina Zivanevskaya (rusa), Jana Smidakova (checa) o Niurka Montalvo (cubana)? ¿Alguien saca pecho con el subcampeonato mundial de ajedrez de nuestro compatriota Alexei Shirov (letón)? Se alcanzaron cotas de esperpento con la jura de bandera del futbolista Roberto Carlos da Silva (brasileño) —dejando de ocupar así, en aquel momento, plaza de extranjero en el Real Madrid—. ¿Y qué decir del epítome del despropósito y del fracaso del sistema deportivo español cuando Johann Muelegg (alemán) tras ganar “para España” medallas olímpicas en la nieve tuvo que devolverlas al laboratorio? Por cierto, a esa contratación se opuso frontalmente el ahora mítico Paquito Fernández Ochoa.
Quizá en aras de la deseable igualdad jurídica se deba otorgar la nacionalidad española a algunas personas. Pero es una pantomima grotesca ensalzar como propios los éxitos que en una determinada disciplina obtiene un pueblo o una nación por mor de valores deportivos foráneos adquiridos en los juzgados. Pero de los miopes políticos no podemos esperar más.
¿Va a resultar que —en un mundo sumamente mercantilizado— la filosofía conformista del Athletic pasa a ser discriminatoria y por contra haya dejado de serlo —ahora que se impone ganar a toda costa— la de las selecciones de las federaciones nacionales? Eso tiene nombre: fariseísmo.
¿Qué dirá ese español “de toda la vida” que después de esforzarse en agotadoras e interminables sesiones de entrenamiento se queda en casa sin poder acudir a una cita olímpica o mundial (di que a “representar a su país”) porque en su puesto se lleva a un nacionalizado de última hora? Seguro que agradecería que le explicaran ese concepto de igualdad “ante todo”, porque él sí se siente discriminado y burlado en su propio país. Y ello porque, quitémonos las máscaras, cada cual anhela acudir a unos JJOO por su propia gloria y no por la de su país.
(Párrafo actualizado el 02.04.2009 a las 15:00 h.)
Antes de que algún barbilampiño me llene los comentarios de calamidades no deportivas mesándose las barbas (!!) por comparar al Athletic y a las selecciones de las federaciones españolas déjenme repetir por enésima vez que: a) el Athletic de Bilbao sólo se representa a sí mismo, y b) la selección de la RFEF sólo representa (y sólo deportivamente) al fútbol español; ni siquiera representa a la RFEF, la cual —teniendo como representantes a la Asamblea (órgano colegiado) y a su Presidente (órgano unipersonal)— sólo se representa a sí misma. Allá cada cual si confunde “sentirse representado” y “ser representado”.

Abordemos por fin el último punto de los destacados tras mi aleccionador intercambio de comentarios con Hikaru: el hipotético caso de un niño-crack que vaya a vivir a Bilbao.
Ese joven tendría acceso al programa educativo, sería perfectamente atendido por los servicios de salud, y los tribunales vascos velarán por que se le apliquen las leyes (tanto en su protección como en su punición) sin que exista discriminación alguna. El acceso al fútbol, a dios gracias, no entra en esa esfera de derecho público de la que nos hablaba el maestro Ortega y Gasset.
Además, no existe monopolio del Athletic de Bilbao sobre el fútbol en Vizcaya (y menos aún en el País Vasco). El Athletic no impedirá a ese joven valor futbolístico disfrutar y evolucionar en su deporte favorito en otros equipos de la provincia. Es más, apostaría a que el Athletic es el único club en toda Vizcaya que mantiene esta filosofía.
El Athletic de Bilbao decidió hace tiempo contar con los valores de su cantera. Vuelvo y repito, la filosofía imperante en el club bilbaíno es la de no hacer fichajes y jugar con productos propios, sin que ello suponga barreras xenófobas, racistas o discriminatorias de cualquier otra índole. Obviamente la situación actual del fútbol mundial le ha llevado a abrirse y permitir que participen jugadores formados en otras canteras pero que guardan raíces vascas (gente “del pueblo” al fin y al cabo), y ello no supone ningún demérito al esfuerzo del club.
El debate estuvo servido en Bilbao con la preocupante situación del equipo en la primera división española. Y el pueblo llano, que es la raíz del Athletic, elaboró un peán: «Athletic beti zurekin», con el que se pedía mantenerse fieles a esa centenaria filosofía deportiva pasara lo que pasase (en los tiempos que corren, que alguien hable de fidelidad a una idea ya es como para aplaudir hasta reventar).
Conocido es el peso de las tradiciones en el País Vasco y el celo con que se vela por mantenerlas incólumes. Son valores y costumbres heredadas de nuestros mayores y nos enorgullecemos de nuestra raigambre. No esperamos que se nos entienda, pero sí que se respete nuestra decisión. Los demás, pudiendo hacer lo mismo, prefirieron pagar la vaca y tomar otra vía que evidentemente acatamos. Nunca hemos pedido igualdad de condiciones en la competición. Sabemos lo que queremos, lo que tenemos, y a lo que nos enfrentamos. Si alguien se siente herido porque estamos felices y orgullosos de quienes somos… Bueno, eso también tiene nombre.
31 de marzo de 2009
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(Jean Dolent)
















Las tradiciones no entienden de colores, religiones o razas, son lo que son y a veces a pesar de los gobernantes. Enhorabuena y un abrazo.
Hola Luis, ¿cómo te va? Veo que sigues activo en el blog. Yo te sigo a través de mi lector de feeds. No entré a comentarte el último artículo sobre la selección aragonesa de baloncesto porque ya sabes como pienso, que las selecciones sólo representan a ese deporte del país (región o estado). Fíjate que ni siquiera representan a la propia federación. ¡¡Pregúntale a cualquier presidente federativo quién representa a la federación!! Seguro que lo tiene muy claro.
En relación a tu actividad política veo también que no cesas. Una activa y constructiva oposición suele dar buenos rendimientos a medio plazo. Espero que vuelvas a regir el deporte como concejal. Será divertido poder darte un tironcillo de vez en cuando, jaja.
Saludos