Lavado de cerebro futbolero/deportivo
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prevencion | salud | investigacion | desarrollo | espectaculo deportivo | sociedad
SI NOS hablan de lavado de cerebro quizá nos vengan a la mente argumentos futuristas distópicos (“La naranja mecánica”, “1984”, “Un mundo feliz” o “Fahrenheit 451” entre otros). Pero el lavado de cerebro es una realidad con la que llevamos conviviendo desde siempre y a diario, en diferentes grados, incluso en el ámbito doméstico. Pensemos por un momento que las técnicas de seducción podrían ser consideradas en cierta medida manipulación mental.
Me atrevo a decir que es innato en el ser humano tratar de dominar la voluntad de sus semejantes. Las técnicas utilizadas van desde lo físico (no necesariamente brutal) a lo subliminal, desde las presiones ejercidas por el grupo a la exacerbación del sentimiento de culpa.
En todas las culturas y en todas las sociedades existen y existieron quienes recurren de forma “instintiva” a diferentes métodos para manipular la voluntad de sus congéneres. Quienes poseen un encanto personal y un carisma especial quizá cuentan con más de medio trabajo hecho.
Política y religión han sido secularmente las beneficiarias de técnicas que tratan de engañar o/y convencer a los demás de la necesidad de adherirse a sus postulados.
En las últimas décadas el mundo mercantil se viene apoyando en la mercadotecnia, que no es otra cosa que la aplicación de métodos de persuasión para aumentar el volumen de ventas. (Los comerciales saben mucho de cómo manipular la mente ajena). Dada su eficacia los políticos están basando sus campañas electorales en estrategias de marketing.
El lavado mental puede hacer objetivo a un individuo o a una masa. Discurriré sobre este último aspecto, alertando en este misérrimo discurso sobre cómo cursa la manipulación colectiva en el entorno deportivo.
Centrémonos, pues, en las técnicas destinadas a manipular a las masas (confiadas), más fáciles de convencer o/y engañar que el individuo aislado (y alerta). Desde hace más años de los que pudiera parecer hay quienes observan y estudian este proceso. La mayor parte de los investigadores se han ocupado de aplicar sus conclusiones a sus intereses particulares (política, religión, mercado); muy pocos informan a la población de los peligros a los que está expuesta.
Entre las herramientas más utilizadas en los últimos tiempos encontramos la propaganda —y por supuesto su némesis, la contrapropaganda—. Célebres son los once principios de la propaganda, atribuidos, parece que erróneamente, al doctor Goebbels —Ministro de Propaganda de Alemania entre 1933 y 1945—. La autoría de este decálogo parece corresponder a Marçal Moliné, quien tomó también ideas de Goebbels.
Después de repasar el código arriba enlazado tratemos de superponerlo sobre el mundo del espectáculo deportivo, donde las SAD utilizan técnicas de mercado sobre masas de aficionados que responden con seguidismo, con un fervor cuasi-religioso y una militancia semi-política, llegando algunos extremos a lo paramilitar.
Descubriremos que los once principios del doctor Goebbels… perdón, de Marçal Moliné, están presentes de forma solapada y soterrada en el sistema que sostiene el actual entramado del espectáculo deportivo y en especial el del fútbol profesionalizado. Podríamos parafrasear cada ítem de la lista sin que perdieran su sentido: (04) — “Engrandecer cualquier anécdota, por pequeña que sea, convirtiéndola en memorable”.
Una de las tácticas aconsejadas por los expertos para evitar el lavado de cerebro es contrastar varias fuentes de información. Atendiendo al principio de la verosimilitud (08), qué mejor apariencia de verdad si todas las fuentes de información vierten constantemente las mismas “verdades”.
En la pasada Eurocopa y en la reciente final de Champions hemos asistido al epítome del quehacer propagandístico del mundo del fútbol, propaganda que además les sale gratuita.
Los destinatarios de este bombardeo continuo son ciudadanos con cada vez más escasa formación. Aficionados-esponja que son incapaces de discernir entre los intereses de un grupo de profesionales y su propia felicidad.
Es como si los actuales sistemas educativos —tal vez desbordados por el exceso de materia que se acumula en los libros del saber— consintieran en que la formación del individuo sea cada vez más deficiente, vomitando bachilleres, diplomados y licenciados cada vez menos cultos, cada vez más desinformados e incapaces de emitir un criterio propio.
Me los encuentro a diario, gente salida de la Universidad que sólo razonan en función de como lo haga la masa. Sabido es que “opinión pública” no es lo que opina el público, sino lo que puede ser opinado en público. Y hasta ahí llega toda su conciencia cívica, ser parte del rebaño, dóciles y mansos.
Es sobre los poderes públicos sobre quien recae el mandato constitucional de velar por la salud pública; salud mental en este caso. El volumen de información futbolera con el que la masa cenicienta, anodina y aborregada es rociada diariamente acaba convirtiéndose en propaganda de un régimen a la sombra, el quinto poder, y consigue el efecto de un lavado de cerebro colectivo. A los éxitos del doctor Goebbels me remito, le pese a quien le pese.
PD: Si el lector tiene verdadero interés por profundizar algo más en el tema no dudo de que con un buen buscador (a veces el más popular no es el más efectivo) y algo de audacia encontrará textos como: 1) “Psicología de las masas”, de Gustave Le Bon, 2) un opúsculo titulado “Notas sobre el empleo de operaciones psicológicas”, y 3) “La manipulación del hombre a través del lenguaje”, de Alfonso López Quintás, los tres en formato PDF. Quien guste de la cultureta wikipédica también encontrará en esa web información y enlaces en los que seguir buceando en este campo que entronca con la psicología y con la psicología social.
A lo largo de este artículo he ido dejando pautas para utilizar como lema en las búsquedas: técnicas de persuasión, lavado de cerebro, lavado mental, manipulación colectiva, control mental (que no autocontrol); reforma del pensamiento, control de las masas, marketing social. Aconsejo mantener el norte en la búsqueda so pena de acabar leyendo información sobre psicología clínica.
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(Jean Dolent)

















Tenías que haber puesto dos rombos al inicio del articulo pues lo considero para mayores de 18 años. Quiero decir, que hay que tener cierta formación por edad y conocimientos para poder entender lo que aquí expones, pan de todos los días y sal de todas las propagandas. Pero se ve que en esta sociedad infantilizada en que vivimos escribir estas cosas no provoca ni reacciones a favor ni en contra: simplemente no se entienden.Luego está también que no interesan, pero me parece más real lo primero que lo segundo. Nos interesa lo que comprendemos y muchos millones de homínidos comprenden perfectamente que fútbol es fútbol (un suponer) pero no les hables de Goebbels, de contrastar varias fuentes de información (¿El AS con el MArca, acaso?), de propaganda (que reducen exclusivamente al marco de la politiquilla mal entendida), de técnicas de mercado sobre la masa de los aficionados. ¿Ellos una masa? ¡Ni que fueran una pizza!
Te emplazo a que en este tipo de artículos tan profundos (yo también debería hacerlo en los escasos que se me ocurren en mi superficialidad) los acompañes de los consabidos dos rombos.
Pues ya está hecho. Ahora soy yo quien te emplaza a que ejerzas de tribunal calificador. Un rombo no recomendada su lectura para bachilleres o titulación menor. Dos rombos no recomendada su lectura siquiera para diplomados y licenciados sin criterio propio.
Con lo que costó alfabetizar a las clases bajas, ahora habrá que desovinizarlas.