No me echen puros, que no fumo…

YA LLEVO cinco años escribiendo en este blog. Desde junio de 2004. “El espectador” pasa por ser uno de los blogs deportivos en castellano más antiguos que siguen en activo (si no el más antiguo).

He pasado de firmar con mi nombre a utilizar un seudónimo, evitando los problemas que sin duda me ocasionaría la coincidencia de mi vida pública y mi vida privada (no es inteligente criticar ácidamente al director general de deportes y la semana siguiente sentarte a la mesa con él esperando que firme mejoras para el colectivo que representas).

El aspecto del blog ha cambiado con el paso del tiempo. Incluso me he permitido cambiar su nombre (y este verano cambiaré el dominio, es decir, la dirección del blog). También he incorporado un miniblog —que acaba de cumplir mil posts—, resultado de la fusión con otro blog que publicaba a la par. Pero sigue tratándose del mismo blog —ahí está el archivo cronológico para comprobar la longevidad de “El espectador” (antes “Aguja de Bitácora”).

No creo haber modificado un ápice la causticidad y la irreverencia de los escritos, ya sea en los artículos ya sea en los posts. Hay tanto escrito que a veces creo estar reescribiendo algo ya publicado. Al fin y al cabo esto del deporte es algo cíclico, monótono, repetitivo…. Vienen nuevas caras pero los errores siguen siendo los mismos, o muy parecidos.

El aire que anima este blog siempre ha sido siempre crítico con la realidad en la que vivo. No he tratado nunca de aventurar o vaticinar los errores que previsiblemente se avecinaban. No soy adivino. Más bien he tratado de analizar la coyuntura y hacer un poco de prospectiva. Las ciencias sociales no son exactas, e influyen en ellas teorías tan simples como la profecía auto-cumplida y su némesis, la profecía auto-frustrada.

Cualquier palabra elevada a los cuatro vientos en los medios de comunicación de masas puede cambiar el rumbo del futuro inmediato. También los protagonistas pueden influir inadvertidamente en su propio futuro. Se abre, pues, un abanico de realidades factibles y no es posible prever cuál de ellas será la que viviremos próximamente.

Pero después de cinco años escribiendo estoy satisfecho de los aciertos cometidos.

Errores ha habido alguno, dos o tres, lo reconozco. Pero en esas prospectivas los aciertos han sido más, o al menos eso me parece a mí. De hecho en el semi-abandonado Buzón de Alcance pretendía ir dando fe de ello (ocurre que el miniblog ha ido ocupando su lugar).

Que nadie busque en el haber de los aciertos profecías al estilo cabalístico. Tantas mentes pensantes mirando el mismo objeto (el deporte) y esta pequeña aguja ya dijo hace dos años que uno de los tres males del deporte profesional era la corrupción. Creo recordar que mucho después de mi artículo preguntaron en cierta ocasión al esperpéntico Lissavetzky y dijo que en España no había corrupción en el deporte (lo buscaré).

Ahora nos vienen doctos bachilleres a decirnos que el deporte profesional y por defecto el fútbol es susceptible de blanquear dinero.

Y el marisalsi Lissavetzky se apunta a este nuevo charco con la vista puesta en el rendimiento político que pueda obtener. Lo veremos la semana que viene.

Así que, con la venia del respetable, me voy a poner esta medalla. Pero sólo por anticipación. Porque era fácil de prever: allí donde hay (mucho) dinero acaba llegando la corrupción.

10 de julio de 2009