HACE MUCHO tiempo —cuando yo era niño— existían unos libros llamados “clásicos” cuyos contenidos eran moralizantes (existían otros llamados hagiografías, pero de estos nunca hice caso). Sus héroes iluminaban el camino del lector de cualquier época, pues aunque la sociedad haya cambiado no lo han hecho las penas y contratiempos que nos afligen desde los albores de la Civilización.

A finales del siglo que vio nacer a la mayoría de los habitantes de este mundo el camino del recto proceder comenzó a torcerse. Los héroes de los clásicos —ya fueran ficticios, reales o mitad y mitad— comenzaron a ser sustituidos por los héroes de hoy.

Visto que ni científicos ni aventureros, ni siquiera ya los militares y mucho menos los políticos alcanzan la cota de héroe, no queda otra cosa que mirar hacia el mundo del espectáculo en el que ha tomado preponderancia el deporte profesional.

Los medios de comunicación, empresas creadas con el fin lícito de ganar dinero, son los editores de las gestas de los héroes de hoy. La juventud de nuestra sociedad se mira en el espejo de personas que sólo pueden ofrecer un buen raquetazo, una clara visión de juego o una resistencia superior a la media. Otros ni siquiera eso, y sólo son actores secundarios en tramas aireadas como si fueran épicas.

Pero en el aspecto moral nada tienen que ofrecer. Muchos de ellos son incluso parte del desecho que la sociedad excrementa, y han alcanzado la popularidad por mor de una actuación destacada. Algunos de estos héroes tienen una educación algo más escogida, pero dado que están expuestos a la fama, el dinero y el éxito acaban pervirtiendo una trayectoria intachable.

Ahora le ha llegado el turno a ‘Tiger’ Woods, a quien su esposa ha pillado en algún devaneo. De golpe y porrazo la otra vida privada del millonario golfista aflora a la luz pública y conocemos los deslices cometidos a lo largo de su idílica vida marital.

Quien suela asomar por aquí sabe que ‘El espectador’ no se ocupa de la vida privada de las entidades o de los deportistas sino, antes al contrario, de aquello que desde el deporte pueda transmitirse negativa o erróneamente a la sociedad.

Dejemos pues a la prensa rosa haciendo su agosto en este fin de otoño y analicemos los comportamientos que acabarán trasladándose a la gleba por gracia de estos héroes de novísimo cuño.

Algunos golfistas profesionales han sido interrogados por la situación de ‘Tiger’, apelativo que ha adquirido una nueva connotación habida cuenta del ritmo de sus infidelidades. En lugar de zanjar la cuestión diciendo que el asunto no es de su incumbencia, sucumben y lanzan sus buenos deseos. Que si «“es el momento del perdón”» o que si «“seguro que son capaces de arreglar el problema”». Con ello continúan entremetiéndose en la vida privada de su colega y alentando a la prensa a persistir en las andadas.

Cabía haber dicho algo como “de la vida privada de Woods no voy a opinar; espero por el bien del golf que se pueda volver a centrar pronto en nuestra actividad”, o quizá en un arranque de sinceridad haber dicho “me importa un bledo su vida privada y sólo espero que este asunto le mantenga ocupado y alejado de los campos de golf para que nosotros podamos ganar más dinero, que al fin y al cabo es para lo que jugamos”. Pero sabemos lo mal pagada que está la sinceridad en nuestros tiempos.

Sorprendente es la actitud de los patrocinadores de la estrella golfera, que insisten —al menos de momento— en que las infidelidades del patrocinado no afectarán a sus campañas. No deja de ser curioso si lo comparamos con la reacción que tuvieron los patrocinadores de Michael Phelps cuando se supo que el chaval se había fumado un porrete. Y es más inaudito si cabe teniendo en cuenta que esto ocurre en los puritanos USA donde las infidelidades conyugales son pecado mortal social.

Quien sí parece tener claro el pecado cometido por Woods es el fundador de la… ¡¡Iglesia de ‘Tiger’ Woods!! Esto es algo que rebasa la capacidad de descreimiento de quien firma. No sólo Maradona era un icono religioso con su maradoniano culto, sino que también Woods era una especie de cristo para algunos. Pues peor para ellos si no sabían que hay que aguardar que los hombres mueran para colgarlos del altar.

Otro que falla con sus declaraciones es el amigo de la familia, llegando a pedir disculpas a la mujer de Woods por haberlos presentando. O se ha vuelto loco el mundo o este tío busca aproximarse a la futura nueva divorciada millonaria.

Sí que ha previsto dinero en lontananza uno de los ligues del golfo golfista, suspendiendo una rueda de prensa convocada a fin de… ¿¡comparecer!? Quizá espera que el futuro nuevo soltero de oro acabe cerca de sus bragas. Otra joven, más inexperta o peor asesorada, ha cogido el dinero de las revistas y ha dado todo lujo de detalles de los escarceos amorosos extramatrimoniales que ha tenido con ella esta estrella del golf con negra estrella.

Con estas flores cultivadas en el jardín de la prensa rosácea, amarillenta y deportivesca y expuestas al público sin celofán alguno, ¿cómo esperar que nuestra sociedad avance intelectual, moral y anímicamente? Estos son los elegidos por los tiempos para ofrecer patrones de conducta a la juventud.

3 de diciembre de 2009

Actualización del 08.12.2009 a las 23:05 horas

Calladito, brillante y caballero era el modosito tigre: «La prensa destapa el «harén» de Tiger Woods: ya van nueve». Veremos si los patrocinadores no se lo piensan dos veces. Y en una actividad tan “mental” como es el golf veremos también hasta qué punto vuelve el campeón a su juego imperturbable. Incluso hasta parece que hay gente a la que molestaba la imagen de bueno de Woods.