((Viene de la semana anterior…))

LUEGO ESTÁ el cicloturista, el más sano de todos cuantos circulan por las carreteras a lomos de una bicicleta. Ahí les vemos con sus alforjas delanteras, sus alforjas traseras, su mochila a la espalda, su mochila al pecho… a veces con una riñonera ventral (que digo yo que entonces no será riñonera sino “tripera”) y también bultos en los portaequipajes delantero y trasero de su máquina. Y raro es no ver a uno de estos cicloturistas con banderines y pegatinas varias.

Lo que nunca he visto es a uno de estos tragamillas partiendo de parado. Debe de ser todo un espectáculo. ¿Arrancarán como hago yo con mi furgoneta, que aparco siempre en lo alto de una cuesta? ¿O tendrán la paciencia de intentarlo cinco, siete, once veces, antes de coger bolida?

Es de justicia decir que ellos sí utilizan las vías públicas para su cometido original, cual es trasladarse de una población a otra, y que cumplen con las normas de tráfico. Éstos sí que se paran en las retenciones por obras. Pero, ¡menuda judiada tener que volver a echar a rodar!, ¿eh?

Y ahí les dejamos, con su constante y rítmico y cabeceante y acompasado y lento y cansino pedaleo. Y ahora que lo pienso… tampoco he visto a ninguno de estos llegar a ninguna parte. ¿Cómo paran? Tampoco ha de ser tarea fácil.

Nada tiene que ver este cicloturista viajero con las rutas del calendario cicloturista deportivo español. Antiguamente existía algo que se llamaba reagrupamiento. Esto hoy en día está mal visto y ahora todo son carreras al uso —de esas de tonto el último y premio suculento para el primero— en las que toman parte desde el veterano ex-competidor a esos que aspiraban a todo sobre las dos ruedas y que nunca llegaron a nada pero que siguen manteniendo la forma física… Por cierto, ¿hacen controles antidopaje a estos volatrenes?

También está el ciclista juanpuñetero… Pero de éste les habla el maestro de bitácoras Juan Puñetas en el enlace propuesto. Aunque me asalta una duda… ¿Podrá llamarse bicicleta a eso en lo que se sube mi amigo Puñetas?

He dejado para el final al ciclista urbano, quien también utiliza la bicicleta como medio de transporte personal. Algunos lo hacen porque están concienciados con el “mierdo ambiente”. Otros lo hacen porque se han visto obligados a concienciarse con su bolsillo —¡al precio que va la gasolina alcanzará al azafrán!

Por regla general, porque depravados haylos en todos los gremios, el ciclista urbano circula a una velocidad tal que permite que el conductor le vea y se anticipe a sus posible errores y a su inevitable oscilación, y señala las maniobras con la antelación suficiente, y si tiene que echar el pie a tierra no le importará un ápice el descenso que en su media cronometrada le supondrá el parón.

Sí, amigo ciclista, aunque te cueste creerlo el conductor no es un enemigo que tienes en la carretera, porque el conductor no compite contra ti para llegar antes a ningún sitio. Además, buena le ha caído al pobrecito conductor que atropelle a uno que vaya sobre dos ruedas, pues se concede siempre al ciclista, el indefenso ciclista, el beneficio de la duda. ¡Ya lo decía Perico!: el ciclista puede ir hablando por teléfono porque siempre es víctima. ¡Hay que joderse…!

Un recuerdo entrañable desde estas líneas para esos abueletes —ciclistas interurbanos—que aún circulan por esos pueblos de la España oscura con su bicicleta de piñón fijo. Como a estas alturas no vamos a conseguir que se pongan casco, a ver si alguien inventa boinas de poliestireno expandido o kevlar a fin de que vayan más protegidos, ¡aunque sea renunciando por completo a la aerodinámica!

Y esto es to…, y esto es to… y esto es to…do amigos.

Nota: para los de la LOGSE, una bicicleta de piñón fijo es aquella en la que los pedales no pueden dejan de girar mientras esté rodando… ¡porque el piñón está fijo!

4 de febrero de 2010