HOY HABLARÉ sobre fútbol. Lo siento… Pero no sobre el mundial, que el exceso de información me tiene estomagado. Amparándose en la distracción que supone este evento futbolero, José María del Nido, presidente del Sevilla F.C., ha abierto la caja de los truenos.

De momento sólo ha salido un pequeño zumbido, pues la atención mediática está centrada en el mundial y los éxitos de los excéntricos millonarios que tratan de ganar partidos para ser más millonarios todavía.

Pero las declaraciones del presidente del Seviyilla amenazan con tambalear los cimientos del futboleo patrio y aflojar los intestinos a más de uno.

Precisamente por eso hay mucho que diseccionar. En primer lugar la oportunidad de estas declaraciones.

Él mismo nos dice que esas conversaciones se han llevado en “sigilo y secreto”. ¿A qué viene, pues, levantar ese secretismo ahora? ¿No es poner sobre aviso a más de uno? ¿Qué gana esta organizada oposición a la dualidad Madrid-Barça haciendo público aquello que no lo era? ¿Y por qué habla él y en nombre de quién lo hace?

¿Es Del Nido un bocazas incapaz de guardar un secreto? ¿Tal vez le pudiera la vanagloria, ahora que nadie se acuerda ni de él ni de su Seviyilla? ¿Ha dejado con el ojete al descubierto el complot fraguado al abrigo de la prensa deportivesca —de espaldas a la realidad nacional— volcada en el mundialete?

¿Se habrán disgustado sus socios de contubernio con él? ¿Obedecerá esta incontinente verborragia a una planificada serie de actuaciones en cadena? Sabido es que cualquier movimiento de índole revolucionaria, para fraguar, necesita mantenerse al abrigo de miradas escrutadoras.

No alcanzo a vislumbrar qué gana este movimiento reaccionario saliendo a la luz de forma tan intempestiva. Porque Del Nido, más que informar, amenaza.

Y de paso alerta a los afectados, a saber: las entidades deportivas que mantienen a esos dos equipos profesionales, la RFEF, la LFP, y al metomentodo pisacharcos del Lissavetzky, que en esto del deporte anda equivocado y desnortado, pero que se mueve como un pez en el agua de las presiones torticeras y las intrigas palaciegas.

Y alerta a la UEFA, a la que también ha pillado mirando para el sur. Porque la UEFA algo tendrá que decir: ¿o pretenden que los dos gallitos sean clasificados siempre para la Champions sólo jugando entre ellos?

Cabe estudiar, en otro orden de cosas, la legitimidad de la propuesta… o más bien del berrinche. Pero, repito, Del Nido no propone, sino que amenaza. Tal vez sea deformación profesional, ya que en los bufetes de profesionales cualificados tienen querencia a arrimarse al más fuerte.

Pero aquí la fuerza está del otro lado. Del lado de una minoría que se reduce a dos. Y los poderes fácticos también están de ese otro lado. Los poderes reales, no obstante, están del lado de la mayoría pero no la apoyarán, al menos en los términos que se nos han hecho llegar.

Todo lo más los dos prepotentes del fútbol nacional aceptarán una reprimenda por gastarse su dinero y rebajarán sus pretensiones sólo en lo que les convenga. Faltaría más… Para eso son los primos grandes del zumobol.

Razón, lo que se dice razón objetiva, tienen el resto de entidades futboleras que han de competir con los monstruos futbolísticos en que se han convertido esta temporada pasada los dos ya citados.

No se legisló adecuadamente allá por comienzos de los años noventa del pasado siglo XX. Se hizo con prisas, se trató de imitar el modelo americano de deporte, pero sólo se asimiló la punta del iceberg, aquello que es visible.

El paso definitivo, el paso más valiente, el que hubiera resuelto de una vez por todas los males que sigue arrastrando el fútbol profesional tras 20 años de inútil ley, hubiera sido que las endebles ligas profesionales que se crean al amparo de la obsoleta —que no derogada— ley 15/1990, del Deporte, fueran empresas, entidades independientes de las federaciones deportivas, las cuales se crearon originalmente para regir el deporte aficionado.

El día que se separe y se diferencie el deporte profesional (epítome de oxímoron donde los haya) del deporte aficionado, todo la sarta de calamidades, de dinero público fugándose incontrolablemente a bolsillos privados, de pésimas gestiones deportivo-administrativas, de deudas históricas e impagables, todo eso y más, habrá concluido.

El cuco de Del Nido vuela a deshora, y lo hace donde no debe y encima vuela solo y posiblemente sin permiso de los adscritos al conciliábulo. Mucho me temo que no volveremos a oír hablar de esta propuesta. Y si lo hacemos será de forma irrelevante, pues habrá muerto sin salir del nido precisamente por salir Del Nido.

1 de julio de 2010