Archivo mensual: febrero 2012

Gasto inútil

«La Wii no conlleva que los niños hagan más ejercicio».

Hace falta ser canelo para gastar dinero en esta investigación. Como no lo han gastado en el país de la pandereta, me trae sin cuidado si se trataba de dinero público o privado… pero en cualquier caso hay que ser canelo para gastar dinero en esta memez.

Nadal hasta en la sopa

Al menos está hasta en el desayuno… En los Desayunos de TVE… Lo de este chaval ya resulta cansino de tanto aparecer en los medios de comunicación. No sé si los dichosos desayunos concluyen con una bacanal, pero no me extrañaría habida cuenta de las complacientes e insulsas preguntas que hacen a los entrevistados. Es el dinero de los contribuyentes el que paga para que en la corporación pública adulen a los endiosados astros de la cancha.

Las respuestas están a la altura de la magna labor periodística. Aunque empiezo a pensar que las preguntas están dictadas por el entrevistado. ¿Por qué preguntar si le gustaría ser abanderado del COE (que no de España) en la cita olímpica? Y el chavalín se autopostula como candidato, faltaría más. Tanto amor a la patria y tanta gaita y tuvo el rostro de cobrar un millón de euros (¡un millón!) por estar dos años diciendo sandeces tras cada partido a la cámara de la tele que pagamos todos.

Sandeces como las que soltó cuando le preguntaron por el R.Madrid. No me voy a detener en entrecomillar algunas declaraciones porque apuesto a que al lector inteligente la nota de prensa le resulta tan emética como a mí. Y como era de esperar de cualquier empresario, se vuelve a autopostular para futuras colaboraciones entre la casa merengue y su propia estrellita.

No entiendo que para preguntas tan estúpidas y tan poco trabajadas estos “preguntadores” alardeen de haber pasado por una carrera de cinco años. Y encima cobrar por preguntas tan chorras. Niños de siete años le hubieran hecho preguntas más sesudas y comprometedoras.

Una mentira repetida

Las mentiras, los bulos o las imposturas, por mucho que se repitan, siguen siendo falsas. A lo más que pueden aspirar es a confundir a los incautos (el problema sobreviene cuando el volumen de estos ingenuos tapa la luz del sol):
«“Que un jugador represente a su país no hace si no engrandecerle”», ha dicho el maestro Bielsa.

El argentino, fiel a la mentalidad de aquel país —que es la mentalidad de los países que aspiran a algún reconocimiento de la comunidad internacional— ha caído en esta falaz aseveración. Lo triste es que esa milonga es comúnmente aceptada en España, un país también en vías de desarrollo, en el umbral del tercermundismo cultural, científico, tecnológico y político, un país donde el circo (léase fútbol y deporte profesional en general) y la prensa rosa y amarilla concitan más atención e interés entre las masas que lo realmente importante para cada uno de los integrantes de esa masa.

Los deportistas no representan a su país; ni siquiera representan a su federación, que está representada por su presidente tal y como se recoge en sus respectivos estatutos. Los deportistas, individual y colectivamente, se representan a sí mismos y como mucho (no siempre es cierto) representan el nivel en su país del deporte que practican. En una democracia sólo representan a los ciudadanos las personas que se ha tenido ocasión de votar (se les haya dado el voto o no, que de eso trata el juego democrático).

Tampoco la federación representa al país en el que radica, ni ella ni sus selecciones. Las federaciones (al menos en este país de pandereta) son entidades privadas —tal y como se recoge en el ordenamiento jurídico—, y nunca una entidad privada podrá representar a un país soberano. De hecho, las federaciones internacionales no reconocen países, sino otras federaciones que se encuadran en un marco geográfico determinado.

Mientras permitimos que quienes poseen capacidad de tomar decisiones nos ofusquen con frases publicitarias que todos asumimos se nos mantiene incapacitados para cambiar el sistema que ellos han creado para su propio beneficio.