No dar pie con bola

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UNO DE LOS blogs enlazados en El sentido crítico es «El gol que quería ser fantasma». Su autor firma como pieconbola, pero en el suelto del 24 de noviembre, Qué asco de dopaje, que trata sobre las últimas incautaciones de sustancias dopantes, no da una a derechas. Cabe por tanto aplicarle el sentido negativo que refleja el título de este artículo.

Se queja alegremente de la «basura y más basura que cae de nuevo sobre el deporte». No es que caiga más basura sobre el deporte. Eso que él llama basura ya estaba ahí. Sólo ha sido destapada.

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“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Lavado de cerebro futbolero/deportivo

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SI NOS hablan de lavado de cerebro quizá nos vengan a la mente argumentos futuristas distópicos (“La naranja mecánica”, “1984”, “Un mundo feliz” o “Fahrenheit 451” entre otros). Pero el lavado de cerebro es una realidad con la que llevamos conviviendo desde siempre y a diario, en diferentes grados, incluso en el ámbito doméstico. Pensemos por un momento que las técnicas de seducción podrían ser consideradas en cierta medida manipulación mental.

Me atrevo a decir que es innato en el ser humano tratar de dominar la voluntad de sus semejantes. Las técnicas utilizadas van desde lo físico (no necesariamente brutal) a lo subliminal, desde las presiones ejercidas por el grupo a la exacerbación del sentimiento de culpa.

En todas las culturas y en todas las sociedades existen y existieron quienes recurren de forma “instintiva” a diferentes métodos para manipular la voluntad de sus congéneres. Quienes poseen un encanto personal y un carisma especial quizá cuentan con más de medio trabajo hecho.

Política y religión han sido secularmente las beneficiarias de técnicas que tratan de engañar o/y convencer a los demás de la necesidad de adherirse a sus postulados.

En las últimas décadas el mundo mercantil se viene apoyando en la mercadotecnia, que no es otra cosa que la aplicación de métodos de persuasión para aumentar el volumen de ventas. (Los comerciales saben mucho de cómo manipular la mente ajena). Dada su eficacia los políticos están basando sus campañas electorales en estrategias de marketing.

El lavado mental puede hacer objetivo a un individuo o a una masa. Discurriré sobre este último aspecto, alertando en este misérrimo discurso sobre cómo cursa la manipulación colectiva en el entorno deportivo.

Centrémonos, pues, en las técnicas destinadas a manipular a las masas (confiadas), más fáciles de convencer o/y engañar que el individuo aislado (y alerta). Desde hace más años de los que pudiera parecer hay quienes observan y estudian este proceso. La mayor parte de los investigadores se han ocupado de aplicar sus conclusiones a sus intereses particulares (política, religión, mercado); muy pocos informan a la población de los peligros a los que está expuesta.

Entre las herramientas más utilizadas en los últimos tiempos encontramos la propaganda —y por supuesto su némesis, la contrapropaganda—. Célebres son los once principios de la propaganda, atribuidos, parece que erróneamente, al doctor Goebbels —Ministro de Propaganda de Alemania entre 1933 y 1945—. La autoría de este decálogo parece corresponder a Marçal Moliné, quien tomó también ideas de Goebbels.

Después de repasar el código arriba enlazado tratemos de superponerlo sobre el mundo del espectáculo deportivo, donde las SAD utilizan técnicas de mercado sobre masas de aficionados que responden con seguidismo, con un fervor cuasi-religioso y una militancia semi-política, llegando algunos extremos a lo paramilitar.

Descubriremos que los once principios del doctor Goebbels… perdón, de Marçal Moliné, están presentes de forma solapada y soterrada en el sistema que sostiene el actual entramado del espectáculo deportivo y en especial el del fútbol profesionalizado. Podríamos parafrasear cada ítem de la lista sin que perdieran su sentido: (04) — “Engrandecer cualquier anécdota, por pequeña que sea, convirtiéndola en memorable”.

Una de las tácticas aconsejadas por los expertos para evitar el lavado de cerebro es contrastar varias fuentes de información. Atendiendo al principio de la verosimilitud (08), qué mejor apariencia de verdad si todas las fuentes de información vierten constantemente las mismas “verdades”.

En la pasada Eurocopa y en la reciente final de Champions hemos asistido al epítome del quehacer propagandístico del mundo del fútbol, propaganda que además les sale gratuita.

Los destinatarios de este bombardeo continuo son ciudadanos con cada vez más escasa formación. Aficionados-esponja que son incapaces de discernir entre los intereses de un grupo de profesionales y su propia felicidad.

Es como si los actuales sistemas educativos —tal vez desbordados por el exceso de materia que se acumula en los libros del saber— consintieran en que la formación del individuo sea cada vez más deficiente, vomitando bachilleres, diplomados y licenciados cada vez menos cultos, cada vez más desinformados e incapaces de emitir un criterio propio.

Me los encuentro a diario, gente salida de la Universidad que sólo razonan en función de como lo haga la masa. Sabido es que “opinión pública” no es lo que opina el público, sino lo que puede ser opinado en público. Y hasta ahí llega toda su conciencia cívica, ser parte del rebaño, dóciles y mansos.

Es sobre los poderes públicos sobre quien recae el mandato constitucional de velar por la salud pública; salud mental en este caso. El volumen de información futbolera con el que la masa cenicienta, anodina y aborregada es rociada diariamente acaba convirtiéndose en propaganda de un régimen a la sombra, el quinto poder, y consigue el efecto de un lavado de cerebro colectivo. A los éxitos del doctor Goebbels me remito, le pese a quien le pese.

29 de junio de 2009  »»» 

PD: Si el lector tiene verdadero interés por profundizar algo más en el tema no dudo de que con un buen buscador (a veces el más popular no es el más efectivo) y algo de audacia encontrará textos como: 1) “Psicología de las masas”, de Gustave Le Bon, 2) un opúsculo titulado “Notas sobre el empleo de operaciones psicológicas”, y 3) “La manipulación del hombre a través del lenguaje”, de Alfonso López Quintás, los tres en formato PDF. Quien guste de la cultureta wikipédica también encontrará en esa web información y enlaces en los que seguir buceando en este campo que entronca con la psicología y con la psicología social.

A lo largo de este artículo he ido dejando pautas para utilizar como lema en las búsquedas: técnicas de persuasión, lavado de cerebro, lavado mental, manipulación colectiva, control mental (que no autocontrol); reforma del pensamiento, control de las masas, marketing social. Aconsejo mantener el norte en la búsqueda so pena de acabar leyendo información sobre psicología clínica.

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Aun a riesgo de repetirme…

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Cuando me dijo el Puñetas que ya era hora de volver a escribir un artículo al alimón y fijó el tema a tratar, me apliqué a la tarea con afán de imitar su estilo resuelto y desenfadado, destilando una fina ironía con la que crea una sátira fresca y sana. La inspiración me abandonó pasados los primeros compases y acabé sumiéndome en mi estilo cáustico y brusco (genio y figura…). Así que borré el esbozo y parí el artículo del martes pasado. Pero el borrador quedó sin eliminar, llamándome a gritos para que lo diera a la luz. Como había en mí algo de padre que me impedía negarme, he decidido darle una lavadita valiéndome de él para cumplir con mi compromiso de hoy día viernes.

Este artículo se vuelve a escribir en colaboración con
Por el Arco del Triunfo, de Juan Puñetas.

Y MIENTRAS Michael Phelps deshoja la margarita de por qué le ha tenido que pasar a él (y ha perdido tanto dinero) —y se da cuenta de que ha hecho el bobo aceptando la culpabilidad—, otros ilustres dopados dan consejos de lo nocivo que es doparse para la salud. Entre ellos el autoidolatrado Carl Lewis, quien gozó de una amnistía allá por principios de los años noventa tras haber sido pillado con la sangre contaminada (hasta tres sustancias prohibidas).

Con Michael no se ha tenido tanta consideración, y por fumarse unos petas de forma un tanto sofisticada, aún estando fuera de competición, aún no habiéndosele detectado sustancia extraña alguna en su organismo que diera para pensar que está aumentando su rendimiento físico de forma artificial, la federación estadounidense de natación le ha sancionado con tres inútiles meses.

Ni ellos se creen que hubieran sancionado al chaval de encontrarse en vísperas de obtener medallas para esa misma federación —que no para su país—. Y ello porque las medallas de quienes tienen licencia federativa se traducen en dinero contante y sonante que entra en las arcas federativas a través de subvenciones previamente tarificadas.

Llegado ese caso se hubiera corrido una tupida cortina de humo, y a buen seguro hubieran hecho valer el criterio —correcto, por otro lado— de que la marihuana tendría unos efectos contrarios a los deseados en el organismo de un nadador (no así en el de un tirador —de arco o de pistola—).

Tenemos entonces que la federación estadounidense de natación actúa y sanciona al chaval sin haberle detectado nada, y la policía estadounidense, aún con fotografías y la confesión del mismo Phelps, se inhibe y dice que no hay pruebas para sancionarle.

Parodiando al galo, “Ils sont fou ces gringos”.

Otro americano, Floyd Landis, ganador del Tour de Francia en bicicleta, pero desposeído de ese honor en el laboratorio tras haber sido pillado con demasiada testosterona en su organismo —a los siguientes clasificados no les pillaron nada anormal— ha vuelto a las carreteras a la par que otro sospechoso pero por contra laureado, el también estadounidense Lance Armstrong.

Demasiado sospechoso que mientras compartió equipo (US Postal) —y por ende médico— con Armstrong no le pescaran en un renuncio. Y es que el organismo humano tiene estas sorpresas; cuando menos te lo esperas deja al descubierto moléculas de sustancias que debían pasar desapercibidas.

Con todo esto uno llega forzosamente a la conclusión de que lo que importa es que no te cazen (o que te amnistíen), porque una vez que se han dado cuenta de que eres un pillín pasas a ser un leproso del siglo XXI, un apestado al que ni los amigos tienden la mano en público.

Así de hipócritas son las formas. Luego, los políticos del país, los políticos de las federaciones, y los políticos del COI, se encargan de acabar de hundir al incauto que ha sido traicionado por su organismo (o cuyo médico ha fallado en las previsiones) apareciendo como salvadores de la Humanidad a costa del desvalido infractor.

Señores políticos que parasitan el deporte profesional: deberían ustedes partir de la base de que TODOS los profesionales del deporte se dopan en mayor o menor medida, con sustancias más o menos peligrosas para el organismo, durante un periodo de tiempo más o menos extenso.

Quizá así concibieran que el deporte profesional necesita ayuda y no castigo. Difícilmente van ustedes a sacar nada a la luz con actitudes como las del ya defraudante presidente de los EEUU —un tal Obama que todavía no ha empatado con nadie pero que aparece como el redentor de los oprimidos—, quien ha manifestado: «“El dopaje de Rodríguez es una noticia deprimente”» en alusión a la sinceridad de un celebérrimo pelotero.

Pues estamos apañados si cada vez que alguien revele que se ha dopado durante su carrera deportiva van ustedes a hacer sangre de él; no esperen que haya muchas más confesiones y que con ellas llegue información y esclarecimiento.

Lo cual viene a justificar su mendaz cruzada.

Les vuelvo a dejar con el artículo de Juan Puñetas, donde verán la importancia de guardar las formas en el país de los superhéroes.

20 de febrero de 2009
¡Felicidades, Ana Rosa!

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 Doparse y drogarse no son sinónimos

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Este artículo se escribe en colaboración con
Por el Arco del Triunfo, de Juan Puñetas.

EL CONCEPTO de dopaje se liga a la obtención de una mejora del rendimiento físico por medios no naturales. El concepto de droga radica en la creación de una adicción por una sustancia dada; dicho en román paladino, una droga te engancha.

Teniendo estas premisas claras ya debería entenderse que doparse no es drogarse. Ello no es óbice para que una sustancia que aumente artificialmente el rendimiento deportivo cree adicción. Pero no es la tónica general de las sustancias dopantes.

También debería haber quedado claro que drogarse no es doparse. Es más, la mayoría de la drogas no reportarían mejoras en el rendimiento físico. Pero que alguna hay se colige del párrafo anterior.

Es por ello que no alcanzo a entender por qué a los deportistas se les persigue como si fueran criminales, máxime cuando muchas de las sustancias que mejoran el rendimiento físico son totalmente legales.

Sí, ya sé… La nueva ley española deja fuera de la legalidad a ciertas sustancias cuando se utilizan para mejorar el rendimiento físico y no de forma terapéutica.

Lo cual nos lleva a la vieja disquisición de si un deportista lesionado puede doparse para acortar los tiempos de recuperación.

Y me hace pensar qué ocurriría si un deportista que no está compitiendo por haber finalizado la temporada de su modalidad sería sancionado si fuera detectado un positivo, por ejemplo, por marihuana.

Esto nos lleva, como ya se imaginará más de uno, al reciente caso de Michael Phelps.

Al final la indiscreción le va a costar tres meses de sanción federativa, aunque la policía no ha encontrado pruebas para incriminarle. [Me gustaría saber si hubieran hecho lo mismo en vísperas de unos JJOO o de unos campeonatos del mundo].

Todo esto es un absurdo, una bola que han urdido cuatro iluminados y que hace aguas por diferentes sitios. Han acabado creando en colaboración con los Estados una Policía Deportiva que te persigue y que te detecta positivos por drogas y que sin embargo cuando esto ocurre no lo pone en conocimiento de las autoridades, cual sería su obligación por pertenecer a una institución administrativa.

Y si lo hicieran, estarían colocando a los deportistas en una delicada situación de indefensión dado que cualquier otro ciudadano, durante sus vacaciones, no es buscado para obligarle a depositar unos centilitros de orina a fin de saber si se está drogando.

Algunos podrían concluir que es el mal de la profesión que han elegido, y que deberían irse acostumbrando.

Tal vez sí sea —en el futuro— el enfoque que haya que darle a lo que está ocurriendo para alcanzar a entender tamaña grosería. Entretanto llega ese futuro, se me ocurre pensar que a ningún otro profesional se le persigue y se le pide que desvele con antelación de 24 horas los lugares en los que va a estar.

Ni actores, ni cantantes, ni músicos, ni siquiera escritores o pintores y escultores que tal vez busquen sus musas en el humo de un cigarrillo de marihuana.

¿Dónde queda la libertad del individuo en toda esta caza de brujas —verdadero estado policial en el deporte— promovida por gentes ajenas al movimiento deportivo que descubrieron la existencia del dopaje cuando llegaron a despachos administrativos, siendo la realidad que esta práctica viene dándose desde que existe el profesionalismo en el deporte moderno?

¿Pero es que no se dopan el estudiante, que para mejorar su rendimiento intelectual acude a sustancias poco seguras, y el opositor a un cuerpo de funcionarios del Estado para el que se requiera una selección mediante pruebas físicas, tal que bombero, policía, guardia civil, funcionario de prisiones o guardas forestales?

Ya he dicho que esta vez estoy con Rafaelillo Nadal. Pero es que vengo manifestándome en este sentido desde hace años. Busquen en la nube de etiquetas los artículos que se refieren a ‘dopaje’.

Juan Puñetas en su siempre satírico ‘Por el Arco del Triunfo’ les habla a propósito de Michael Phelps de las incongruencias que se dan en gringolandia, donde no permiten que sus estrellas se estrellen en el apogeo de su estrellato.

17 de febrero de 2009

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 Siguen muriendo niños, Jaime

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ESTE ARTÍCULO es el cuarto que dedico en esta bitácora al luctuoso tema del vuelco de porterías y canastas móviles. Seguiré recordando a los irresponsables que dirigen el cotarro deportivo que se debe legislar sobre algo tan evitable, obligando al anclaje a suelos o paredes de los equipamientos deportivos móviles en polideportivos, canchas exteriores y centros educativos y deportivos, ya sean públicos o privados.

Escribía mi último artículo sobre este particular —que titule «Ha vuelto a morir un niño»— el 10 de julio de 2007. Tan sólo trece días después, el 23 de julio, moría un joven francés en L’Estartit (Girona). El menor, de 17 años de edad, recibía el impacto del larguero en la cabeza tras apoyarse en uno de los postes y ceder el conjunto. Al menos tres son los niños muertos por desprendimiento o vuelco de equipamiento deportivo en 2007.

Hace menos de un mes, el 13 de marzo de este año, moría un niño de 15 años en Alcorcón (Madrid) también como consecuencia del vuelco de una portería.

Los responsables municipales, sin duda para intentar salvar sus gruesas fajas, llegaron diciendo que el equipamiento cumplía «toda la normativa europea y española para este deporte». Sesgadas y arteras me parecen las declaraciones de un tal Salomón Matías, concejal de deportes de ese ayuntamiento. Señor, no se trata de que la portería cumpliese las normativas para ese deporte FEDERADO, matiz que ha olvidado usted enfatizar.

La portería se encontraba en una cancha exterior que no estaba siendo usada para la práctica de deporte federado en el momento del accidente. Y es tan evidente que el ayuntamiento estaba permitiendo el acceso a esa cancha con finalidades alejadas de la práctica federada como que la portería no disponía de sistema antivuelco. Ergo, el ayuntamiento de Alcorcón es responsable de esta muerte por accidente (ver artículos 139 y siguientes de la Ley 30/1992, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas), y ya veremos si les imputan negligencia.

Continúa zascandileando Salomón Matías con un sofisma en la frase “la Federación Española de Fútbol Sala aconseja [no anclarlas] para evitar accidentes de los propios jugadores”. Luego entonces no hay normativa federada a la que atenerse, tan sólo una mera recomendación y únicamente a efectos federativos (por no hablar de que el CSD no reconoce —en el día de hoy— ninguna Federación Española de Fútbol Sala).

Recomendación carente de peso pues los ayuntamientos son soberanos en cuanto a la aplicación de las normativas de seguridad en sus instalaciones deportivas. Pero es que el reglamento de fútbol sala (PDF) de la RFEF (reconocida por el CSD) —ver la página numerada como 14 en el documento (al que le falta la página 8)— , sí estipula:

Seguridad.—
Las metas deberán disponer de un sistema que garantice la estabilidad, impidiendo su vuelco. Se podrá utilizar metas portátiles que garanticen la misma estabilidad que las metas habituales.

Ese bulo del peligro que supone para los jugadores el chocar contra una portería anclada es fácilmente desmontable. Existen métodos para que la portería quede sujeta a la pared o anclada al suelo sin posibilidad de vuelco pero con cierta posibilidad de movimiento que hace que un jugador de fútbol sala no vaya a chocar contra un obstáculo fijo.

Sin ir más lejos, el CSD dispone un sistema antivuelco en la Normativa de Instalaciones Deportivas y de Esparcimiento (NIDE) —repito: y de esparcimiento—. Luego, señor Matías Matías, sí existe normativa española respecto al sistema antivuelco de las porterías de fútbol sala y balonmano. Sólo que, incomprensiblemente, no es de obligado cumplimiento para todos (leer el tercer párrafo del punto 2).

Llega así la responsabilidad al inefable Jaime “Multimedia” Lissavetzky, señor del CSD, Secretaría de Estado para el Deporte en España.

El ya conocido por estos pagos bitacoreros, don Jaime Lissavetzky Díez, gusta de las pompas y el boato que su cargo sin duda merecen. Pero el hombre sólo ha centrado su afán regulador en la siempre mediática vía profesional del deporte.

Así hemos visto como tras la muerte de un joven en Sevilla (Antonio Puerta), Jaime Lissavetzky corrió a organizar una reunión en su CSD con expertos en cardiología —sin olvidar anunciarla a bombo y platillo— para que todas esas eminencias disertaran sobre tema tan controvertido como el de la muerte súbita en deportistas profesionales.

Dado el momento euforizante elegido, la reunión concitó una vez más a todos los tebeos deportivos que se publican en este país. Hasta del muerto “profesional” supieron sacar su tajada de gloria.

Sin embargo las muertes de los niños españoles por culpa del vuelco o desprendimiento de equipamientos deportivos no parecen conmover al Secretario de Estado para el Deporte hasta el punto de organizar una comisión que acabe dictando la obligatoriedad de anclar esos equipamientos para los titulares de las instalaciones deportivas (ayuntamientos, centros escolares, centros deportivos, etc.), y su revisión periódica y exhaustiva.

¿Tendrá que tocarle al hijo de un ministro, un diputado o un senador para que se mueva la burocrática y —cada vez más— mediática maquinaria del Estado?

1 de abril de 2008

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