Ciencia, tecnología y deporte
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tecnologia | ciencia | investigacion | desarrollo | innovacion | instalaciones deportivas
PARA EL artículo de hoy me valdré del recosido, esa tosca técnica del corta y pega con la que la mayoría de bloggers fusilan contenidos ajenos sin rubor; sólo algunos bloggers —escasos bloggers— son capaces de utilizarla con maestría, logrando contenidos propios tremendamente adictivos. Sabido es que en El espectador generamos opinión (contenidos) a partir —las más de las veces— de la actualidad deportiva. Pero hoy haré una excepción, a ver qué tal sale el experimento, no vaya un servidor a caer en la zafiedad del burdo cortapegador.
La ciencia y la tecnología envuelven nuestra vida cotidiana, y el mundo del deporte no podía a ser ajeno a ellas. Salvo el mundejo del fútbol, donde se obstinan en revivir el día de la marmota, sin modificar un reglamento que data de la Edad de Piedra.
Pero un nuevo futuro aguarda al espectador futbolero gracias a las consolas de videojuegos, y la mezcla entre lo real y lo virtual amenaza con desconcertar al aficionado: «Viendo el fútbol a través de la PSP». Uno no sabrá si está viendo la jugada del partido o el videojuego del año.
Esta delgada y difusa línea divisoria entre el videojuego y el partido ya ha costado un disgusto a alguien: «Le detienen penal a Ronaldinho, debido a videojuego». Sí, es cierto: parece un argumento más propio de una película infantil que de un partido del máximo nivel.
No es de extrañar, pues, que una nueva raza de competidores, verdaderos ciborg deportivos, liderados por el sudafricano Óscar Pistorius, se disponen a asaltar pistas y canchas de juego. Hasta que llegue ese momento, se prohíbe competir a una joven por llevar (bien puestos, sin duda) un par de implantes: «Impiden boxear a una ex modelo por haberse operado los pechos». Lo que en otros ámbitos tiene efectos positivos…, en el deporte acaba siendo un obstáculo.
Y hablando de sudafricanos, ya están «A la venta las entradas para el Mundial de fútbol 2010». Qué calidad y qué dificultad para el plagio deben tener para exponerlas al público con tanta antelación. Qué diferencia con aquellas entradas cuasi-manuales que se dispensaban para acceder a los estadios.
Y es precisamente el mundo de la construcción de estadios e instalaciones deportivas quien también se beneficia de los avances tecnológicos del siglo XXI. Ahora se construyen engendros mecánicos de quita y pon —«Benidorm levanta para la Davis el graderío desmontable más grande de España»—, como si de un traje de baño se tratase.
Esta útil prenda también está siendo objeto de estudio en el laboratorio, hasta el punto de llevar a la federación internacional a regular los avances tecnológicos acabando por imponer «Límites a la evolución».
Pero una cosa es limitarla y otra muy distinta negar una evolución encorsetando el reglamento decimonónico del fútbol, ya que no se explica la cerrazón a incorporar normas nuevas que coadyuven a serenar los ánimos en el campo y sobre todo en la grada: «La FIFA rechaza aplicar la tarjeta naranja».
Ciencia y tecnología impregnan nuestra vida diaria, salvo —ya lo hemos visto— el mundejo del fútbol, que desdeña incorporar la repetición mediante vídeo para resolver las jugadas más polémicas, esas que enardecen el graderío, verdadero monstruo informe e incontenible.
3 de marzo de 2009
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(Goethe)

















