De los CARD a las Escuelas Deportivas

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«Queréis la fama, pero la fama cuesta. Y aquí es donde
vais a empezar a pagar… Con sudor
» (Lydia Grant, “Fama”)

HACE UN PAR de semanas, ojeando (y hojeando) revistas atrasadas en mi pub favorito, El Abrevadero, cayó en mis manos un ejemplar de Interviú, el número 1.683 correspondiente a la semana del 28 de julio al 3 de agosto del corriente. En la página 46 aparece un reportaje firmado por Antonio Oricio y con fotos de Ian Teh que se titula: “Factoría de titanes”, y nos habla de que «La durísima preparación de los futuros atletas chinos agranda el orgullo nacional. La ONG Save the Children asegura que muchos menores son explotados».

Pero en lugar de ir apostillando párrafo a párrafo lo que allí se dice, a fin de evitar que algún lector impenitente de esta bitácora impenitente se me eche encima por la extensión de un doble artículo (el de Antonio Oricio y el mío), voy a proponer un juego.

Copiaré íntegro el texto del reportaje y destacaré algunos pasajes en negrita (las cursivas son originales del texto de Interviú). El lector deberá decidir si encuentra diferencias entre China y España en lo así destacado.

La fama y la gloria de una nación tienen un precio. Los niños chinos lo están empezando a pagar ya. Los Juegos Olímpicos que en un par de semanas darán comienzo en Pekín han puesto a China ante la mirada del mundo entero y al mismo tiempo han convertido el deporte en una obsesión para muchas familias del país asiático. Incluso en disciplinas como el pimpón [sic], que en la mayoría de los países se considera un mero pasatiempo, las autoridades chinas han puesto en marcha auténticas factorías de campeones. En la escuela de tenis de mesa de Luneng, en la provincia de Shandong, un total de 230 estudiantes se entrenan sin parar en 80 mesas de pimpón. El sonido de esas pequeñas pelotas de plástico de apenas tres gramos parece un tic-tac sin final. Por la mañana, los aspirantes a campeones dedican más de cuatro horas a darle a la raqueta. Así todos los días de la semana. Por la tarde, un rato de clases académicas y otro tanto de entrenamiento. Las jornadas agotadoras tienen su momento de respiro el domingo por la tarde. Es tal el esfuerzo y la dedicación que estos niños tan sólo verán a sus familias dos veces al año.[1]Por eso China es de los mejores del mundo en tenis de mesa, nos entrenamos duro y más que nadie —dice un chaval regordete de diez años llamado Xu Mengjie bajo la atenta mirada de un cartel que reza “Lucha por tu país”—. Es el único camino que conozco para llegar a ser campeón olímpico”.

Es verdad que la factoría de titanes trabaja a todo gas en China, que las Olimpiadas se han convertido en la tabla de salvación para muchos padres. Lo que parece que no saben es que para que salga un solo campeón olímpico cientos de miles fracasarán por ese camino fatigoso y exigente. Al final, los estudios quedarán a un lado a favor de la formación deportiva. Un solo dato aportado por el periódico The China Sports Daily: un 80 por ciento de los atletas jubilados está en el paro, ha acabado en la indigencia o sufre enfermedades derivadas de un entrenamiento cercano a la tortura.[2]

Antes, muchos padres estaban preocupados al enviar a sus hijos a estas escuelas pues pensaban que sus hijos pasarían mucha amargura, mucha penuria —dice Qiao, un entrenador— pero los Juegos Olímpicos han hecho que esta gente piense que están contribuyendo a hacer grande y gloriosa a esta nación”.

Y hablamos del pimpón. Otras disciplinas, como la gimnasia en todas sus variantes, se han convertido en auténticas pesadillas para niños y niñas que apenas superan el metro de altura. Un entrenamiento que recuerda al de las academias militares explota a diario las habilidades de miles de chiquillos en busca de un sueño que muchos no saben ni qué significa. La organización internacional Save the Children ha acusado a las autoridades deportivas chinas de violar los derechos de los más pequeños. Según esta ONG, los menores no reciben una buena educación, son sometidos a entrenamientos durísimos, el amparo legal apenas existe y su reingreso social no tiene apenas apoyo una vez acabada su carrera deportiva.[3]

Si hace unas pocas décadas los atletas de Estados Unidos y Rusia acaparaban la atención mediática por su forma de ganar medalla tras medalla, China se ha incorporado sin freno al ranquin de países medallistas. En el años 1984, durante los Juegos de Los Ángeles, el país comunista hoy reconvertido a un capitalismo sui géneris lograba poco más de 30 medallas; en Atenas, hace cuatro años, China consiguió doblar ese número y llegó a los 63 metales.

Para Save the Children, esta progresión casi ilógica se ha producido a costa de los más pequeños, perjudicando su salud. Hace tres años, el campeón olímpico Matthew Pinset se quedó alucinado porque los entrenamientos superaban los límites mínimos humanamente tolerables, y llegó a comprobar que en algunos centros los entrenadores pegaban a los atletas.[4]El sistema deportivo chino ha arruinado la vida de muchos jóvenes atletas, y hay casos en que los entrenadores han forzado a los niños a tomar drogas o estimulantes para ser más eficaces”, aclara el informe.

Acotaciones:
[1]: Esto se ha corregido en los CARD españoles en los últimos tiempos. Pero no hace tanto los deportistas de elite sólo volvían a casa una vez al año, durante el mes de vacaciones. También cabría pensar que el viaje de ida y vuelta al lar tal vez no sea cosa sencilla en un país del tamaño y de las peculiaridades de China.

[2]: Días atrás presentaba aquí un cinefórum con la película documental “Juguetes rotos”. Como todos sabemos el asunto del ocaso de los deportistas viene de muy antiguo.

[3]: ¿Y por qué habrían de tenerlos? ¿Por qué tengo que pagar vía impuestos más allá del servicio de espectáculo que me dan? ¿Tienen acaso los actores, músicos o artistas en general un subsidio vitalicio por el mero hecho de haberse dedicado al espectáculo y habernos hecho pasar un buen rato de vez en cuando? ¿Por qué ha de pagar la sociedad el capricho de aquellos que han hecho con su vida lo que han querido hacer y echarles un capote cuando los neones se apagan?

Seguramente está feo que lo diga yo, pero he sido competidor de elite en uno de esos deportes que llamo desheredados. Mi primera competición senior fue en un encuentro internacional (España-Grecia). Cuando era requisito sine qua non tener 18 años cumplidos yo debuté con victoria (es un deporte individual) con 18 años y 4 días.

Nadie me ha dado nada ni yo lo he pedido. Lo que tengo, poco o mucho, me lo he ganado con mi esfuerzo, sin deber favores a nadie. Trabajo en el servicio deportivo de una Administración pública tras ganar la plaza por oposición. ¿Por qué un tipo o tipa que se ha estado dedicando a competir iba a partir con 2 ó 3 puntos de ventaja en la oposición sobre el resto sólo por haber sido deportista de elite?

Mientras esa persona competía otros nos formábamos. En el hipotético caso de que un deportista representara a su país (creo haber demostrado en esta bitácora que eso una falacia comúnmente aceptada), ¿es que los que estudiábamos para formarnos mejor no estamos sirviendo también a nuestro país con nuestro compromiso por mejorar?

[4]: Pegar no sé… Pero insultar a los pupilos lo vemos todos los fines de semana en las competiciones infantiles. No todos los entrenadores, es cierto, pero es un comportamiento aberrantemente generalizado en según qué modalidades.

Dejo aquí estas reflexiones por si algún valiente o valienta se anima a contradecirme. Me encantará debatir este asunto. Y no olviden encontrar las diferencias en España con las que se critican en China.

19 de septiembre de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Las verdades del barquero

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ESTA BITÁCORA se caracteriza por decir las cosas de una forma directa, huyendo de eufemismos y circunloquios; las verdades del barquero se plasman en sus páginas virtuales para quien tenga un espíritu dispuesto. No son lecturas para todos los públicos.

Quizá haya quien no comparta las formas. Quizá haya quienes no entiendan el mensaje. Es lo que ocurre cuando se publican enunciados que no están al alcance del común en su tiempo. Nos han insultado, incluso nos han amenazado; pero todavía nadie ha demostrado que mintamos ni que estemos equivocados.

Algunos, escasos y escogidos, habíamos denunciado el tráfico laboral de niños para mayor gloria del fútbol, situación consentida por los Estados europeos y los organismos rectores del balompié. Y lo hicimos antes de que alguna ONG lo pusiera de moda (recientemente).

Hemos criticado la irrupción estruendosa de los gobiernos en el mundo del dopaje, sin tacto ni consideración para terminar con una práctica institucionalizada desde hace más años de los que nos atrevemos a reconocer. Hemos avanzado que tal actuación, más demagógica que eficaz, no solucionará el problema sino que lo proscribirá a un gueto más insano de lo que ya es. Pero los votos se computan en cuatrienios, y un lapso de veinte años es inabarcable para el político de hoy.

Llevamos tiempo predicando que las selecciones deportivas nacionales no representan a ningún país, de la misma forma que una miss tampoco representa a su país. Tanto los deportistas profesionales como estas estupendas modelos forman parte de un negocio privado en formato de concurso.

Criticamos también la estrategia de pan y circo que aborrega a los administrados, felices cuando “su” selección gana y conformes cuando el precio de los combustibles rompe máximos.

Son muchas las correcciones en el sistema deportivo a modo de crítica ácida que llevamos solicitando. Pero también somos plenamente conscientes de que no interesa implementar cambio alguno.

Ni siquiera interesa comenzar a realizarlos. A quienes correspondería hacerlos es a los poderes establecidos, sin embargo es a ellos a quienes favorece el statu quo actual. Que se den situaciones poco honestas no agobia a quienes se sientan en los tronos de las esferas de poder.

No es de extrañar que en ciertas ocasiones se den sinsentidos, situaciones absurdas, verdaderos anacronismos que sacuden la atención de las humildes gentes que pueblan el común en bares, tascas y tabernas, pero también en hoteles, bancos y estadios, y que no alcanzan a explicarse que se den extravagantes situaciones no previstas por el sistema.

No les encaja en el puzzle mental que llevan instalado de serie que se pida la condena pública y el ostracismo nacional para quien marca dos soberbios goles en un campeonato de Europa sólo por haber nacido físicamente en un país y jugar al fútbol con los vecinos del otro lado de la frontera.

Algún rodamiento recalienta su razonamiento y necesitan una explicación fácil y ajustable que no ponga en tela de juicio ese sistema que al mismo tiempo que les amamanta les impide pensar.

Tras el dos a cero que dejaba maltrechas las aspiraciones de la selección de la federación polaca de fútbol, goles ambos de Lukas Podolski —polaco de nacimiento y afincado desde niño en Alemania—, nos desayunamos con la siguiente noticia:

Un partido ultracatólico polaco pide retirar la nacionalidad a Podolski y Klose

20MINUTOS.ES. 11.06.2008 - 13:46h
• Un representante del LPR dice que no se puede admitir que deportistas con pasaporte polaco jueguen en selecciones de otros países.
• […]
• Los medios de comunicación polaca se burlan de la propuesta del representante del LPR.

Para ser ecuánime, o quizá para desviar la atención de los dos dardos de Podolski que debían lacerar el culo de quien ya no tenía responsabilidades políticas en Polonia, se pedía el mismo trato para Miroslav Klose.

La opinión pública —que no es lo que opina el público sino lo que se puede opinar en público—, liderada por los medios de comunicación, cayó sobre el capcioso y oportunista Orzechowski.

Aquí, en la ya no tan ultracatólica España (a dios gracias), los más puritanos también se mofaron, entre ellos el diario deportivo con mayor número de ventas:

Un partido ultracatólico quiere retirar la nacionalidad polaca a Podolski y Klose

»Lo cierto es que los dos goles marcados por Lukas Podolski y la buena actuación de Klose escuecen a la afición polaca, que se echa las manos a la cabeza con desesperación cuando se les recuerda que dos ‘polacos’ derrotaron a Polonia. Ambos jugadores emigraron a Alemania siendo niños y, aunque conservan la nacionalidad polaca, también tienen pasaporte germano y juegan desde sus inicios con el combinado de ese país.

Ese “quiere” del titular se me antoja una burlesca forma de repulsa. Sin embargo este mismo diario es el que, en pos de aumentar el volumen de ventas, espoleaba a los aficionados españoles con consignas de corte patriótico.

Esta es la pieza del rompecabezas que descuadra a los fieles del futbolismo. En su ínfimo saber, los postulados de Orzechowski son correctos. Quien traiciona a su país no puede seguir disfrutando de las ventajas que le reporta su nacionalidad. Y puesto que las selecciones nacionales de fútbol representan cada una a su país, jugar en otra selección nacional supone una traición.

¡Ah…!, la ecuación se despeja recordando a los insustanciales fieles de la nueva religión que el fútbol no es más que un deporte.

Pero ese engranaje sigue chirriando… Es un paso atrás en el razonamiento económico-patriótico-futbolero. La ecuación se “despeja” pero no se resuelve, y queda reducida a un absurdo.

Reseñemos que las arengas de los medios de comunicación durante la pasada Eurocopa no eran patrióticas, sino patrioteras. Existe una sutil e importante diferencia. Ellos lo saben, pero no es rentable retirar la venda de los ojos de quienes ahora se sienten más españoles. Hay crisis desacelerada, sí, pero se han vendido más camisetas de la selección de la federación española de fútbol y más banderas españolas que en los doce meses anteriores.

Incluso personas con mucho mundo a sus espaldas confunden las churras con las merinas y han hablado del triunfo de la patria.

Ver un equipo conjuntado, con gente de todas las tierras de España, trabajar unidos en un partido maravilloso, de relojería suiza, devuelve la confianza en este país.

[las negritas son mías, pero todo el artículo rezuma una falaz baba nacional-deportiva que llega a ser estomagante]

¡Insensatos! Este dislate nacional es un engañabobos del que todos son cómplices y víctimas a la vez.

Tendrán que pasar otros tantos años para que una ONG ponga de moda la crítica al patrioterismo futbolero —y deportivo—. Aquí ya lo hemos dicho antes de ahora.

15 de julio de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 Nos ha salido una miembra

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DEBO COMENZAR pidiendo disculpas por no asistir a la palabra dada a Juan Puñetas. Habíamos quedado en hacer sendos artículos y subirlos al alimón sobre el tema propuesto a modo de fin de fiesta bitacorera. Motivos personales y familiares han dado al traste con mis intenciones y he faltado a mi compromiso, cosa a la que no estoy acostumbrado.

Espero que mi colega sepa disculpar una falta de calibre tal, que me avergüenzo de haber cometido.

Entremos al trapo, que el toro me ha sido brindado por mi amigo en inmejorable posición.

Habíamos quedado de escribir sobre la iniciativa de nuestra flamante Ministra Bibiana Aído, de la que se dice que ha-ido a la Facultad pero no se conoce si tiene facultad para afrontar un ministerio sin historia, solera y ni siquiera materia.

La chica es joven, lo que a buen seguro la habrá abierto más puertas y alguna bragueta sonriente porque la chavala tiene su aquel.

Su pretensión, o más bien error del que no acierta más que a huir hacia delante, es que en el hablar y en el escribir diferenciemos los sexos diferenciando los géneros gramaticales. Pero quiere que adoptemos ese lenguaje hortera y rebuscado por imposición, lo cual, además de un dislate, es típico de mentes débiles y calenturientas.

Confirma el dicho general que a un tonto le das un gorra y se cree un general. Así pues, a una joven le das un ministerio y ya se cree catedrática de cosa tan propia y ajena como es la lengua de muchos millones de hispanohablantes.

No parece que a la Bibi (la Aído, no el transexual o transexuala o transexualo) sus años de Facultad le hayan facultado para discernir que en cosas del lenguaje prima la evolución natural sobre las mutaciones a golpe de decretazo, por mucha sonrisa y golpe de melena con que se aderece.

Si el neutro tiene la misma terminación que el masculino, ¡pues qué le vamos a hacer! Todos lo entendemos o debo decir entendíamos, porque con este hablar panoli y achocholinado en el que hay que decir vecinos y vecinas, ciudadanos y ciudadanas para ir con los tiempos que la Aído quiere imponer, uno se pierde el discurso.

Pero lo que nuestra Ministra de Igualdad, que confunde sexualidad y género gramatical, no ha tenido en cuenta es que los hombres, además de bárbaros y crueles, algunos, también tenemos nuestro corazoncito, y nos sentimos relegados cuando no estamos presentes en el lenguaje. Tenemos el mismo derecho que las congéneres de la Aído a reivindicar a estar presentes en el lenguaje cuando el neutro coincide con el femenino.

Así ocurre con quienes juegan al tenis. El reciente campeón de Wimbledon, Rafael Nadal, debería reivindicar ser calificado como “tenisto” y no tenista.

¿Por qué Aído nos dice que vecinos supone una falta de consideración y un oprobio para las vecinas y tenistas no lo es para los jugadores de tenis? ¿No se ha creado el término modisto a partir del de modista?

Lo mismo ocurre para los ciclistas. Ellas estarán contentas, pero los hombres se sentirán discriminados y un tanto violentados, y deberían ser llamados ciclistos.

Los piragüistos también se sumarán a esta reivindicación, así como los baloncestistos, futbolistos, balonmanistos, waterpolistos, y los manomanistos, kayakistos y motoristos. Y nuestros mejores atletos solicitarán ser reconocidos como deportistos de elite.

De los árbitros no tengo nada que decir. Eso sí, cuando algún plumilla o plumillo quiera buscar sinónimos evitando la cansina reiteración y decida llamarles trencillas, deberá modificar su jerga para ellos y llamarles trencillos. Mismamente habrá periodistos y periodistas deportivos y deportivas.

Pero la lista de modificaciones prevista en el deporte parece interminable. A los medallistos y plusmarquistos habrá que sumarle todos los seguidores de los equipos deportivos. Desde racinguistos a sportinguistos sin olvidar a madridistos y barcelonistos.

Igual para oviedistos y cadistos, o sevillistos, rayistos y valencianistos, pasando por osasunistos, deportivistos, españolistos y celtistos. Y supongo que getafistos.

Y si ellas gustan de ser alonsistas, nadalistas y gasolistas, ellos reivindicarán ser llamados alonsistos, nadalistos y gasolistos.

Y quienes celebren los éxitos de su equipo deberán ser catalogados como juerguistas y juerguistos, que para eso la igualdad debe llegar a todas partes y a todas las condiciones.

Quien quiera que haya visto uno de esos escritos desdoblados con el repelente “ciudadanos y ciudadanas” se habrá apercibido de que esta jeringonza se convierte en un galimatías de complicada lectura y nula comprensibilidad.

Señá Ministra, su cruzada está como usted: muy bonita pero sin cabeza. Póngase usted la miembra donde le corresponde, y déjenos a los ciudadanos (todos y todas) con nuestro lenguaje milenario, que hasta ahora no nos ha ido mal y nos vamos entendiendo.

Cuando le asalten las calores del sensacionalismo feminista en el lenguaje (hay feministos y antisexistos, por supuesto), párese usted a pensar por qué cuando algo le gusta usted misma dice que eso está “COJONUDO” y cuando le disgusta usted misma dice que eso es un “COÑAZO”.

Eso sí es discriminación sexista y subliminal en el lenguaje. Pero para verlo hay que ser lista y no haberse aído.

Finalizo mí, más que dardo, flechazo amoroso hacia la Ministra, echando un capote al proponente y futurista artículo de mi buen amigo Juan Puñetas: a lo mejor soy pedante sin proponérmelo por la autocita, pero el artículo que aquí rescato viene muy a cuento.

Ahí, señá Ministra zapateril es donde debe usted meter su tijera sexista. Pero me temo que la interrelación e interdisciplinariedad entre Ministerios es tema tabú y utópico a la par, por lo que se va usted a quedar fuera de juego, que es por donde pasa usted el rato (o rata).

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 Calvicies y melenas

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SALGO DEL parón semanasantiego retomando la crítica a la utilización del dinero de todos para solucionar los problemas personales y particulares de deportistas que han gozado de algún relumbrón.

Se parte de una premisa falsa —cual es la representación internacional de su país— para justificar el pago de subsidios a deportistas de cierto prestigio venidos a menos, algunos incluso por su mala cabeza.

En su momento más álgido eran dioses en su deporte. No repararon en que como mortales están sujetos a los mismos padecimientos que el resto de la Humanidad: enfermedades, miserias, desgracias personales, mala suerte… Me viene a la memoria aquella fábula de la cigarra y la hormiga.

Existe filmografía sobre este tipo de casos: la mítica “Juguetes rotos” del genial Manuel Summers, o la obra maestra “Más dura será la caída”, de Mark Robson, y la magistral “El ídolo de barro”, del mismo director. En la bitacorosfera tenemos también un buen trabajo en “Héroes de barro”.

La problemática, pues, no es de ahora. El boxeo se lleva la palma por la abundancia de ejemplos; no en balde ha sido el primer deporte profesional seguido por las masas que se convirtió en negocio organizado.

Lo que no sabía este Espectador es que en España se subsidia a los deportistas caídos en desgracia. Eso sí, no a todos, que aquí también existen las clases: sólo a los medallistas. Lo hemos sabido a raíz de la muerte de Jesús Rollán.

En la magnífica bitácora Vale chumbar ha salido a colación el mismo tema a raíz del conocimiento que se tuvo de la situación por la que pasa el “Cholo” Sotil, que compartiera alineaciones con Johann Cruyff en el Barça de mediados de los setenta.

La cuestión en Perú —y en Sudamérica en general— parecen tenerla clara; allá ellos, es su problema. A mí me preocupa y me molesta que la idea de subsidiar a los deportistas necesitados acabe recalando en España, donde tenemos la mala costumbre de aclamar cualquier medida que venga precedida de cierto populismo.

Pues con mi dinero no quiero que se subsidie a ningún deportista de elite que lo necesite. Y ello por varios motivos de los que argumentaré alguno.

Ya he dicho en múltiples ocasiones que los deportistas no representan a su país, sino a su federación deportiva, a su deporte, y a ellos mismos. A mí sólo me representan las personas que he tenido ocasión de elegir, bien sea directa o indirectamente.

Una federación española es una entidad privada en la que no tengo posibilidad de elegir a su presidente porque el sufragio no es universal, sino restringido a los interesados en formar parte del organigrama federativo. El presidente designa al seleccionador nacional, que a su vez es quien escoge a los deportistas que irán a un campeonato internacional. Entendido el funcionamiento de la pirámide federativa, no es que no me sienta representado por ellos, es que no me representan en absoluto como ciudadano de este país.

El Estado español sí prevé en su ordenamiento jurídico un subsidio para aquellos presidentes de gobierno que estén necesitados y lo soliciten. Pero la responsabilidad y la representación del país que ha ostentado un presidente de gobierno dista años luz de la que ha podido tener un deportista. ¿O es que vamos a parangonarlos ahora?

Hasta donde conozco, no se contempla ningún tipo de subsidio ni para diputados, ni para senadores, ni para diplomáticos. No sé por qué lo ha de haber para deportistas que se creyeron por encima del bien y del mal. Algunos encendían cigarros habanos con billetes de cien dólares, como se cuenta del “Cholo” Sotil. Otros incluso tiraron al público la cantidad de 5.000 dólares en billetes de 20, 50 y 100 dólares, como ha hecho recientemente Floyd Mayweather Jr. en su campaña de promoción de un combate-ficción en el catch americano.

Después de criticar el hecho me voy a dignar proponer una solución, costumbre que he abandonado en esta bitácora haciendo propia la visión de un buen amigo: “las ideas valen dinero”.

Propongo que la propia federación deportiva cuyos intereses defendió el afectado abra una suscripción popular. Seguro que todos los ex-compañeros —los más agraciados que el infortunado— y muchos aficionados se rascan el bolsillo en pago por las alegrías que el ex-campeón les propició en el pasado. Pero nunca recurrir al dinero público para sostener a quien ha dilapidado una fortuna, fuera grande o pequeña (no conozco fortunas pequeñas).

Quien vea acertado que se subsidie con su dinero —vía dinero público— a un deportista de elite, no tendrá reparos en aportar su dinero vía suscripción popular. Lo que no puede exigir es que se utilice mi parte del dinero público cuando el Erario debe ir destinado a acciones de interés general.

Permítanme recordar que no es ético investir de carácter privado el dinero público vía subvenciones, como ocurrió con el viaje de Lissavetzky y señora a Japón con motivo de la final mundial que acabó ganando la selección de la Federación Española de Baloncesto.

Un deportista o una selección no nos representa como país, como tampoco lo hace un cantante en el festival de Eurovisión, quien acude representando a la Corporación RTVE.

¿Por qué a Jesús Rollán sí se le pagaba un costoso tratamiento y —por ejemplo— a Poli Díaz, el “Potro de Vallecas”, no se le paga un tratamiento para rehabilitarlo del submundo marginal en el que parece que se encuentra sumido? Aquí, o todos calvos o todos melenudos. Y si por mí fuera, todos calvos.

28 de marzo de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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 La mejor tumba es la más sencilla

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EN LAS culturas mediterráneas pesa un fuerte tabú sobre la muerte y los muertos. Está mal visto desearle la muerte a un cabrón, pero se acepta que al ofensor —o al cargante— se le deseen calamidades sin fin. Me dijo en cierta ocasión un buen amigo: “los curas y las monjas no deberían morirse nunca; deberían estar siempre enfermos”.

La sociedad en la que vivimos en esta parte meridional de la Europa más occidental se identifica con el grito de “hay que respetar a los muertos” o se une bajo el más amenazante de “a los muertos ni tocarlos”, logrando así echar tierra no sobre el ataúd del finado, sino sobre su vida por muy tumultuosa que hubiera sido.

Y uno, que se jacta de irreverente —y hasta oficia de ello—, se pregunta que a qué viene tanto interés en callar la verdad, cuando no en amordazarla.

Esconder la verdad, disfrazarla de sofismas y circunloquios, sirve para enterrar los hechos y para ocultar los intereses de quienes sin escrúpulos obtienen un beneficio por haber utilizado en vida al difunto, o por valerse de los muertos, o del propio tabú que existe sobre los difuntos, para transgredir la ley o las normativas existentes.

Cuando muere un deportista enseguida el común se apresta a sepultar con él las miserias que todos los mortales padecemos, elevando al desaparecido a un olimpo en el que nunca hubiera entrado de no ser por el súbito fallecimiento. De repente el muerto era una persona modélica, un dechado de perfecciones tanto en su hogar como con los compañeros.

Con la muerte se difuminan hasta quedar diluidas todo tipo de sospechas sobre turbios asuntos. La condición de cadáver del deportista otorga a su memoria una especie de omni-amnistía.

Insinuar que Antonio Puerta, el sevillista, podría haber estado siendo objeto de un programa de dopaje constituye un crimen de lesa majestad para los forofos/integristas del sevillismo más recalcitrante, que han elevado a un altar a un chaval que no era, ni mucho menos, la octava maravilla futbolera. Y es que en tierras andaluzas las muertes trágicas no se viven como en este Cantábrico mío…

El ambiente que se vivió en la ciudad aquellos días fue tan especialmente truculento que incluso el cura que ofició el funeral se permitió adornarse con la muerte del jugador estando el difunto de cuerpo presente:

El velatorio concluyó con un responso en el que el sacerdote oficiante recordó el ya célebre estribillo del himno del centenario, “sevillista seré hasta la muerte”, para destacar que, para un futbolista, “qué mejor forma de morir que en el terreno de juego”, donde Puerta “daba su vida”.

Y así, el curilla, utilizó al muerto para su lucimiento personal. ¡Hombre!, a mí se me ocurre que la mejor manera de morir para un futbolista es hacerlo de viejo, en la cama, y rodeado de los suyos. Aquí, en el norte, a ningún cura se le hubiera ocurrido semejante disparate porque alguien le hubiera contestado allí mismo que qué mejor manera de morir para un cura que flagelado, clavado y asfixiado en una cruz.

De alguna manera la muerte diferencia a las culturas.

No recuerdo dónde he leído que al futbolista no se le hizo la autopsia (cosa que me cuesta creer). Lo que no me extrañaría es que se hubiera silenciado cualquier dato que hubiera dejado la memoria del deportista a la altura del betún. Si estoy en lo cierto, y dentro de un tiempo llega a descubrirse, nos dirán aquello de “no estaba el horno para bollos”. Si no había nada que ocultar, ¿por qué no se ha despachado este asunto con luz y taquígrafos? (la frase es del periodista José María García).

En lugar de investigar, de esclarecer, de atar cabos y desenmarañar la madeja, en nuestra cultura se prefiere no mencionar las debilidades del finado, aunque con ello se continúen permitiendo situaciones que deberían ponerse en conocimiento del juzgado más cercano.

Hace ahora dos años murió Jesús Rollán —que fuera portero de la selección de waterpolo de la federación española de natación—. Se apuntó en primera instancia el suicidio como causa de la muerte, pero acto seguido se corrió un velo quizá por los motivos explicados en el enlace.

En la siguiente noticia se evita mencionar el motivo de la muerte del deportista: «Jesús Rollán, el espíritu del waterpolo español». Pero sí ofrecen un dato recubierto de una pátina de humanidad que desvela el trato de favor y el dinero que nos está costando a todos esta historia del deporte internacional y la supuesta representación del país que hacen los deportistas de elite.

Desde el pasado octubre, debido a problemas personales, como la separación de su mujer, seguía un costoso tratamiento (Tutoría de Deportistas) sufragado por el Comité Olímpico Español, al que accedió tras solicitar ayuda al presidente del COE. “Manel Estiarte, Chiqui Sans y yo hablamos de ver la manera de ayudarle”, declaró Rafael Blanco, director general del Consejo Superior de Deportes (CSD) y ex presidente de la federación española de natación.

[ [ Evite el lector confundir en una primera lectura a Rafael Blanco, director general del CSD, con Alejandro Blanco, presidente del COE ] ]

No entiendo cómo es posible que haya un fondo de reptiles destinado a ayudar en su vida personal a los deportistas de elite una vez que abandonan su etapa deportiva. No existe para ningún otro sector de la población una dotación de dinero público destinada a tal fin (las pensiones por jubilación no son un fondo oculto).

Nos salen muy caras las medallas olímpicas. Medallas que no elevan a España en ningún foro internacional, y que poseen un valor efímero salvo para quienes las consiguen. Una cosa es que existan becas y ayudas a los deportistas para ultimar su preparación, y otra muy distinta que se confunda al gobierno con una ONG.

Si la especificidad del deporte supone que el deporte de elite no debe ser intervenido por los Estados —doctrina con la que estoy de acuerdo—, se debe mantener ese criterio y no beneficiar a personas concretas con el dinero de los impuestos que todos pagamos.

El que sólo unos españoles puedan acudir a centros privados para aliviar sus dolencias con buena parte del dinero con el que contribuimos a la marcha del Estado me parece de un exclusivismo irritante y criticable. Cuando un trabajador español se encuentra enfermo, sea física o mentalmente, acude a la Seguridad Social que sufragamos entre todos.

Jesús Rollán estaba siendo beneficiario de un costoso tratamiento gracias al dinero de los contribuyentes, quienes a pesar de pagarlo no tienen acceso a clínicas privadas ni a tratamientos avanzados. Sus problemas personales estaban siendo costeados por el Erario público a través del COE, organismo privado que percibe del Estado pingües subvenciones (relean con calma la última frase del texto extractado).

Me parece una grandísima falta de solidaridad para con quienes quizá no se hayan dejado la piel en la cancha de juego pero sí se dejan la salud trabajando por la noche o madrugando a horas intempestivas, prestando sus servicios en fábricas o en minas insalubres, subiéndose a andamios o conduciendo maquinarias en las heladas mañanas del invierno, y cargando y desplazando pesos que les dejan los músculos tan machacados como a estos sibaritas del deporte de elite.

Sé que los muertos no hablan, pero yo no voy a dejar de hablar de los muertos por el mero hecho de que estén muertos. Máxime si con su muerte se pueden descubrir injusticias con los trabajadores o escándalos de dopaje.

Nota: el título de este artículo es una conocida frase de Platón.

11 de marzo de 2008

“Toda palabra dicha despierta una idea contraria” (Goethe)
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