DESPUÉS DE siete intensos años en los que he llegado escribir dos artículos de fondo o de actualidad por semana siempre versando sobre el deporte y contra la utilización que se hace de él por la mediocre clase política que nos desgobierna y por los medios de comunicación al servicio de intereses espurios, torticeros y crematísticos bajo el más descarnado clientelismo bien hacia esa vulgar clase política bien hacia la nueva casta de poderosos magnates del deporte, El espectador (antes Aguja de Bitácora) hace un alto en el camino.
Me resisto a desaparecer después de tantos años, siendo una de las tres bitácoras (o blogs si lo prefieren) deportivas más antiguas en castellano con publicación real, y habiendo escrito tantas y tantas líneas. Pero me siento cansado de escribir siempre lo mismo. Porque esto del deporte se repite como el ajo y amenaza con hastiar al más valiente.
De hecho tengo algunos artículos aún en la carpeta… El primero sobre el Lissavetzky, que por fin se ha ido dejando al hombrecillo como ministrín del deporte, una persona que cada vez que ha abierto la boca ha subido el pan un duro. Tardes de gloria nos ha de dar el Albert Soler… Ya lo verán.
Pero también estoy cansado de repetir personaje: el más quemante que el hielo la aguja se ha convertido en una entidad propia, una forma de ver el mundo –cáustica e irreverente–, que en su día tuvo su razón de ser; pero el cuerpo me pide algo más de variedad.
Lo mejor será que este viejo marinero pliegue velas y se guarezca del tedio y la apatía en un buen puerto. Ese puerto es un proyecto web que sigue teniendo mucho que ver con el deporte, pero que no quiero vincular a este (quizá odioso) personaje de la aguja. Esa nueva forma de escribir sobre el deporte y de criticar la realidad que nos rodea va colmando mi creatividad por el momento.
Lo más probable es que El espectador vuelva en octubre con nuevo diseño, nuevo CMS y nuevo formato, pero con la misma dirección electrónica. El experimento de cambiar el nombre de la bitácora y luego cambiar el dominio del que colgaba salió bien en su día: una media actual de 600 visitas diarias teniendo en cuenta que el robot spider del Google está baneado aquí y no me indexa –El espectador no existe para Google– no está nada mal para ser artículos de opinión “de los de leer”. (Veremos qué ocurre en estos meses en que no se actualizará el blog, aunque quizá sí escriba en el miniblog de vez en cuando esos cortos “en no más de 50 palabras”).
Quizá me decida a despedir a Lissavetzky con la pedorreta que se merece, pero nada más. Será el último artículo. La idea es que todo el trabajo acuñado en El espectador (y en la Aguja de Bitácora) quede para ser consultado en un subdominio propio. Y comenzar de cero. Pero no puedo prometer nada… dejemos las promesas para los políticos, que viven de ellas… Por cierto, un trabajo obligado en El espectador era criticar los programas deportivos, las líneas generales que los partidos mayoritarios parían para estas elecciones municipales. Pero ni siquiera me interesan ya las elecciones municipales. Allí donde se mire es todo la misma mierda… Y lamento decir esto porque me gustaría decir lo contrario.
Así pues: “esto es to…, esto es to…, esto es todo amigos”, y gracias por haber estado ahí todo este tiempo. En octubre, si hay suerte y ganas, estaré en este dominio pero con una nueva casa digital y con alguna novedad además de las dichas.
Y permitan que esta vez me anticipe a mi consabido mensaje vacacional: POR FAVOR, CONDUZCAN CON PRECAUCIÓN.
La aguja
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(Goethe)
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