A burro muerto, la cebada al rabo

Pues no era ningún équido, sino todo un señor, un caballero que no tenía pelos en la lengua. Como todos saben, ayer ha muerto Luis Aragonés. Y como es costumbre en Expaña, ahora será llevado a los altares por aquellos que le negaron en su día el reconocimiento deportivo que merecía.

Contrasta el agradecimiento del ministro ciego, Wert, don José Ignacio, con la fría y distante nota de prensa que podemos leer en la web de la federación española del balompié:
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Erosión de ideas

En los años ochenta del siglo XX, hace nada para los abueletes, no hace mucho para los que peinamos canas, toda una vida para veinteañeros y ‘categorías inferiores’, corrió como reguero de pólvora la idea de que cualquiera podía dedicarse a esto del deporte con poco esfuerzo. Y crecieron como hongos tras la lluvia los entrenadores de fútbol (aún hoy todavía existen muchos entrenadores de balompié que ofician con el título prestado y la federación sigue mirando para otro lado), y los monitores de gimnasia para amas de casa y abuelas.

Sí que han creado en España una licenciatura para esto que han dado en llamar las ciencias del deporte (que, la verdad sea dicha, el deporte tiene de ciencia sólo lo que la ciencia quiera tener de deporte), pero existe también la vía federativa donde después de pagar un cursillito y organizar algún campeonato, todavía hoy se regalan títulos que habilitan para impartir clases y entrenamientos. Y por supuesto, en un país cargado de derechos, de tabúes y de complejos, existe la vía privada del deporte, donde sólo cuenta el número de afiliados que tenga una franquicia. Quiero decir, sólo cuenta hacer caja.

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Maricona, homosexual, gay…

Hace unas semanas escribí en contra el colectivo de los disminuidos físicos y criticaba entre otras cosas los sucesivos cambios de nombre para definir una misma realidad. Hoy atajaré otro tabú, el tema de la orientación sexual de cada hijo de vecino.

Quiero explicar que en el título he forzado el degradado tratando con la primera definición de acoger también a ambos sexos (por favor, no se me solivianten los del colectivo LGTB ni las feminatas profesionales —las que viven de esto— porque al decir degradado hago alusión a esos fondos de páginas webs en los que se pasa de un color a otro progresivamente; no es bueno estar siempre a la defensiva —para saltar atacando—, y hay que dejar escribir dejándose ir con la lectura que se ha escogido, pues al final puede saltar la sorpresa).

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Me faltan dos defensas

Me da que la imagen de uno de los cuadros que guarda la RFEF en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas —que por cierto, debe ser derribada por completo según sentencia judicial firme— sobre los 5 goles más memorables obtenidos por su selección de millonarios no se corresponde con el momento real del gol.

Vaya por delante que no entiendo de fútbol (ni falta que me hace). Sobre el balompié sé lo que cualquier chiquillo español puede saber: un reglamento primitivo en el que diferencio entre un chut y un pase. Lo del balón dividido ya me coge a contrapié. Y en táctica no es que esté pez, es que me ahogo vilmente, aunque justo es reconocer que el aficionado español no discute de táctica (ni de estrategia tampoco, aunque son legión los técnicos deportivos que no saben explicar la diferencia entre una y otra) sino que sus riñas versan sobre temas tan estúpidos sobre quién es mejor, si un bocata de salchichón o uno de mortadela.

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Las gotas en el vaso

Lo siento pero no me lo creo. Quizá sea que soy escéptico por naturaleza, quizá sea que soy un desconfiado recalcitrante, quizá sea que después de escuchar a Armstrong negar durante años por activa y por pasiva su militancia en las filas de los dopados he perdido por fin mi ingenuidad.

Gunduz Ismayilov fue dopado por su ex novia por despecho.

Esto ha sido la gota que colma el vaso de mi credulidad. Lo siento pero no me lo creo.

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