Viene de la ((semana anterior…)).
LUEGO ESTÁ el cicloturista, el más sano de todos cuantos circulan por las carreteras a lomos de una bicicleta. Ahí les vemos con sus alforjas delanteras, sus alforjas traseras, su mochila a la espalda, su mochila al pecho… a veces con una riñonera ventral (que digo yo que entonces no será riñonera sino “tripera”) y también bultos en los portaequipajes delantero y trasero de su máquina. Y raro es no ver a uno de estos cicloturistas con banderines y pegatinas varias.
Lo que nunca he visto es a uno de estos tragamillas partiendo de parado. Debe de ser todo un espectáculo. ¿Arrancarán como hago yo con mi furgoneta, que aparco siempre en lo alto de una cuesta? ¿O tendrán la paciencia de intentarlo cinco, siete, once veces, antes de coger bolida?
Es de justicia decir que ellos sí utilizan las vías públicas para su cometido original, cual es trasladarse de una población a otra, y que cumplen con las normas de tráfico. Éstos sí que se paran en las retenciones por obras. Pero, ¡menuda judiada tener que volver a echar a rodar!, ¿eh?
Y ahí les dejamos, con su constante y rítmico y cabeceante y acompasado y lento y cansino pedaleo. Y ahora que lo pienso… tampoco he visto a ninguno de estos llegar a ninguna parte. ¿Cómo paran? Tampoco ha de ser tarea fácil.
Sigue… »
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(Goethe)

















