Medias palabras, doble lenguaje

Vuelve El espectador ante a un nuevo panorama internetero. La autopublicación de artículos de opinión y de fondo se complica con la nueva ley recaudatoria que permite a la prensa cobrarnos por citar fragmentos no significativos de sus noticias. Al final las noticias se convierten en bienes intangibles sobre los que existen derechos de autor (o algo similar) cuando desde los orígenes de la prensa los periodistas y sus diarios se sentían congratulados con el mero hecho de que se les citara y reconociera como fuente de información. En nuestra época el vil metal condiciona las leyes, y con mentes febles al frente del gobierno y menguados profesionales en la política con el bolsillo siempre abierto (o la cuenta en Suiza), comprobamos qué fácil es dictar legislación desde los sillones de las corporaciones. Los señores diputados se han convertido en títeres al servicio del partido so pena de ser defenestrados por tener ideas propias, y los partidos son marionetas en manos de las macrocorporaciones. No hace falta tener un hijo o un amigo en el Congreso y aguardar a que medre; con ofrecer dinero y favores se pueden comprar voluntades carentes de dignidad.

Así las cosas, creemos, a la vista de lo leído en Genbeta que los meros enlaces no son objeto de cobro irrenunciable (que tiene bemoles el doble lenguaje: “yo no quería cobrarte, pero la ley dice que es un derecho irrenunciable, así que te lo voy a cobrar de todos modos para que no se lo lleven otros”). Y nosotros, tontos bitacoreros que encima pagamos un dominio anualmente de nuestro bolsillo, enlazamos a los diarios nacionales y regionales llevándoles tráfico en la medida de nuestras posibilidades.

Rascada, pues, estas pulgas que nos tienen a mal traer, entraremos en materia con los últimos acontecimientos vividos en el fútbol español, la muerte de un ultra, que no hincha, futbolero.
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Y el ciclismo también lo reblandece

Terminó el verano. Acabó La Vuelta. Y acabó también el campeonato del mundo de ciclismo en Ponferrada. Lo previsible es que hasta el año que viene desaparezcan de la carretera todos esos aficionados a la bici que dificultan y obstaculizan el tráfico rodado.

Mi crítica no va dirigida a todos los ciclistas que salen a la carretera en los meses de verano; sólo se la dirijo a aquellos que la toman al asalto o/y circulan en pelotón a imagen y semejanza de lo que ven por la tele. Sabido es que la emulación es una característica humana: en un complejo deportivo vemos a barrigudos padres de familia queriendo imitar los chutes y regates de los profesionales de la Champions, pero éstos no suponen un peligro para los demás ciudadanos.
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El fútbol reblandece el cerebro

Para mis lectores más veteranos, los que vienen del viejo blog, el titular no es noticia sino perogrullada. Lo que un servidor no esperaba es que el fútbol ablandara el cerebro de José Mújica, el ejemplar presidente del Uruguay.

Por romper alguna lanza en favor del mandatario podríamos decir que a sus 79 años puede andar algo gagá. También en su haber podemos suponer que previamente a la entrevista que comenta la noticia enlazada arriba estuvo siendo bombardeado por un zoquete analfabeto como Maradona. ¡Qué peligrosa es esta gente que tras haber descubierto el mundo detrás de un balón se creen en posesión de la ciencia infusa omnisciente!
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Cinco a uno

Una manita que le han metido a la selección de millonarios de la federación española del balompié la selección de millonarios de la federación holandesa de fútbol.

A ver si ahora los ciudadanos españoles despiertan del letargo y miran a su alrededor para darse cuenta de los problemas que aquejan a España. Porque España es un país, y un país es algo mucho más importante (aunque sea el nuestro) que un grupito de millonarios en pantaloncitos jugando a la pelota que, dicho sea de paso, no nos representan: no representan a España. Por no representar no representan ni a su federación, que está representada por su presidente como dictan sus estatutos. Y a este país lo representan las personas que hemos tenido ocasión de elegir, les hayamos dado nuestro voto o no.

Un país asolado por la corrupción política de los políticos profesionales. Un país republicano al que han convencido de que un sistema de gobierno que en sí es un oxímoron es el más conveniente. Un país que va a remolque de una Europa que lo ve, lo siente y lo padece como una rémora.

Un país compuesto por ciudadanos embobados que no han reaccionado cuando se ha rescatado a bancos con dinero del pueblo para que después esos bancos desahucien al pueblo mientras Ayuntamientos y gobiernos autónomos, también con dinero público, les hacen casas a los extranjeros forzando a nuestros hijos a convertirse en autónomos en países que los ven y los tratan como extranjeros.

Con un poco de suerte los chilenos nos harán el favor de devolver el país a su realidad más cruda, la del día a día sin la ilusión de que un grupo de millonarios, encabezados por un marqués, se hagan más millonarios aún. Los de Mediaset apoyan a la roja con eslóganes y otras martingalas digitales, cosa que no es de extrañar porque si los millonarios españoles se volvieran para casa tras los tres primeros partidos lo más probable es que algunos de los comentaristas vuelvan en el avión con ellos.

Es cuestión de dinero, simplemente. Yo soy español, español, porque lo dice mi DNI y porque pago mis impuestos en este país, y por eso me interesa que funcione. Los millonarios de la roja, que cobraron las primas del mundial 2010 en Sudáfrica porque allí pagaban menos impuestos, también son españoles… supongo que porque lo dice su DNI ya que no todos nacieron aquí. Hasta en las selecciones nacionales, cuando interesa, se le abre la puerta a un extranjero y se deja a un español viejo en casa. Es simplemente cuestión de dinero, no de sentimientos patrióticos.

Estadios: ruidódromos

Esta sociedad, además de generar muchos otros residuos, genera ingentes cantidades de ruido. El silencio está devaluado, denostado, y hasta es de mal gusto. Quizá sea porque la capacidad para generar ruido da poder, un poder inabordable y cruel sobre quienes nos rodean. No hay más que darle un tamborcito a un niño pequeño y en cuanto descubra que el infernal juguete desquicia a los padres no dejará de aporrear las baquetas contra el plástico que hace de parche. El niño se sentirá superior a sus mayores, y la gracieta del tío que trajo el puñetero regalo a buen seguro acaba con dos azotes en las posaderas del infante.

Hacer ruido nos da poder. Puedo evitar que alguien entre en mi casa. Amén de las leyes que salvaguardan mi domicilio, puedo poner puertas con cerraduras y ventanas con fallebas. Nadie podrá entrar en mi casa si no es violentando mi vivienda. Incluso puedo evitar que mires lo que tengo dentro. No tengo más que poner unas cortinas o bajar las persianas y no podrás ver el interior. Pero el ruido… El ruido es otra cosa. Cualquier nini (de esos que ni estudian ni trabajan ni se esperan que hagan algo) puede ponerse debajo de mi ventana con las ventanillas del coche abiertas y la radio a todo volumen, y no tengo manera de evitar que el ruido penetre en mi domicilio y me moleste.
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